Opinión
¿Atentado encubierto? El caso Jorge Rachid y la amenaza a las voces del pueblo
Por Lois Pérez Leira.
En medio de un clima político cada vez más tenso en Argentina, la reciente hospitalización del dirigente peronista Jorge Rachid tras ser atropellado por una motocicleta en Buenos Aires no puede ser leída como un mero accidente sin contexto.
Rachid, veterano defensor del patrimonio nacional, los derechos sociales y una de las voces más firmes contra el avance del modelo neoliberal, fue embestido en circunstancias que despiertan serias sospechas.
Según diversos analistas políticos, lo ocurrido podría tratarse de algo más que una coincidencia vial. Hay quienes sostienen que se trataría de un mensaje mafioso, un atentado o, en el mejor de los casos, una advertencia directa hacia una figura incómoda para los sectores del poder que hoy buscan acallar la disidencia y acelerar el desguace del Estado y sus conquistas sociales.
Jorge Rachid no es un dirigente cualquiera. Médico sanitarista, militante de décadas y referente del pensamiento nacional, su presencia en medios alternativos y espacios de organización popular ha sido constante, especialmente en tiempos donde se disputa no solo el modelo económico, sino el alma misma del país. Golpear a Rachid es, simbólicamente, golpear a una generación de luchadores que no se rinde.
Es preocupante el silencio de los grandes medios ante este hecho. En lugar de investigarse a fondo las circunstancias del atropello, la noticia se diluye en notas de color o ni siquiera es mencionada. ¿Por qué no se cuestiona la intencionalidad de un hecho que, bajo otras condiciones, estaría siendo portada nacional?
La democracia no se defiende sólo en las urnas. Se defiende protegiendo la vida y la palabra de quienes denuncian, organizan y resisten. Si lo ocurrido a Jorge Rachid fue efectivamente un atentado –y sobran los indicios para considerarlo–, entonces estamos ante una amenaza directa a todos los que creen en un país más justo y soberano.
Hoy, más que nunca, es necesario alzar la voz, exigir una investigación seria y garantizar la seguridad de quienes se atreven a pensar en voz alta.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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