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Opinión

Genocidio contra los pueblos originarios y la población afrodescendiente en la historia argentina

Una memoria necesaria.

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El-Argentino-Wipalla-Bandera Pueblos Originarios

Por Lois Pérez Leira

La historia oficial argentina, durante gran parte del siglo XIX y XX, se construyó sobre la narrativa del progreso, la civilización y la consolidación territorial. Sin embargo, bajo estos ideales, se llevaron a cabo procesos de exterminio y exclusión sistemáticos que afectaron profundamente a comunidades enteras.

Dos de los casos más silenciados y significativos son el genocidio de los pueblos originarios durante la llamada Conquista del Desierto y el exterminio de la población negra, especialmente durante la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.

El genocidio en la Conquista del Desierto

La Conquista del Desierto (1878-1885) fue una campaña militar liderada por el general Julio Argentino Roca, cuyo objetivo declarado era expandir las fronteras argentinas hacia el sur, incorporando la región pampeana y la Patagonia al control del Estado nacional.

La retórica oficial hablaba de «civilizar el desierto», pero el supuesto «desierto» estaba habitado por diversos pueblos originarios, como los mapuches, tehuelches, ranqueles y pampas.

El avance del ejército argentino significó la masacre, deportación, esclavización y despojo territorial de miles de personas pertenecientes a estas comunidades.

Se calcula que más de 15.000 indígenas fueron asesinados y otros tantos fueron esclavizados o deportados a campos de concentración, como los ubicados en la isla Martín García. Muchos niños y mujeres fueron distribuidos como servidumbre entre las familias porteñas de la élite.

Este proceso no fue simplemente una campaña militar, sino un genocidio sistemático, cuya intención era destruir la presencia indígena para posibilitar la expansión de la frontera agropecuaria y consolidar el modelo económico liberal orientado a la exportación de materias primas.

El discurso civilizatorio de la época, impregnado de racismo y darwinismo social, legitimó estas atrocidades, presentando a los pueblos originarios como «bárbaros» y «salvajes» que debían ser eliminados para el progreso del país.

El genocidio de la población negra en la Guerra de la Triple Alianza

Por otra parte, la desaparición de la población afrodescendiente en Argentina es otro capítulo oscuro y frecuentemente ignorado. Durante el siglo XIX, Buenos Aires contaba con una significativa comunidad negra, que llegó a representar entre el 30% y el 40% de la población urbana a principios del siglo. Sin embargo, hacia fines del siglo XIX, esta población había prácticamente desaparecido del registro demográfico.

Las causas fueron múltiples: las condiciones de vida miserables, las epidemias como la fiebre amarilla y, sobre todo, la utilización sistemática de los afrodescendientes como carne de cañón en los conflictos armados. La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), donde Argentina, Brasil y Uruguay se enfrentaron contra Paraguay, fue clave en este proceso.

Los afrodescendientes fueron enrolados forzosamente y enviados al frente de batalla, donde sufrieron las peores condiciones y una tasa de mortalidad extremadamente alta. Esta práctica funcionó como una política de exterminio silenciosa. La guerra, además, coincidió con el abandono sistemático de la población afro por parte del Estado y su progresiva exclusión de los relatos nacionales.

A diferencia del caso brasileño, donde la población afrodescendiente sigue teniendo una fuerte presencia cultural y demográfica, en Argentina la invisibilización fue casi total. El mito de la Argentina blanca y europea no sólo se consolidó por la inmigración masiva, sino por la eliminación física y simbólica de las poblaciones indígenas y afrodescendientes.

Afrodescendientes destacados en la lucha por la independencia

La participación de los afrodescendientes fue fundamental en las guerras por la independencia, aunque esta contribución ha sido ampliamente omitida de la narrativa oficial. Muchos de ellos no solo fueron soldados, sino también líderes, mártires y figuras destacadas en la lucha por la emancipación.

Algunos nombres importantes son:

María Remedios del Valle: Conocida como «la Madre de la Patria», fue una mujer afrodescendiente que participó activamente como auxiliar, combatiente y enfermera en las campañas del Ejército del Norte. Fue reconocida por el propio Belgrano por su valentía. Sufrió cautiverio, tortura y pobreza extrema tras la guerra. Recién en 1827 se le otorgó una pensión por sus servicios, aunque su historia fue durante mucho tiempo invisibilizada.

Antonio Ruiz, «el Negro Falucho»: Soldado afrodescendiente que, según la tradición, murió defendiendo la bandera argentina en el fuerte del Callao (Perú) en 1824. Su figura fue rescatada por Bartolomé Mitre como un símbolo de heroísmo, aunque con tintes paternalistas.

Juan Bautista Cabral: Soldado de origen afrodescendiente o mestizo, célebre por haber salvado al general José de San Martín en el combate de San Lorenzo en 1813, sacrificando su propia vida.

José María Morales: Afroargentino, llegó a ser coronel y participó en las campañas independentistas, las guerras civiles y la resistencia contra las invasiones inglesas. Fue uno de los pocos oficiales negros que alcanzó altos rangos militares.

Domingo Sosa: Otro importante militar afrodescendiente que alcanzó el grado de coronel y participó tanto en la defensa de Buenos Aires como en la Guerra del Paraguay.

La gran mayoría de los soldados rasos del Ejército de los Andes, al mando de San Martín, fueron afrodescendientes, esclavos libertos y criollos pobres. A ellos se les ofrecía la libertad a cambio de enrolarse, pero pocas veces se cumplían las promesas. Estos batallones afro, como el famoso Batallón de Castas, fueron diezmados en los enfrentamientos más cruentos, lo que explica en parte la fuerte caída demográfica de la población negra en el siglo XIX.

Una memoria necesaria

El silenciamiento de estas historias no fue casual. La construcción del mito de la Argentina blanca y europea exigió borrar la memoria de quienes fueron fundamentales para la independencia y el desarrollo del país, pero que no encajaban en la identidad nacional que las élites quisieron imponer.

Hoy, los movimientos afrodescendientes e indígenas reclaman su lugar en la historia, exigiendo que estos genocidios sean reconocidos y que sus contribuciones sean visibilizadas en la educación y la cultura.

Recordar estos hechos no es solo una reparación simbólica, sino una forma de construir una sociedad más justa, plural y con memoria histórica.

Análisis

El Che escribió como Rubén Darío: Marcha Triunfal

Los cuadernos escritos a mano del Che.

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Por Jesús Rivero

Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal. 

Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.

En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.

Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma,  en su cuaderno  en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.

* escritor y activista político

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