Espectáculos 🎭
Mario Pergolini le respondió a Alfa: “Es cierto que vendí tiempo compartido”
«Vendí tiempo compartido en una empresa. Yo estaba en esa época en Radio Continental. A los 16 ya trabajaba en radio, pero no me alcanzaba para vivir y vendí tiempo compartido», admitió.
Mario Pergolini reveló que trabajó con Walter Santiago, Alfa de Gran Hermano, vendiendo tiempo compartido. “Preguntale. Nos matábamos de risa, no hacíamos nada”, le dijo a un sitio. El conductor lo admitó en su programa Maldición, va a ser un día hermoso, emitido por Vorterix.
«Estaba en mi casa el fin de semana y viene Matías, mi hijo, y me dice ‘¿vos conocés a Alfa?’”, contó el conductor, quien aún recuerda sus comienzos y el trabajo que habría compartido con el concursante de Gran Hermano: “Vendí tiempo compartido en una empresa. Yo estaba en esa época en Radio Continental. A los 16 ya trabajaba en radio, pero no me alcanzaba para vivir y vendí tiempo compartido. Trabajé ahí en la época que dice Alfa”.
“No me acuerdo ni de compañeros del colegio, para que te des una idea. La verdad es que no sé quién sos, te pido mil disculpas, es un problema cerebral”, siguió Pergolini, que se justificó porque no recuerda exactamente quiénes eran sus compañeros en aquel trabajo que realizó cuando era muy joven: “Ni me acordaba que había vendido tiempo compartido, si este señor no lo sacaba adelante… no estaba en mi cabeza, incluso da la dirección donde fue y era ahí”.
Pergolini recuerda: “Tenía un jefe, y un día cuando estoy armando un programa y me falta uno para armar, me dice ‘yo tengo un pibe que se va a recibir en el politécnico, el de periodismo, es muy bueno, sabe mucho de música’ y le expliqué que yo quería hacer un programa de música y me presenta a Ari Paluch. Y yo empiezo a trabajar con Ari porque él que era jefe mío en ese lugar me lo presenta, y yo quería irme de Radio Belgrano donde estaba para hacer algo más mío. Y con él grabamos el primer piloto”.La respuesta de Mario Pergolini a Alfa de Gran Hermano.
Espectáculos 🎭
“Somos marca país en teatro, cine y televisión”: Belloso y Guinzburg protagonizan “Casual”, una comedia “bien argenta”
Los actores encabezan “Casual”, una comedia que pone en escena la intimidad en tiempos de sobreexposición. En diálogo, cuentan su vínculo con las redes sociales, el límite de su privacidad y reflexionan sobre el clima cultural actual, reclamando más fuentes de trabajo y espacios para la ficción.
Hay una pregunta que atraviesa toda “Casual”: ¿Qué pasa cuando la intimidad deja de ser privada y se convierte en material público, revisable, intervenible? Sobre esto y mucho más responden Carlos Belloso y Malena Guinzburg, en exclusiva para El Argentino.
Acompañados por un gran elenco –Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich-, la obra, escrita por Federico Viescas -ganadora del Concurso Contar 2025- y dirigida por Pablo Fábregas, se presenta de miércoles a domingos en el Multiteatro.

La pieza parte de un hecho disparador tan cotidiano como inquietante: una mujer cae en coma tras un accidente y sus amigos deciden revisar su celular para entender qué ocurrió. Lo que encuentran no solo abre una investigación incómoda, sino una vida paralela que nadie esperaba.
“La intimidad puesta en juego, porque el celular sos vos”, resume Belloso, que sintetiza así el corazón de la obra. “Si yo miro tu celular, sé todo lo que pensás, todo lo que consumís”, agrega, marcando cómo la tecnología reorganiza incluso la forma en la que leemos a los otros.
En esa misma línea, Malena Guinzburg lleva la pregunta hacia el terreno de los vínculos: “¿Cuánto conocés realmente a tus amigos? ¿Cuánto puede haber una vida oculta detrás?”.
La obra avanza entre el humor y la incomodidad, y expone un punto sensible: la curiosidad como motor, pero también como límite ético. “¿Cómo es posible hacer un trío de a dos? Solo respuestas incorrectas”, bromea el material, sin abandonar del todo el tono filoso.
Una comedia “bien argenta”
Más allá del disparador, ambos coinciden en algo: la identidad local es parte del ADN de la obra.
“Es recontra así, con personajes que algún vecino conocés”, dice Guinzburg. “Una médica sobrepasada, alguien que te quiere vender todo el tiempo algo… me parece re lindo hacer una obra así, nada mejor que hacerla acá”, agrega.
Belloso suma una diferencia clave con el teatro extranjero y su adaptación: “Lo que pasa con una obra argentina que te identifica es lo que a veces no te da la comedia extranjera”, explica. “Tenés que adaptar un idioma original a un castellano neutro y después inventar gags. Acá tenemos al autor cerca, podemos preguntarle qué decir”.
Redes, exposición y el límite de la privacidad
Si la obra gira en torno a lo privado expuesto, la conversación inevitablemente se traslada a las redes sociales y la vida cotidiana.
Guinzburg reconoce la tensión entre exposición y control: “Uno muestra un montón. Mis seguidores conocen a mi perro, cosas que antes no se veían”. Pero también advierte: “Hay una intimidad que uno cree manejar, pero está toda en este aparato. Hoy confiamos mucho en esto”.
Y agrega una contradicción contemporánea: “A veces no podés ni pagar si no tenés una app. Para vender entradas tenés que hacer un posteo”.
Belloso, en cambio, traza un límite más estricto: “Yo uso Instagram para mis personajes. No subo cosas de mi familia. Me gusta mantener la magia del actor”. Y lo explica en términos de construcción artística: “Si mostrás demasiado, después en escena tenés que hacer lo mismo que hiciste en redes”.
Ficción, trabajo y un diagnóstico del presente: “Inexplicable”
El recorrido desemboca en un tema más amplio: la crisis de la ficción y el lugar de la industria cultural en la actualidad.
Belloso no esquiva la lectura estructural: “La televisión de aire tiene que volver”, plantea. “No toda la gente tiene plata para las plataformas. Si no se pasa por televisión abierta, no lo ve nadie”. Y profundiza: “Hay que habilitar más fuentes de trabajo. Hoy la ficción está apagada. Las plataformas ayudan, pero más a ellas que a nosotros”.
En ese punto, aparece también la mirada generacional y afectiva de Malena, cruzada por la figura de Jorge Guinzburg: “Mi viejo siempre fue un gran hacedor de dar laburo y de generar cosas”, dice. Y frente al presente, coincide: “Coincido plenamente”.
El cierre de Belloso funciona casi como síntesis de diagnóstico y pertenencia cultural: “Somos marca país en teatro, cine y televisión”. Pero enseguida aparece el contraste: “La televisión latinoamericana veía mucho nuestros programas. Y ahora no tenemos nada. Inexplicable”.
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