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Energía

La Reserva Estratégica de Petróleo de EEUU cayó a su piso más bajo desde 1983

La Administración de Información Energética (EIA) confirmó que el almacenamiento estratégico de crudo bajó a 298,7 millones de barriles al 7 de agosto, su nivel más bajo en más de cuatro décadas. El vaciamiento responde a un plan autorizado por Donald Trump para liberar 172 millones de barriles en 120 días, con proyecciones que podrían llevar las reservas a un mínimo histórico de 243,4 millones de barriles.

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Mínimo histórico en 43 años: EEUU se queda sin colchón energético mientras Trump libera barriles a ritmo récord.

La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos perforó el umbral de los 300 millones de barriles por primera vez desde enero de 1983. Según el último informe semanal de la EIA, publicado esta semana, el almacenamiento se ubicó en 298,7 millones de barriles al cierre de la semana terminada el 7 de agosto de 2026, consolidando una tendencia de vaciamiento acelerado que no tiene precedentes en la historia reciente del país más consumidor de energía del mundo.

Veinte semanas de descenso consecutivo

El derrumbe no fue abrupto sino sistemático. Desde fines de marzo, las reservas registraron descensos en 20 semanas consecutivas, con una liberación acumulada de 116,7 millones de barriles de crudo durante ese período, según los datos publicados por la EIA. El ritmo de extracción sostenida convierte a esta operación en una de las más agresivas sobre la reserva desde su creación, hace más de cincuenta años.

La Reserva Estratégica de Petróleo fue establecida en diciembre de 1975, en respuesta directa al embargo petrolero árabe de 1973, que expuso la vulnerabilidad energética estadounidense. Desde entonces funcionó como colchón de seguridad ante crisis de suministro. Su capacidad total es de 727 millones de barriles, y entre diciembre de 2009 y julio de 2011 llegó a contener más de 726 millones de barriles, es decir, prácticamente su límite máximo.

El plan Trump: 172 millones de barriles en 120 días

Detrás de este vaciamiento hay una decisión política explícita del presidente Donald Trump. En marzo de 2026, el secretario de Energía, Chris Wright, anunció que Trump autorizó al Departamento de Energía a liberar 172 millones de barriles de las reservas estratégicas en un período de aproximadamente 120 días. La medida, justificada en términos de estabilización del mercado energético y reducción de precios domésticos del combustible, no fue acompañada por un plan claro de reposición.

Las proyecciones son alarmantes. Si el Departamento de Energía implementa en su totalidad el plan de liberación, el almacenamiento podría caer hasta 243,4 millones de barriles, un nivel que no solo sería inédito en décadas sino que comprometería seriamente la capacidad de respuesta de Estados Unidos ante una eventual crisis energética internacional.

La paradoja de un gobierno que habla de seguridad energética

La ironía del momento es difícil de eludir. Trump, que en los últimos meses proclamó que Estados Unidos tiene «control total» sobre el estrecho de Ormuz, describiendo una suerte de «muro de acero» en la geopolítica energética global, ejecuta al mismo tiempo el vaciamiento más pronunciado de sus reservas estratégicas en cuatro décadas. La narrativa de la fortaleza energética choca con los datos concretos: el país que se presenta como árbitro del mercado petrolero mundial tiene hoy sus reservas de emergencia en su nivel más precario desde la primera presidencia de Ronald Reagan.

La reducción de las reservas estratégicas no es un fenómeno exclusivo de la gestión Trump. El proceso de adelgazamiento se aceleró notoriamente en 2022, cuando la administración Biden liberó volúmenes masivos para contener los precios del crudo tras la invasión rusa a Ucrania, que provocó una disrupción severa en los mercados energéticos globales. Sin embargo, lo que distingue al ciclo actual es la velocidad y la magnitud de la liberación, sin que los precios del petróleo justifiquen una emergencia de la escala que la Reserva fue diseñada para enfrentar.

Implicancias geopolíticas y mercados

El vaciamiento de la Reserva Estratégica tiene consecuencias que exceden el plano doméstico. En un contexto de tensiones persistentes en Medio Oriente, rivalidad estratégica con China y presiones sobre el suministro global de hidrocarburos, el margen de maniobra de Washington ante una crisis de suministro se reduce en proporción directa al achicamiento de sus reservas. Los países exportadores de crudo, en particular los miembros de la OPEP+, monitorean de cerca estos movimientos como señal de la capacidad real de respuesta estadounidense.

Paradójicamente, la liberación masiva de reservas podría contribuir a mantener precios bajos del crudo en el corto plazo, algo que beneficia políticamente a Trump de cara a las dinámicas electorales internas. Pero el costo estratégico de dejar las reservas de emergencia en mínimos históricos podría manifestarse en el momento menos conveniente, cuando una crisis real requiera de ese colchón que hoy se dilapida aceleradamente.

Puntos clave

  • La Reserva Estratégica de Petróleo de EE.UU. cayó a 298,7 millones de barriles, su nivel más bajo desde enero de 1983, según la EIA.
  • Las reservas registraron descensos durante 20 semanas consecutivas desde fines de marzo, con una liberación acumulada de 116,7 millones de barriles.
  • Trump autorizó liberar 172 millones de barriles en aproximadamente 120 días; si se concreta en su totalidad, las reservas podrían caer a 243,4 millones de barriles.
  • La capacidad total de la Reserva es de 727 millones de barriles, creada en 1975 tras el embargo petrolero árabe.
  • El vaciamiento se produce mientras Trump proclama el control estratégico de EE.UU. sobre los flujos energéticos globales, en una contradicción que los mercados internacionales ya comienzan a procesar.

Energía

El Senado debate el Súper RIGI con cambios: proveedores nacionales y energía para IA, los puntos en disputa

La jefa del bloque oficialista en el Senado aceptó modificaciones sobre proveedores nacionales y abastecimiento energético para megacentros de datos, en un giro que obliga a una nueva vuelta del proyecto a la Cámara baja. La sesión está prevista para el 10 de septiembre.

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El Argentino Diario-Senado de la Nación.
El Súper RIGI que quiere Milei no será el que se apruebe: las concesiones que el Senado le arrancó al Gobierno.

El proyecto del Súper RIGI, uno de los pilares de la estrategia de atracción de inversiones del gobierno de Javier Milei, ingresó este miércoles a un plenario de comisiones del Senado con dos cambios que el oficialismo se vio obligado a aceptar para destrabar su avance legislativo. La jefa del bloque de La Libertad Avanza en esa cámara, Patricia Bullrich, cedió ante reclamos de la UCR, el PRO y bloques provinciales en dos puntos que el Poder Ejecutivo había intentado sostener sin modificaciones: la protección a la industria nacional y el abastecimiento energético de los grandes centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.

La concesión tiene un costo político evidente. Al aceptar cambios sobre el texto aprobado por la Cámara de Diputados, el proyecto deberá regresar a ese cuerpo, una alternativa que el Gobierno había buscado esquivar con insistencia hasta último momento. La sesión en el Senado está prevista para el 10 de septiembre, fecha en la que también se incluirán otras iniciativas impulsadas por los bloques aliados.

El debate en comisiones y la presión de la UCR y los bloques provinciales

El plenario de las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Economía e Inversiones y Legislación General se reunió desde las 13 horas del miércoles, presididas por Agustín Monteverde (LLA), Martín Goerling Lara (PRO) y Nadia Márquez (LLA) respectivamente. Las negociaciones previas habían dejado en claro que sin modificaciones no habría dictamen favorable.

Uno de los ejes del debate fue el alcance de la obligación de contratar proveedores locales. El texto aprobado por Diputados establece que los planes de inversión deben contemplar un compromiso de contratación de proveedores nacionales equivalente al 20% del monto destinado a ese rubro, condicionado a que exista oferta local en términos de precio y calidad. Los bloques aliados exigieron que esa protección quede circunscripta exclusivamente a bienes producidos en el territorio argentino, cerrando la puerta a que el porcentaje sea cubierto por importaciones reexportadas o intermediadas.

En la reunión de comisión, Diego Leal, presidente del Departamento PyME y Desarrollo Regional de la UIA, fue explícito: «Hoy la industria es un sector transable que compite con el mundo y estamos a favor de una economía abierta, pero de forma inteligente». La frase sintetizó la posición de un sector industrial que ve con recelo un régimen de incentivos que, en su diseño original, podía beneficiar a grandes inversores sin generar encadenamientos productivos internos.

Energía para la IA: quién paga la infraestructura que necesita el capital

El segundo punto de fricción apunta al corazón del modelo de negocios que el Súper RIGI busca atraer: los megacentros de datos para inteligencia artificial. Los bloques provinciales plantearon que los inversores electrointensivos deberán contar con sistemas propios de generación eléctrica, de manera que el aumento de la demanda no recaiga sobre las redes existentes ni sobre el bolsillo de los usuarios residenciales.

La preocupación de los gobernadores no es abstracta. Un megacentro de datos para IA puede consumir en pocas horas la misma energía que miles de hogares durante un mes. Si esa demanda se incorpora a las redes provinciales sin infraestructura adicional, las consecuencias las pagan los vecinos a través de cortes, sobrecargas o tarifas más altas, en un contexto en que, según datos del IIEP (UBA-CONICET), la canasta de servicios y transporte acumula una suba superior al 525% desde diciembre de 2023.

El Gobierno, en cambio, argumentó que imponer esa exigencia resta atractivo al régimen y puede desalentar precisamente las inversiones que el Súper RIGI pretende captar. Es la tensión de fondo de todo el debate: hasta dónde los beneficios extraordinarios que el Estado otorga al gran capital implican también la transferencia de costos al Estado y a la población.

Qué ofrece el régimen a los grandes inversores

El Súper RIGI es una extensión y profundización del RIGI original, orientada a proyectos de mayor escala en sectores como tecnología, inteligencia artificial y minerales críticos. El paquete de incentivos incluye una reducción del Impuesto a las Ganancias al 15%, con amortización acelerada del 60% durante el primer año y del 20% en los dos siguientes; certificados de crédito fiscal para cancelar IVA y contribuciones patronales con alícuota del 10%; deducción de quebrantos sin límite temporal; exención de derechos de importación y exportación; y disponibilidad progresiva de divisas hasta alcanzar el 100% a partir del tercer año.

A esos beneficios se suma una garantía de estabilidad regulatoria que blinda a los inversores frente a cambios en la legislación aplicable durante un período extendido. El régimen es, en síntesis, una cesión de soberanía fiscal y regulatoria en favor del capital extranjero de gran escala, con la promesa de que los derrames hacia la economía local compensarán lo cedido. Una promesa que, en el caso del RIGI original, ya mostró en sus primeros meses de vigencia una brecha considerable entre lo anunciado y lo efectivamente concretado.

El regreso a Diputados y el costo de los acuerdos

Con los cambios que el bloque oficialista aceptó en el Senado, el proyecto deberá retornar a la Cámara de Diputados, donde los legisladores tendrán que resolver si aceptan las modificaciones o insisten en el texto original. Esa vuelta al cuerpo de origen implica un trámite adicional que el Gobierno había intentado evitar y que dilata los plazos para la entrada en vigor del régimen.

El episodio ilustra la fragilidad de la coalición parlamentaria oficialista: LLA no tiene mayoría propia en ninguna de las dos cámaras y depende de alianzas que, como quedó demostrado esta semana, tienen un precio político en términos de concesiones sobre el contenido de las iniciativas. El Gobierno celebrará el avance del dictamen, pero el Súper RIGI que eventualmente se convierta en ley no será exactamente el que salió de la Casa Rosada.

Puntos clave

  • LLA aceptó modificaciones al Súper RIGI para asegurar un dictamen en el Senado, pese al rechazo inicial del Ejecutivo a los cambios.
  • Los bloques aliados exigieron que el 20% de contratación con proveedores locales se limite a bienes producidos en Argentina.
  • Los bloques provinciales requieren que los megacentros de datos para IA cuenten con generación propia de energía, sin impacto sobre las redes existentes.
  • Con las modificaciones aceptadas, el proyecto deberá regresar a la Cámara de Diputados para una nueva instancia de votación.
  • La sesión en el Senado está prevista para el 10 de septiembre; el régimen ofrece, entre otros beneficios, una tasa de Ganancias del 15% y disponibilidad plena de divisas a partir del tercer año.
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