Entrevista
Guido Süller cargó duramente contra los hijos de Ricardo Fort
“Ellos están paseando por Estados Unidos mientras que hay una persona en un cajón”, disparó. La ex pareja de Ricardo reflexionó sobre el comportamiento de sus hijos con Gustavo Martínez, quien los crio. También, habló de su salud y de la intencionalidad que hubo detrás del accidente que sufrió en enero.

Por Noelia Santone
Por Noelia Santone
Más de cuarenta años en el espectáculo hacen que las palabras de Guido Süller tengan cierto peso propio. Artista y mediático, atravesó un difícil problema en su vista -que requiere de una cirugía más- y superó un accidente de tránsito en la Ruta 9, en los últimos meses.
Abocado a la decoración de su nueva e imponente mansión en Pilar, analizó -sin filtro y con crudeza- el accionar de Marta y Felipe Fort, hijos de su ex pareja, Ricardo, tras la muerte de Gustavo Martínez, mientras prepara un nuevo desafío empresarial, alejado de su hermana, Silvia.
“Debido al éxito que tiene mi nueva casa y las repercusiones que generó, sumado a mi paso por el reality «El gran premio de la cocina», tengo en mente hacer invitaciones exclusivas de cuatro o cinco personas, que vengan a cenar a mi famosa mansión. Y el anfitrión y chef voy a ser yo», aseguró.
- ¿Cómo planeás esas noches?
Los voy a recibir, dar de comer y pasarán una noche inolvidable. Ahora estoy terminando el lugar donde recibiría a la gente, que es la cocina-comedor diario, que tiene mobiliario estilo cincuenta y sesenta mezclados con minimalismo. Y seguiré con mis presencias y monólogos en el interior, y mis participaciones en tevé, que soy el eterno entrevistado. No sé si hay alguien en la Argentina que hayan entrevistado más que a mí.
–¿El público es tu verdadero refugio?
–Con mis padres fallecidos y al estar alejado de mis hermanos, yo tengo el cariño de la gente. Por eso, de noche, leo los mensajes privados que me deja la gente en mis redes sociales.
– ¿Cómo es la casa que te hiciste auto-construir?
–Mi idea rectora era un cubo de agua, así arrancó en mi cabecita esta aventura de diseñar. Pero mi primer proyecto fue demasiado ambicioso y no lo pude concretar por cuestiones económicas. La gente piensa que yo soy millonario, pero no, soy jubilado y siempre fui empleado de aerolíneas. Igual, lo que logré es muy lindo. Mi lugar favorito es la cocina porque me gusta cocinar y porque cada vez tengo más ideas. Pero, además paso la mitad de vida en el sur, por eso a veces no contesto el teléfono.
-Se dijo que tu casa anterior la dejaste “destruida”…
–Me hablo con el matrimonio de gente mayor que me compró la casa. Son encantadores los dos. Incluso, les vendía parte del mobiliario. La casa la entregué en perfectas condiciones, incluso la vegetación. Hasta contraté personal de limpieza para que la dejen linda y limpia por todos lados.
-Fuiste pareja de Ricardo Fort y amigo de Gustavo Martínez. ¿Qué reflexión hacés del “frío” comportamiento de los hijos de Ricky?
–La frase sería ´cría cuervos y te comerán los ojos´. Yo estoy súper indignado porque ellos están paseando por Estados Unidos mientras que hay una persona en un cajón, en el cementerio. La persona que les dio la vida entera, porque no hacía otra cosa más que cuidarlos. Lo que dijo Felipe (que Fort lo iba a esperar con los brazos cerrados) es una barrabasada. Qué me importa la edad que tenga este pibe. Él los amaba, pero no recibía la misma cantidad de amor que les daba. Es más, ya les parecía una molestia. Un viejo enfermo que se querían sacar de encima como si fuese un empleado.
-Por otro lado, me parece tremenda irresponsabilidad de Ricardo la de dejarle el cuidado de los chicos, teniendo en cuenta la familia a la que pertenecen, que son como los Kennedy de Argentina. Gustavo era un muchacho de barrio, débil, no iba a poder contra los Fort. Creo que casi nadie puede contra los Fort. Yo tenía preparado para Marta y Felipe -cuando ellos cumplan 19, el año que viene- darle todas mis cosas que pertenecían a mi relación con Ricardo. ¿Por qué? Porque Ricardo tenía 19 cuando yo lo conocí…
– ¿Y cambiaste de opinión?
-Quería entregarles ese baulcito de recuerdos con cartas y cosas, y juntarme con ellos para contarles cómo era Ricardo a esa edad. No sólo me dijeron que me meta las cosas en el traste, sino que, además, no les importa absolutamente nada. Son tan fríos que ni sentimientos por Ricardo tienen.
–¿Cómo está tu salud después de una difícil cirugía en los ojos y de un accidente de auto que casi te cuesta la vida?
–Veía deformada la realidad, a las personas dobles o cosas donde no había, jugarretas de la vista que generó la enfermedad Membrana Epiretinal. La operación del derecho ya está, y me falta la del izquierdo, pero la voy a dejar para el año que viene porque el posoperatorio es muy largo. Me quedé sin visión, porque al ojo lo inflaron con gas. Entonces, empecé un 2022 bastante mal, porque seguido a eso tuve un accidente automovilístico, que nada tuvo que ver el tema de la vista, porque yo tenía el alta. Dicen que el accidente fue a propósito; espero que no haya alguien que me quiera matar. Como me chocaron la rueda trasera izquierda y me hicieron girar en descontrol hasta que salió la rueda izquierda de adelante, me dijeron que fue provocado. Era un accidente para morir, porque donde quedó el auto, en la Ruta 9, kilómetro 42, pasa un camión con acoplado detrás del otro.
– ¿Por qué no tenés relación con Silvia ni ninguno de tus hermanos?
–No tengo relación con ninguno porque me hicieron mucho daño; pienso que la vida pasa, ya soy un hombre grande y me merezco un poco de felicidad. Entonces, todo lo que es toxicidad y oscuridad, trato de sacarlo. Antes, me llenaban de culpa y vivía tratando de ayudar a mi hermana Silvia, por ejemplo. Y ahora no, pienso que primero estoy yo. Siempre fui segundo en la vida y ahora quiero ser primero para mi, en los años que me queden de vida.
Cultura
Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”
La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.
Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari
La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.
Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?
«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»
En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?
«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.
El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.
Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»
Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?
«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?
«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.
Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»
¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?
«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.
Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?
«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»
El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?
«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»
La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?
«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.
Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?
«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.
El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»
¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?
«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»
Una última noche en Olavarría…
«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».
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