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EEUU retiró 13,4 toneladas de carne argentina de su mercado por un error administrativo, no sanitario

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ordenó el retiro de un cargamento de carne vacuna argentina distribuido antes de completar la reinspección obligatoria de importación. La Secretaría de Agricultura aclaró que no hubo fallas sanitarias ni de calidad, y que el comercio bilateral continúa con normalidad. El episodio ocurre en el marco de un salto exportador histórico: en el primer semestre de 2026, Argentina colocó más de 411.000 toneladas en el exterior y generó divisas por 2.202 millones de dólares.

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EEUU retiró carne argentina por un error administrativo del importador, no por problemas sanitarios.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) dispuso el retiro obligatorio de 13,4 toneladas de carne vacuna argentina que fueron distribuidas comercialmente en los estados de Florida y Texas antes de completar uno de los controles que la legislación estadounidense exige para los productos cárnicos importados. La medida fue informada el 11 de agosto, aunque recién el 13 de agosto la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca emitió un comunicado oficial para aclarar el alcance del episodio y despejar cualquier interpretación que lo vinculara con deficiencias sanitarias del producto.

Según confirmó el organismo nacional, la decisión del USDA no estuvo relacionada con problemas de inocuidad, contaminación ni calidad de la mercadería, sino con un incumplimiento de carácter estrictamente administrativo: la carne ingresó al circuito comercial sin haber pasado por la reinspección obligatoria de importación que realiza el Food Safety and Inspection Service (FSIS) del USDA, un procedimiento que incluye verificación de documentación, etiquetado y condiciones del empaque, y que en ciertos casos puede incorporar muestreos para detectar posibles contaminantes.

El importador reconoció el error

La empresa importadora involucrada emitió una carta en la que explicó las circunstancias del incidente y reconoció que el retiro se originó en un error administrativo ocurrido en Estados Unidos, sin vinculación con el frigorífico exportador argentino ni con los controles sanitarios realizados en origen. La comunicación fue además remitida al Meat Import Council of America (MICA), entidad que nuclea a los actores del mercado importador de carnes en ese país, con el propósito de informar a sus miembros y precisar el alcance real de la medida. El Gobierno argentino subrayó que las exportaciones de carne vacuna hacia Estados Unidos continúan desarrollándose con normalidad y que el episodio no abre ningún interrogante sobre la habilitación del establecimiento exportador involucrado.

Lo que el episodio pone en evidencia, más allá de la resolución administrativa, es la complejidad operativa de un mercado que Argentina prácticamente no existía hace dos años y en el que hoy mueve volúmenes de magnitud. El incumplimiento del proceso de reinspección, sea por desconocimiento del procedimiento local o por una decisión de acelerar la distribución, revela los riesgos propios de la vertiginosa expansión exportadora hacia un destino con regulaciones sanitarias y comerciales propias, distintas a las exigidas en China o la Unión Europea.

El acuerdo Trump-Milei y el salto exportador que encarece el asado

El retiro del cargamento ocurre en un contexto que el Gobierno libertario presenta como un éxito de política exterior: la alianza con la administración de Donald Trump, que en febrero de 2026 amplió el cupo de importación de carne vacuna argentina de 20.000 a 100.000 toneladas métricas, bajo la autoridad de la sección 404 de la Ley de los Acuerdos de la Ronda Uruguay. La decisión fue firmada personalmente por Trump, quien en el documento precisó que las 80.000 toneladas adicionales se asignaban en su totalidad a la Argentina, distribuidas en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas cada uno.

La ampliación respondió a un problema interno del mercado ganadero estadounidense: el rodeo del país del Norte atraviesa un ciclo de escasez pronunciada, costos elevados y presión sobre los precios de la carne molida, que alcanzaron valores récord. En ese contexto, la carne argentina emergió como una alternativa de volumen y precio para abastecer la demanda. El resultado fue un salto exportador de proporciones históricas: según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, entre enero y junio de 2026 Argentina exportó 411.705 toneladas equivalentes res con hueso, un 10% más que en el mismo período de 2025, con ingresos que treparon a 2.202 millones de dólares, una suba interanual del 44,7%.

Solo en el tramo correspondiente a Estados Unidos, entre enero y junio el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC) registró envíos de 55.506 toneladas, casi tres veces el volumen del mismo período de 2025, cuando habían sido 19.443 toneladas. Los ingresos por exportaciones al mercado norteamericano acumularon 448 millones de dólares en el primer semestre, un 243% más que un año antes.

Lo que el discurso oficial omite sistemáticamente en cada anuncio de récord exportador es la otra cara de la ecuación: el kilo de asado aumentó un 54% entre junio de 2025 y junio de 2026, y el cuadril lo hizo en un 53%, según datos del sector. El precio promedio de la tonelada exportada trepó un 31,5% interanual, hasta los 5.349 dólares. La dinámica es conocida: a mayor precio internacional y mayor demanda externa, mayor presión sobre el mercado interno. La carne argentina se vende cada vez más al mundo y cada vez menos al trabajador argentino, que la fue reemplazando en su mesa por el pollo y el cerdo, proteínas más accesibles en un contexto de ajuste permanente.

El consultor ganadero Víctor Tonelli resumió el fenómeno con precisión: en 2026 el valor promedio exportado llegó a 7.780 dólares por tonelada, un 29% más que en 2025 y un 78% por encima de los datos de 2024. El salto en los precios internacionales, celebrado por la cadena frigorífica y por el Gobierno como un logro de apertura comercial, es también el mecanismo por el cual la proteína más arraigada en la identidad culinaria argentina se vuelve un lujo para millones de hogares.

Un negocio en expansión con tensiones sin resolver

El episodio del retiro por parte del USDA no compromete, al menos por ahora, la continuidad del flujo exportador. Pero sí expone una tensión estructural que el entusiasmo oficial por los números récord tiende a eclipsar: el modelo de expansión exportadora que promueve el Gobierno de Milei no incluye ningún mecanismo de protección del consumo interno. No hay cupos de abastecimiento, no hay acuerdos de precios, no hay política activa de soberanía alimentaria. La Secretaría de Agricultura informa records de divisas; el INDEC registra caída en el consumo per cápita de carne vacuna. Ambas noticias conviven sin contradicción aparente en el discurso libertario, que celebra la primera y naturaliza la segunda como resultado inevitable del libre mercado.

La ampliación del cupo negociada entre Milei y Trump tampoco fue gratuita en términos políticos. Forma parte de una relación bilateral en la que Argentina ha comprometido alineamiento en foros internacionales, respaldo a posiciones de Washington en organismos multilaterales y un perfil de socio confiable para los intereses del capital norteamericano en la región. La carne argentina llega a las góndolas de Florida y Texas; en qué condiciones llega a la mesa de los trabajadores argentinos es una pregunta que la política exportadora del Gobierno prefiere no responder.

Puntos clave

  • El USDA retiró 13,4 toneladas de carne argentina en Florida y Texas por distribución previa a la reinspección obligatoria, sin fallas sanitarias ni de calidad.
  • La empresa importadora reconoció un error administrativo ocurrido en Estados Unidos, sin vinculación con el frigorífico exportador.
  • En el primer semestre de 2026, Argentina exportó 411.705 toneladas de carne vacuna por 2.202 millones de dólares, un 44,7% más que en 2025.
  • El cupo para EE.UU. se amplió de 20.000 a 100.000 toneladas por decisión de Donald Trump en febrero de 2026, en el marco de la alianza con Milei.
  • El kilo de asado aumentó un 54% interanual, mientras el consumo interno de carne vacuna cae por el ajuste sobre los ingresos de los hogares.

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El INDEC confirmó que la inflación de julio fue del 2,1% y el acumulado del año trepó al 19,3%

El Índice de Precios al Consumidor registró en julio una suba del 2,1% respecto de junio, confirmada por el INDEC este jueves. El dato frena el proceso de desaceleración que había alcanzado su punto más bajo el mes anterior con el 1,9%, y eleva el acumulado de 2026 al 19,3%, mientras la variación interanual se sostiene por encima del 33%. Las vacaciones de invierno, los regulados y los alimentos explicaron la reversión del índice.

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó este jueves 13 de agosto el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio de 2026: 2,1% mensual, dos décimas por encima del 1,9% registrado en junio. Con este resultado, el acumulado del año alcanzó el 19,3% y la variación interanual se mantuvo en torno al 33%, un nivel que el Gobierno libertario evita confrontar con sus propias promesas de campaña.

Un freno en el sendero de desaceleración

Junio había sido presentado por el oficialismo como una señal de consolidación del proceso desinflacionario: el 1,9% mensual fue el registro más bajo desde agosto de 2025 y el primero en perforar el piso del 2% en casi un año. Julio interrumpió ese sendero. El IPC volvió a trepar por encima de ese umbral, al compás de una serie de factores estacionales y estructurales que el discurso oficial omite sistemáticamente al trazar su narrativa de «éxito».

Las vacaciones de invierno presionaron con fuerza sobre rubros vinculados al turismo, el alojamiento y la recreación. Los precios estacionales y los servicios regulados también traccionaron al alza, en una dinámica que distintas consultoras privadas habían anticipado en sus relevamientos semanales. La resistencia del índice a ceder por debajo del 2% mensual no es una anomalía circunstancial: es la expresión de una inflación estructural que el ajuste fiscal no resolvió y que el bolsillo de los trabajadores sigue absorbiendo mes a mes.

Alimentos, regulados y turismo: los rubros que empujaron

Según los relevamientos privados previos al dato oficial, los rubros que traccionaron la suba de julio fueron principalmente Recreación y cultura, Restaurantes y hoteles, Educación y Vivienda, todos impulsados por el efecto vacacional de invierno. En ese marco, los pasajes aéreos, los paquetes turísticos y el alojamiento registraron incrementos muy por encima del promedio general.

Los bienes y servicios regulados también presionaron al alza, sosteniendo la inercia tarifaria que el Gobierno ejecutó desde diciembre de 2023 bajo el rótulo de «corrección de precios relativos»: desde entonces, el transporte acumuló cerca de un 900% de aumento y el gas superó el 700%, según datos del IIEP (UBA-CONICET). Alimentos y bebidas, en cambio, subió por debajo del promedio general, favorecido por una baja en las frutas y la estacionalidad de algunos productos frescos.

19,3% acumulado: la canasta que nadie sostiene

Con el dato de julio, los precios acumulan un 19,3% de aumento en lo que va de 2026, sobre una base ya erosionada por los saltos del año anterior. La variación interanual supera el 33%, un número que convive con salarios que, en muchos sectores, no lograron recuperar el terreno perdido desde la devaluación de diciembre de 2023.

La Canasta Básica Total (CBT) y la Canasta Básica Alimentaria (CBA), cuyos valores el INDEC actualiza junto al IPC, reflejan el peso concreto de esta inflación sobre los hogares de menores ingresos: las familias que dependen de salarios mínimos o haberes jubilatorios son las que destinan una proporción mayor de su ingreso a bienes de consumo básico, los mismos que más tardaron en desacelerar y que cualquier shock externo vuelve a empujar hacia arriba.

El contexto que el Gobierno no menciona

Javier Milei prometió durante la campaña una dolarización inmediata y el fin de la inflación. Dos años y ocho meses después, la variación mensual sigue por encima del 2% y el acumulado desde diciembre de 2023 supera el 180%, según datos del propio INDEC. La narrativa oficial insiste en comparar el índice actual con los picos de 2024, cuando en febrero de ese año el IPC llegó al 13,2% mensual. Pero esa comparación omite que la aceleración inicial fue, en gran medida, consecuencia de las propias políticas del Ejecutivo: la devaluación de shock del 118% en diciembre de 2023 y el tarifazo que siguió.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaba para julio un 2% y anticipaba una desaceleración hacia el 1,8% para agosto y los meses siguientes. El 2,1% oficial supera ese consenso y pone bajo presión las proyecciones de cierre de año, que las consultoras ubican en torno al 30% anual, un número que el Gobierno juzga como «éxito» pero que equivale, en la práctica, a que los precios se tripliquen en tres años.

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