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El abrazo incómodo: PRO y LLA negocian una alianza que ninguno de los dos termina de querer

La Casa Rosada fue sede del primer encuentro formal entre el PRO de Mauricio Macri y La Libertad Avanza, representada por el jefe de Gabinete Diego Santilli y los primos Menem. Sin hablar de candidaturas, las dos fuerzas acordaron reunirse cada 15 días para construir una eventual alianza electoral de cara a la reelección de Javier Milei.

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"Game over" si falla: el PRO le da a LLA su "última chance" para construir juntos el 2027.

La foto costó meses de desplantes, tensiones internas y acusaciones cruzadas, pero finalmente ocurrió: representantes del PRO y de La Libertad Avanza (LLA) se sentaron este jueves en la Casa Rosada para formalizar una mesa de negociación política. El encuentro, impulsado tras un contacto telefónico previo entre Mauricio Macri y Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y principal armadora del espacio libertario, tuvo como resultado la decisión de reunirse cada 15 días, con el objetivo declarado de construir una alianza que pelee por la reelección del presidente.

Los enviados y el escenario del encuentro

Macri no asistió personalmente. En su lugar, encomendó al jefe del bloque de diputados nacionales del PRO, Cristian Ritondo, y al secretario general del espacio, Fernando de Andreis, para participar de la reunión. Del otro lado de la mesa se ubicaron el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y los primos Martín Menem y Eduardo «Lule» Menem, en representación de Karina Milei. Los dirigentes del PRO llegaron a Balcarce 50 pasadas las 10.45, en una misma camioneta, cinco minutos después del arribo de Santilli. Menem ya se encontraba en su despacho del primer piso.

Al término del encuentro, los presentes coincidieron en describir el resultado de manera optimista, aunque sin compromisos concretos. «Fue un buen primer paso para compartir un trabajo en conjunto», sintetizó uno de los interlocutores del PRO consultado por Agencia NA. No se habló de candidaturas ni de acuerdos en distritos puntuales. Sí quedó establecida la dinámica: reunión cada 15 días, con la intención final de consolidar una fuerza común de cara al 2027.

El escepticismo que persiste puertas adentro

La amabilidad de las declaraciones públicas no oculta la desconfianza que persiste al interior del PRO. Antes de la reunión, un funcionario del entorno de Macri fue categórico sobre los antecedentes: «Le bajaría la expectativa. Hay un poco de escepticismo del PRO en todo esto. Estas cosas, históricamente, no terminaron bien con ellos. Desde el apoyo de Ley Bases, reforma laboral, reforma penal, balotaje, Mauricio yendo a comer milanesas con Milei en el peor momento del Gobierno, todo eso no se tradujo en nada, y no hablo de cargos, sino laburo en conjunto.» El mismo recelo fue transmitido por el propio Macri a la conducción de su partido: según trascendidos de la mesa ejecutiva del PRO, el expresidente admitió mantener sus reservas sobre las posibilidades de un acuerdo duradero, aunque remarcó que durante este año el espacio debe «agotar todo intento de que a este gobierno le vaya bien.»

Desde las filas amarillas llegaron incluso a caracterizar este encuentro como «la última chance». «Si no funciona esto ya está. Game over», planteó una fuente partidaria. En ese contexto, la reunión fue calificada desde el PRO como positiva, aunque acotada: «Estamos mejor. Fue una muy buena reunión», resumieron al finalizar.

Hernán Lacunza y la interna que no cierra

En el escenario electoral irrumpió en la previa la figura de Hernán Lacunza, economista del PRO, cuya candidatura comenzó a ganar visibilidad en las últimas semanas. Sin embargo, desde el partido aclararon que se trata de una tendencia interna del espacio que lidera Macri y no de una posición acordada con LLA. «Si Mauricio tuviese dudas no estaríamos acá», respondió uno de los legisladores del PRO al ser consultado sobre el punto, descartando que la candidatura de Lacunza sea un obstáculo para la negociación. También rechazaron que el PRO pierda identidad por competir eventualmente en una boleta de color violeta.

La lógica del «operativo reelección» y lo que queda pendiente

Desde Casa Rosada confirmaron el diálogo telefónico previo entre Karina y Macri y caracterizaron la reunión como «una primera aproximación entre las partes», con la mente puesta en el operativo reelección del presidente. «Está definido del lado nuestro que no vamos a hacer nada para atentar contra el Gobierno. Es un proceso nuevo en la Argentina y siempre estuvimos para acompañar y blindar el cambio», declaró uno de los interlocutores del PRO. Sin embargo, nada de eso equivale a un acuerdo electoral: los equipos acordaron en continuar hablando, lo cual, en la política argentina de los últimos años, no siempre se tradujo en alianzas concretas.

Lo que sí quedó claro es que ambos espacios reconocen que la fragmentación de la derecha y la centroderecha los debilitó electoralmente, y que la construcción de una frente común para 2027 sigue siendo una apuesta estratégica con múltiples incógnitas abiertas: cómo se distribuyen los cargos, quién encabeza las listas, y si el PRO tiene margen para preservar alguna identidad propia dentro de una boleta dominada por el sello libertario.

Puntos clave

  • El PRO y LLA formalizaron una mesa de negociación con reuniones cada 15 días en la Casa Rosada.
  • Mauricio Macri encomendó a Cristian Ritondo y Fernando de Andreis como representantes; Diego Santilli y los primos Menem actuaron por el lado oficialista.
  • No se habló de candidaturas ni de acuerdos en distritos; el objetivo declarado es consolidar una alianza para la reelección de Milei.
  • El propio Macri admitió internamente que mantiene reservas y escepticismo sobre las posibilidades de un acuerdo duradero.
  • La candidatura del economista Hernán Lacunza emergió como variable interna del PRO, aunque el partido la desvinculó de la negociación con LLA.

Elecciones

El PL reconoció el triunfo de Lula pero Bolsonaro quiere anular la elección que perdió por más de 4 millones de votos

El presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, aceptó el resultado oficial, pero pidió explicaciones por las impugnaciones del senador. Lula ganó con el 51,79% y Flávio Bolsonaro anticipa que pedirá anular los comicios, en línea con el historial de su padre, condenado a 27 años por intento de golpe.

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El propio partido de Flávio Bolsonaro reconoció la victoria de Lula da Silva, pero el senador sigue sin aceptar una derrota que las urnas dejaron sin discusión. La carta del Partido Liberal (PL) deja a la ultraderecha brasileña atrapada entre la aceptación institucional del resultado y el libreto de fraude que repite desde hace años.

Valdemar Costa Neto, presidente del PL, difundió este lunes una carta pública en sus redes sociales en la que sostuvo que el partido «reconoce el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral». Lula resultó reelecto en el balotaje del domingo con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, tras una remontada de más de cuatro millones de votos respecto de la primera vuelta del 4 de octubre, en la que el senador había terminado primero.

Un reconocimiento con letra chica

El texto del PL no cierra el conflicto: el partido pidió explicaciones formales sobre las impugnaciones que presentó Flávio Bolsonaro y denunció que el aumento del gasto público y de los beneficios sociales previo a la elección alteró la equidad de la contienda. Según la carta, en la segunda vuelta el resultado fue distinto en un escenario de «medidas fuertemente electoralistas, con impacto económico y social».

Flávio Bolsonaro, por su parte, rechazó la derrota y anticipó que pedirá la anulación de los comicios. Su reclamo se apoya en la decisión del máximo tribunal de extender a último momento el horario de votación, a raíz de una solicitud del oficialismo. En un video difundido en sus redes, el senador prometió «organizar a la oposición» para convertir al Congreso en una «fortaleza contra la barbarie» durante los «cuatro años más de Lula», y denunció un «complejo industrial de noticias falsas» y «abusos de poder político y económico sin precedentes». Es decir, cuestiona el mismo sistema electoral que lo había ubicado primero en la primera vuelta.

El PL, además, destacó su crecimiento parlamentario: logró 121 diputados federales, 29 senadores y seis gobernaciones. Una fuerza con ese peso en las instituciones intenta, al mismo tiempo, deslegitimar la elección que acaba de perder.

El libreto de la ultraderecha brasileña

La desconfianza hacia las urnas no nació este domingo. En 2022, Jair Bolsonaro pasó meses cuestionando la seguridad del sistema electrónico de votación, con acusaciones sin pruebas que ya habían sido refutadas, y tras perder ante Lula en el balotaje guardó silencio sin admitir la derrota. Durante meses se había negado a responder si aceptaría el resultado, y repitió que solo reconocería elecciones que considerara limpias.

Ese desconocimiento del voto popular terminó en violencia. El 8 de enero de 2023, miles de simpatizantes de Bolsonaro tomaron por la fuerza las sedes del Congreso, del Supremo Tribunal Federal y del Palacio del Planalto en Brasilia, con el objetivo de desconocer el triunfo de Lula. La Justicia brasileña concluyó que aquel asalto fue parte de un plan golpista más amplio.

El 11 de septiembre de 2025, la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión, por cuatro votos contra uno, por intento de golpe de Estado, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho y liderazgo de una organización criminal armada, entre otros delitos. Fue la primera vez que un expresidente brasileño recibió una condena por golpismo. El tribunal rechazó luego por unanimidad sus últimos recursos y la pena quedó firme. Además, el Tribunal Superior Electoral lo había declarado inelegible hasta 2030. Hoy cumple arresto domiciliario.

Su hijo hereda la estrategia en un momento delicado: este lunes, además, Flávio denunció que la Justicia le exigió entregar su pasaporte y le prohibió salir del país, en una medida que aún no tuvo confirmación oficial inmediata.

Trump y la sombra de Washington

El conflicto tiene también un capítulo internacional. En 2025, el gobierno de Donald Trump impuso aranceles punitivos a Brasil en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro. Antes de las elecciones, Trump recibió a Flávio en la Casa Blanca y lo elogió en su red Truth Social como «un joven inteligente que ama mucho a su país». Lula, por su parte, le había pedido al mandatario estadounidense que no se meta en las elecciones de Brasil, que son un asunto exclusivo del país.

Tras el balotaje, Trump aseguró que los comicios brasileños estuvieron «amañados», aunque advirtió: «Yo no tomé partido». La denuncia de fraude, según se informó, no estuvo acompañada de pruebas. Lula, en tanto, celebró su triunfo en el búnker del PT en San Pablo con una advertencia: «La gente no permitió que el fascismo gane».

En la región, el presidente argentino Javier Milei, que había respaldado a Flávio Bolsonaro en las redes durante la campaña, fue según se informó el único mandatario sudamericano que no reconoció la reelección de Lula. Mientras el resto de la región acepta el veredicto de las urnas, el bolsonarismo y sus aliados siguen sin hacerlo.

Lo que tenés que saber:

  • El Partido Liberal reconoció el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, aunque exigió explicaciones sobre las impugnaciones de Flávio Bolsonaro.
  • Lula fue reelecto con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro.
  • Flávio rechazó la derrota y pedirá la anulación de los comicios por la extensión del horario de votación.
  • Jair Bolsonaro cumple una condena firme de 27 años y tres meses por intento de golpe de Estado, tras el asalto del 8 de enero de 2023.
  • Trump dijo que las elecciones estuvieron amañadas, mientras Milei, según se informó, no reconoció la reelección de Lula.

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