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Análisis

Un censo que busca los números que el gobierno porteño niega y esconde

La propuesta de hacerlos visibles es parte de recorrer el camino para mejorar su día a día.

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Por Cecilia Sigler

Los ojos celestes de Raúl me miraron fijo cuando le pregunté si tenía familia, esposa, hijos, amigos, alguna red de apoyo que lo contenga… Nada, a nadie, y también titubeó cuando la pregunta fue acerca de hacía cuánto estaba en situación de calle, no supo, no pudo, no quiso contabilizar, uno, cinco, diez, podían ser más de 20 años no sé…

No voy a saberlo pero lo intuí, mucho tiempo, el suficiente para hacer tan complejos sus días y tan difíciles sus momentos… Le remataron la casa y nunca más tuvo un techo, a partir de ahí historias que van a repetirse a montones y que se esconden detrás de alguna esquina o sobre un colchón viejo.

Las personas en situación de calle que están siendo censadas por La Dignidad en la comuna 15 que abarca los barrios de Villa Crespo, Paternal, Parque Chas, Chacarita, Agronomía y Villa Ortúzar tienen algo para decir y nos interpelan para que podamos ayudarlos. El Censo Comunitario de Vecinos en Situación de Calle empezó el miércoles y se extiende hasta el sábado con la intención de dar cuenta de un panorama que se oculta o se deja de lado en las políticas públicas de la Ciudad.

Según el último relevamiento anual que realizan organizaciones de la sociedad civil, la Defensoría del Pueblo porteña y la Auditoría General de la Ciudad de abril de 2019, la cantidad de personas en situación de calle ascendía ese año a 7.251.

Había, al menos 871 niños, niñas y adolescentes y 40 mujeres embarazadas. El informe además especificó que 80% son varones mientras que el 19% mujeres y el 1% travesti – trans. Muchas mujeres dijeron que dejaron sus casas tras haber sufrido violencia, ellas o sus hijos, y al no encontrar ninguna respuesta estatal para paliar sus conflictos. Consultados sobre las circunstancias que motivaron su situación de calle, 802 afirmaron que fue por la pérdida de empleo, 550 por incapacidad de costear una vivienda y luego diferentes razones vinculadas a conflictos de pareja, familiares o al consumo problemático de sustancias.

 “Nuestra idea es conocer las cifras reales de vecinos en calle en nuestro barrio y poder darles una mano. En 2017 y 2019 realizamos este censo popular para mostrar las cifras concretas de esta problemática, así mostramos que la población de vecinos en calle pasó de 4.400 en 2017 a más de 7.000 en 2019”, explica Julieta, referente de La Dignidad de Villa Crespo y Chacarita.

Desde el Gobierno de la Ciudad afirmaron que en 2019 había 1.000 personas viviendo en la calle y 2.500 el año pasado. “Queremos que las políticas públicas sean una realidad y no una simple promesa, por eso buscamos impulsar la creación de un Refugio Barrial para personas en situación de calle, de asistencia integral y de gestión comunitaria. Invitamos a toda la comunidad a formar parte de esta iniciativa”, continúa Julieta. 

Mate cocido mediante, Raúl me contó algo de su vida y me dio respuestas para una planilla que logrará conformar un estado de situación algo más real que los irrisorios números que el gobierno porteño enuncia en sus medios cuando intenta contarlos. Los paradores que ellos ofrecen nunca contienen sino que generan problemas para todos y cada uno de los sujetos que quisieron acercarse… el robo concreto de su celular, me relató Raúl y dos puntazos en el estómago que todavía dejan huellas en su salud me contó Martín, tan dispuesto a responder y tan solidario para participar, hasta su DNI me ofreció cuando comencé a censarlo en el comedor al que concurre en Paternal.

Las historias siempre son complicadas, los subsidios habitacionales son muy difíciles de tramitar, ellos se cansan, los gobiernos ponen trabas y la cuestión empeora, lo cobran dos veces, no les alcanza, les piden más papeles, se frustran, abandonan, hacen lo que están acostumbrados que hagan con ellos.

Durante 4 días, censistas voluntarios recorrerán las calles de la comuna para dar cuenta de esta problemática y compartir cara a cara con cada vecino que sufre esta situación sus pareceres, sus conflictos, sus urgencias y sus necesidades, en definitiva se les brindará un momento para que cuenten qué les pasa.

Los subsidios habitacionales que otorga el Estado porteño son muy complicados de gestionar porque piden acreditar dos años de alquiler y servicios en CABA para pagar menos de diez mil pesos que no alcanzan para nada. El abandono de persona que sufren se siente en su mirada y se escucha en sus palabras, pero sobre todo se percibe en el entorno…

La asistencia integral que se propone en el Refugio Comunitario hace referencia a que no solamente existe la necesidad concreta de conseguir un techo, una cama donde dormir y una mesa donde comer, sino que en general es urgente para ellos contar con un servicio médico, porque poseen dolencias arrastradas por su vida a la intemperie; ayuda administrativa, porque en general pierden los documentos o no los tienen, incluso muchos nunca los tuvieron consigo, asesoramiento psicológico, ya que en general terminaron en la calle después de sufrir violencia, abusos, o porque padecen ciertos trastornos que merecen atención inmediata, incluso medicación que no pueden comprar (por ejemplo Raúl mencionó el salbutamol que necesita para tratar su asma).

Todas estas demandas no pueden ser resueltas solamente con la construcción del refugio, es necesario además conformar un equipo interdisciplinario de profesionales capacitados para atender a cada vecino que necesite acudir allí. La idea sería que puedan revincularse con la sociedad sanamente.

El objetivo central del censo es tejer el entramado comunitario que en estos días se encuentra desvencijado frente a la indiferencia del gobierno porteño que no solamente no atiende las problemáticas de las personas en situación de calle sino que además propone paradores donde no solucionan sus problemas y les roban sus pertenencias.

Por un rato alguien los escuchó, y tanto Raúl como Martín saben que es importante ser escuchados porque detrás quizás viene una ayuda, una mano solidaria. Se les ofrecen recursos para que tengan dónde comer, aunque eso no es todo, porque el conflicto les permanece, lo llevan consigo y cada mañana se despiertan para buscar otra posible solución.

La propuesta de hacerlos visibles es parte de recorrer el camino para mejorar su día a día.

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Análisis

La pelota manchada: avatares del juego sucio del Partido Judicial

La columna de Jorge Elbaum.

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El-Argentino-Jorge-Elbaum

Por Jorge Elbaum

Hay muchas maneras de jugar a la pelota. Existe el formato del potrero que se caracteriza por su noción de esquina. En ese deporte, los arcos se disponen con bolsos, con buzos o con zapatillas. Cualquier cosa sirve para imaginar postes verticales que sostendrán travesaños donde se discutirán goles al ángulo.

En ese fulbo de rodillas raspadas con costras y pequeñas hileras de sangre, los goles se suelen teñir de anocheceres y de barrios de luces exiguas. En ese jugo hay decenas de goles porque es un partido sin tiempo preciso de finalización. Quienes participan de los partidos no son jugadores: son hermanos, primos, compañeros o colados insignes.

En esa comarca del tiempo, muchos de nosotrxs aprendimos lo mejor de lo que somos: la amistad, los códigos de solidaridad, la defensa del más débil, el aguante estoico de la derrota, la rebeldía contra los poderosos, la lesión de herida perpetua  y –sobre todo– la admiración por la belleza estilizada e ingrávida de la habilidad psicomotriz.

El-Argentino-Fiscal Luciani-Juez Giménez Uriburu
El fiscal Luciani junto a su compañero de andanzas, el juez Giménez Uriburu.

Ese fue el origen. Pero después sobrevino otra cosa que hoy cotiza en bolsa. Uno que se juega en perimetrales cerrados con líneas de cal precisas, riego semanal y personal de maestranza. Uno que tiene camisetas estampadas que hacen juego con las medias y los pantalones y que rotulan dobles apellidos en la espalda. Una actividad de esparcimiento que se desarrolla con la  lógica de la racionalidad corporativa, en formato de tasas de interés y en vestuarios con sauna y baño turco.

En esos espacios se congregan –con una cuadrícula medida de espacio plano y parejo–, aquellos que vociferan sus grotescas proezas goleadoras, sus mesas de café con servidumbre, su alegato engolado de caza de brujas. Ahí, en la ruta que va desde la mansión a la entrada del country (siempre con aspiración residencial) se escucha el chillido individual, sin eco colectivo, de un grito ganador desfigurado por una dramatización impostada.

Un esmero por fuera del juego: la comprobación de una experiencia de socialización imbricada con el poder. Una mecánica matricial de ganadores y perdedores. Una búsqueda por someter, humillar y destruir al otro. En síntesis: prácticas extrañas a la pasión lúdica de la reciprocidad, la risa, el compañerismo, el festejo y el abrazo.

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La Liverpool, el equipo del fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu, en Los Abrojos de Macri.

El fiscal Diego Luciani y el juez Rodrigo Giménez Uriburu ejercitan el rol tribunalicio y lúgubre que alguna vez describió Franz Kafka. La sinrazón convertida en lógica de persecución. La burocracia del hostigamiento dispuesto para anular cualquier desobediencia: la doctrina que permite dictaminar la condena escolástica de cualquier aluvión zoológico. La magistratura regulada para desanimar a los humildes, a los trabajadores, a los precarizados, y a la vez aislarlos y/o separarlos de sus posibles referencias políticas.

En Las Brujas de Salem, Arthur Miller escribe una frase que explica el léxico de un vestuario cómplice conformado por fiscales y jueces cambiemitas: “puede hacerse evidente la necesidad del Diablo como arma. Un arma ideada y utilizada una y otra vez, en toda época, para obligar a los hombres a someterse…” Demonizar para aterrorizar. Estigmatizar para incitar al odio. Mancillar para cosificar y proscribir.

Este es el objetivo de un Grupo de Tareas que toma la posta de los genocidas del último cuarto de siglo pasado. Antes era la tortura y la picana. Hoy los dictámenes en conjunción con titulares de propaganda mediáticos. Esa es la misión regada por dineros corporativos y sugerencias salidas de Embajadas extranjeras. Ese es el cometido de una derecha fascista, unida para impedir –otra vez– la democratización del poder, la riqueza y la renta.

El partido, sin embargo, tiene la duración que todas las revanchas autorizan. Y quienes jugamos alguna vez en los adoquines unidos por el barro prodigioso  –sustancia de la que nació la vida– nunca supimos arrugar en las difíciles. Cuando la busquen a ella tendrán que pasar por sobre nostroxs.

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