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Opinión

Es momento de repensarnos

El próximo domingo los ciudadanos de Santiago del Estero se convocarán a las urnas para elegir, una vez más, a quienes encabezarán las conducciones de los municipios de la provincia.

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El-Argentino-Caravana del Triunfo-Frente Cívico-Santiago Del Estero
El-Argentino-Ana Sofía Villa

Por Ana Sofía Villa

En la tarde del miércoles 3 de agosto, el cierre de campaña del Frente Cívico se vio envuelto en la tragedia cuando una niña de 8 años, que acompañaba a su madre en una moto durante la llamada “Caravana del Triunfo”, cayó del rodado y fue atropellada por un camión. Falleció en el lugar a causa de las heridas.

El fatal incidente, que causó conmoción en toda la provincia, debería interpretarse también como una invitación a nuestros dirigentes, tanto del oficialismo como la oposición, a repensar ciertas prácticas políticas. Vivimos en la Era de las Comunicaciones, y como tal, contamos con un amplio abanico de herramientas que permiten conectar con un público objetivo, y transmitir los mensajes que se desean transmitir al instante.

El sistema democrático argentino nos convoca al sufragio cada cuatro años. Un tiempo considerable que permite a los mandatarios ejecutar el proyecto que proponen; como así también, le brinda la posibilidad a quienes aspiran a ocupar un lugar en los órganos decisorios a explicar por qué son una alternativa.

En este contexto en donde las herramientas sobran, es inevitable preguntarnos: ¿Cuál es la finalidad de organizar este tipo de manifestaciones en el espacio público que representan un potencial peligro en la vida de las personas? ¿Qué mensaje desean transmitir los dirigentes desde estos lugares? ¿Una caravana ayuda a cambiar la intención de voto en aquellos que aún están indecisos?

Es momento de repensarnos. De repensar la política y reconstruir prácticas de campaña acordes a la sociedad del siglo XXI; que escuche sus reclamos y brinde soluciones a sus demandas. Es momento de alejarnos de ejercicios arcaicos que, lejos de exhibir una fiesta de la democracia, se parece más bien a una guerra de egos.

La otra cara de la Era de las Comunicaciones

Tener un dispositivo inteligente al alcance de la mano, permite inmortalizar instantes que antes sólo se grababan en la retina. Es la mejor arma del periodismo, y faculta a cualquier persona a ser periodista por un día para captar imágenes que luego se convierten en noticia.

El caso de Naiara Herrera, la nena que perdió su vida durante la caravana en Santiago del Estero, no fue ajeno a este fenómeno. Previo a la aparición de la noticia en los principales portales santiagueños, el hecho ya se había convertido en tal debido a la viralización por WhatsApp de las imágenes del accidente, y de los vanos intentos de los transeúntes por reanimar a la pequeña, previo a la llegada de los servicios de emergencia.

Somos pocas las personas que elegimos no ver esos videos que relatan en primera persona aquello que sucedió; pero sobre esto, también es necesario interpelarnos. ¿Qué es aquello que nos impulsa a reproducir y compartir imágenes que representan el dolor inconmensurable de una familia? ¿Por qué alimentamos el morbo?

Es momento de repensarnos. De repensar nuestras prácticas sociales y comenzar a elegir respetar al otro y a nosotros mismos, en lugar de recaer en acciones que nos empobrecen espiritualmente.

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Análisis

La pelota manchada: avatares del juego sucio del Partido Judicial

La columna de Jorge Elbaum.

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El-Argentino-Jorge-Elbaum

Por Jorge Elbaum

Hay muchas maneras de jugar a la pelota. Existe el formato del potrero que se caracteriza por su noción de esquina. En ese deporte, los arcos se disponen con bolsos, con buzos o con zapatillas. Cualquier cosa sirve para imaginar postes verticales que sostendrán travesaños donde se discutirán goles al ángulo.

En ese fulbo de rodillas raspadas con costras y pequeñas hileras de sangre, los goles se suelen teñir de anocheceres y de barrios de luces exiguas. En ese jugo hay decenas de goles porque es un partido sin tiempo preciso de finalización. Quienes participan de los partidos no son jugadores: son hermanos, primos, compañeros o colados insignes.

En esa comarca del tiempo, muchos de nosotrxs aprendimos lo mejor de lo que somos: la amistad, los códigos de solidaridad, la defensa del más débil, el aguante estoico de la derrota, la rebeldía contra los poderosos, la lesión de herida perpetua  y –sobre todo– la admiración por la belleza estilizada e ingrávida de la habilidad psicomotriz.

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El fiscal Luciani junto a su compañero de andanzas, el juez Giménez Uriburu.

Ese fue el origen. Pero después sobrevino otra cosa que hoy cotiza en bolsa. Uno que se juega en perimetrales cerrados con líneas de cal precisas, riego semanal y personal de maestranza. Uno que tiene camisetas estampadas que hacen juego con las medias y los pantalones y que rotulan dobles apellidos en la espalda. Una actividad de esparcimiento que se desarrolla con la  lógica de la racionalidad corporativa, en formato de tasas de interés y en vestuarios con sauna y baño turco.

En esos espacios se congregan –con una cuadrícula medida de espacio plano y parejo–, aquellos que vociferan sus grotescas proezas goleadoras, sus mesas de café con servidumbre, su alegato engolado de caza de brujas. Ahí, en la ruta que va desde la mansión a la entrada del country (siempre con aspiración residencial) se escucha el chillido individual, sin eco colectivo, de un grito ganador desfigurado por una dramatización impostada.

Un esmero por fuera del juego: la comprobación de una experiencia de socialización imbricada con el poder. Una mecánica matricial de ganadores y perdedores. Una búsqueda por someter, humillar y destruir al otro. En síntesis: prácticas extrañas a la pasión lúdica de la reciprocidad, la risa, el compañerismo, el festejo y el abrazo.

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La Liverpool, el equipo del fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu, en Los Abrojos de Macri.

El fiscal Diego Luciani y el juez Rodrigo Giménez Uriburu ejercitan el rol tribunalicio y lúgubre que alguna vez describió Franz Kafka. La sinrazón convertida en lógica de persecución. La burocracia del hostigamiento dispuesto para anular cualquier desobediencia: la doctrina que permite dictaminar la condena escolástica de cualquier aluvión zoológico. La magistratura regulada para desanimar a los humildes, a los trabajadores, a los precarizados, y a la vez aislarlos y/o separarlos de sus posibles referencias políticas.

En Las Brujas de Salem, Arthur Miller escribe una frase que explica el léxico de un vestuario cómplice conformado por fiscales y jueces cambiemitas: “puede hacerse evidente la necesidad del Diablo como arma. Un arma ideada y utilizada una y otra vez, en toda época, para obligar a los hombres a someterse…” Demonizar para aterrorizar. Estigmatizar para incitar al odio. Mancillar para cosificar y proscribir.

Este es el objetivo de un Grupo de Tareas que toma la posta de los genocidas del último cuarto de siglo pasado. Antes era la tortura y la picana. Hoy los dictámenes en conjunción con titulares de propaganda mediáticos. Esa es la misión regada por dineros corporativos y sugerencias salidas de Embajadas extranjeras. Ese es el cometido de una derecha fascista, unida para impedir –otra vez– la democratización del poder, la riqueza y la renta.

El partido, sin embargo, tiene la duración que todas las revanchas autorizan. Y quienes jugamos alguna vez en los adoquines unidos por el barro prodigioso  –sustancia de la que nació la vida– nunca supimos arrugar en las difíciles. Cuando la busquen a ella tendrán que pasar por sobre nostroxs.

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