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Análisis

Una Argentina porosa

“Sólo somos nosotros los que fracasamos, según la lógica que instala el enemigo”, por Jorge Rachid.

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Por Jorge Rachid

Cuando éramos niños jugábamos a la batalla naval y verificábamos si el buque había sido “tocado” o “hundido”, en cuyo caso el juego terminaba. La Argentina de hoy está escorada, a punto de hundirse en una situación diagnosticada, pero poco analizada políticamente, desde mi punto de vista.

Se la explica desde diferentes miradas, pero esencialmente macro económica, adjudicando la situación actual a las anteriores conducciones, sin explicitar datos, sólo enunciados sin otro contenido que la denigración de lo anterior. Las causas estructurales del deterioro, no tienen profundidad, ni permiten una discusión seria, sólo la estigmatización del “otro”.

Así se concluye que nos va mal por incapacidad de los argentinos de construir una lógica, en especial macro económica que blinde la posibilidad de los cambios que producen los Gobiernos populares. Esa propuesta surge siempre de los mismos sectores, que de espaldas a la realidad social, siguen acumulando ganancias a costa del Pueblo que produce la riqueza.

Ni el llamado “carry trade” de la timba financiera, ni la fuga que produce, ni el saqueo de recursos, ni la acumulación por ajuste, ni la depreciación de la moneda, entran en el análisis de las causas. Como en el siglo XlX se trata sólo de argentinos “vagos y malentretenidos”, porque como describió Mitre acompañado por Sarmiento la “civilización” viene de afuera y la “barbarie” anida en nosotros.

No fueron causas, según el enemigo, ni el Consenso de Washington con la imposición excluyente del Mercado como garante de la democracia, ni los esfuerzos de balcanización colonialista de EEUU a través de sus instrumentos: USAID, DEA, CIA, NSA, AMCHAM, Fundación Libertad, Grupo de Lima, Alianza del Pacífico, ALCA, ni la ofensiva de la lV Flota para evitar el comercio multipolar, ni los condicionamientos del FMI y el Banco Mundial, forman parte del análisis: Sólo somos nosotros los que fracasamos, según la lógica que instala el enemigo.

Hoy tenemos un Gobierno que plantea como determinante el control de la inflación, al costo social que sea, con un ajuste brutal que provoca un dolor social expandido, además de miedos, angustias, incertidumbres crecientes, con una inflación en dólares que no se ve, pero se siente.

Es lo que aprovechan los sectores financieros por un lado y las cadenas formadoras de precios, por el otro, destruyendo empleo e industrias, derrumbando instrumentos del Estado, en Salud Educación y Seguridad Social, como así también la Ciencia y las Tecnologías de punta que la Argentina posee. Un combo perfecto del colonialismo, que nos vacía como Patria.

Al no denunciar estos ejes, existe un fracaso de la dirigencia de todos los sectores patrióticos, que se han permitido actuar, como si ésta coacción no existiese, manejando sus tiempos políticos en el estrecho margen de maniobra permitido por el enemigo colonial. Al haber dejado caer el análisis de las presiones y las causas, las nuevas generaciones de ésta democracia, van naturalizando las situaciones de dependencia, al no encontrar referencias en contrario, que alimenten y renueven su identidad y memoria colectiva.

Es entonces responsabilidad compartida, pero no simétrica, dado que las élites oligárquicas locales, constituyen la vanguardia del colonialismo imperial, trabajando en la cooptación de los instrumentos de la República, como la Corte Suprema, los Legisladores, los Medios y redes de comunicación, encerrando la información al mundo de sus intereses y conformando un espacio símbólico en el conciente colectivo de amor odio.

La decisión de remover las causas estructurales de la dependencia, requieren de una nueva etapa democrática, que se proponga recuperar la soberanía nacional, eje indispensable de construcción de un modelo nacional popular, solidario, biocéntrico, con Justicia Social, latinoamericano, con participación plena del Pueblo, como actor protagonista de la historia, desde el poder instituyente de la Comunidad Organizada con respaldo Constitucional.


*Bibliografía:
Juan Perón, “La Comunidad Organizada”, Ed. Instituto Perón.
Fermín Chávez, “Epistemología de la Periferia”, Ed. Tiza.
Jorge Bergoglio Papa Francisco, “Laudato SI”, Ed. Vaticana

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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