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Análisis

Massa apunta a los incentivos fiscales para generar el ingreso de dólares

Fuentes cercanas al designado superministro de Economía adelantaron que buscará potenciar los sectores de la energía, la agroindustria y la economía del conocimiento. También señalaron que el líder del Frente Renovador apuntará a profundizar «la búsqueda de consensos».

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Por Martín Piqué

El designado ministro de Economía, Sergio Massa, priorizará la generación de divisas a través del incentivo fiscal a los sectores de la energía, la agroindustria y la economía del conocimiento, mientras que con el FMI apuntará a profundizar «la búsqueda de consensos», una postura que ya mostró en el Congreso cuando trabajó activamente para la aprobación del programa con el organismo, adelantaron a Télam desde su equipo de colaboradores.

Aunque Massa advirtió que recién la semana que viene se terminarán de conocer los nombres, las medidas y los detalles de la reformulación del Gabinete, en su entorno ya usan una frase para referirse a lo que pretende ser una de las premisas generales de su gestión en el Palacio de Hacienda: convertir a la Argentina en una «fábrica de dólares para exportar trabajo argentino».

Ese eslogan resume la necesidad de acumular reservas frente a la inestabilidad monetaria, un proceso que en los últimos días encontró un alivio con el descenso de los dólares financieros y el blue, y que en el plano de lo concreto se traduce en la decisión de estimular a las actividades con potencial exportador -el sector energético, el agroindustrial, la industria del software y la tecnología aplicada- con un paquete de medidas de incentivo.

En el equipo del Frente Renovador que se viene reuniendo en la sede partidaria de la avenida Libertador 850 sostienen que el mejor antecedente para entender la lógica que promoverá Massa es el repaso de lo que fueron sus prioridades en la Cámara baja, desde donde empujó de modo sistemático beneficios impositivos para los trabajadores formales y la clase media, en particular la actualización del piso del impuesto a las Ganancias.

«Para saber lo que podría hacer Sergio hay que ver lo que hizo como presidente de la Cámara de Diputados», grafican en ese sentido, y luego deslizan que el criterio de impulsar «beneficios impositivos» mediante leyes votadas en el Parlamento podría trasladarse a partir de la semana que viene a la gestión económica.

El objetivo es favorecer a las actividades más dinámicas de la estructura económica, las que generan dólares, como la cadena agroindustrial y el polo energético, aparte de la ciencia y tecnología con perfil productivo.

En esa línea, los colaboradores de Massa subrayan por estas horas que dos ejes de las medidas a anunciar serán el «alivio fiscal y la generación de divisas», mientras que en el frente externo y en el vínculo con los organismos internacionales de crédito consideran clave «remontarse a cuál fue su rol durante el acuerdo con el FMI, sobre todo su búsqueda de consensos para sumar apoyos en la votación».

En la política argentina se sabe que Massa tiene llegada entre dirigentes políticos de Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas, vínculos que en algún caso cultivó desde joven, que se fortalecieron con el paso del tiempo y que le permitieron llegar a tener un diálogo periódico con protagonistas influyentes del Capitolio, como el senador demócrata de Nueva Jersey y titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Senadores, Robert «Bob» Menéndez.

El designado titular de la cartera económica -señalan en su entorno- aportó lo suyo para que se llegara a un acuerdo con el FMI en los viajes que emprendió a Washington y Nueva York durante la gestión del Frente de Todos, en los que mantuvo contactos con los sectores del partido demócrata más afines al núcleo ideológico de la coalición oficial, pero también con representantes de los republicanos como el ex alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani.

La decisión del presidente Alberto Fernández de nombrarlo al frente de la cartera económica, anunciada el jueves pasado, generó entre las autoridades del FMI una demanda lógica por conseguir más información de primera mano sobre lo que ocurriría con el país que tiene la mayor deuda con el organismo, reprogramada a través de un acuerdo que fue ratificado por ley en el Congreso argentino.

Así fue que la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, envió un mensaje por WhatsApp a un funcionario cercano al Presidente para consultar por la sorpresiva designación de Massa y sus posibles derivaciones: el integrante el Ejecutivo transmitió el mensaje al jefe de Estado, quien instruyó a su colaborador -un secretario de Estado- para que le respondiera a la directora del FMI que el nombramiento daría «mayor fortaleza política» porque se trataba de quien había sido su «escudero en la defensa del acuerdo (con el organismo) durante el debate en el Congreso».

«Cuando Georgieva pregunta qué fue lo que pasó, la respuesta fue que el nombramiento de Massa permitiría cumplir con dos objetivos, por un lado profundizar la unidad del Frente de Todos y, por otro, unificar los criterios de utilización de dólares y concentrar esa potestad en una sola persona», explicó una calificada fuente oficial para detallar en qué consistió la comunicación con la titular del FMI, sobre la que en un primer momento el Gobierno informó por error que se trató de un diálogo telefónico entre Fernández y Georgieva aunque luego aclaró que había sido un intercambio de mensajes mediado por una tercera persona.

En la tarde del sábado, mientras Massa permanecía reunido junto a su equipo de economistas más cercanos, entre ellos el titular del Indec Marco Lavagna, el subdirector del Fondo de Garantía y Sustentabilidad del Anses Lisandro Cleri, el titular de Aduanas Guillermo Michel y el presidente del Arsat Matías Tombolini, en la quinta de Olivos repasaban detalles y anécdotas del vínculo de confianza que el jefe de Estado construyó a lo largo de los años con quien a partir del miércoles será su ministro de Economía.

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Análisis

La condena del peón

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Por Agustín Sosa

El 23 de enero de 2013 miró el cielo mientras estaba en el piso, tirado sobre bosta de vaca. Marcos Pizarro Costa Paz había recibido un escopetazo en el cuello y pronto moriría camino al hospital.

Descendiente de Julio Argentino Roca, el joven estanciero alquilaba alrededor de setecientas hectáreas en el partido de Adolfo Gonzales Chaves, donde tenía unas quinientas cabezas de ganado.

A sus órdenes estaba Alberto Bonifacio Martínez, un peón al que le debía varios meses de sueldo y aguinaldo, lo obligaba a trabajar de sol a sol y a vivir en condiciones infrahumanas. El maltrato ya había despertado la indignación de varios testigos ocasionales que veían cómo el terrateniente humillaba al empleado, que entonces tenía 72 años.

La identidad nacional fue construida, entre otras cosas, por la relación entre patrón y obrero, o dueño de la tierra y peón, y sobre cómo los pobres se manifiestan frente a la opresión de los ricos. Una vez afianzados los límites que fijó la Campaña al Desierto, los terratenientes se sirvieron de la coacción instrumentada con el Estado como aliado para explotar a cuanta persona le quedara a la mano.

Martín Fierro y Juan Moreira dan cuenta de eso que también se observa en hechos reales que prolongan ese argumento narrativo de nuestra historia que sigue recreando los mismos sistemas de relaciones entre los dueños de todas las cosas y los desposeídos de la Patria.
Masacres, asesinatos y cruentas represiones a obreros no hubiesen sido posibles sin la promiscua relación de los empresarios con los resortes judiciales y políticos. Solo la intervención del peronismo ha revertido, por momentos, las condiciones nefastas del trabajo rural, pero de todos modos es el sector con mayor nivel de trabajo no registrado y son repetidas las noticias que dan cuenta de operativos para liberar trabajadores explotados en cualquier punto del país.

Ese 23 de enero el sol no daba respiro, el trabajo desde el amanecer, había sido muy intenso y todavía quedaba bastante por hacer en la manga para terminar de cargar los cinco camiones que había llevado Costa Paz. Tenía que dejar el campo que arrendaba y debía llevarse su hacienda.

Una vez más, el patrón maltrató a Martínez. Otra vez le faltó el respeto, esta vez frente a transportistas y veterinarios. Fue la última.

El único que me ha gritado ha sido mi padre y se murió hace 50 años. Yo soy una persona mayor y a mí no me grita nadie. Le voy a pegar un tiro”, dijo el peón. Después se dirigió hasta la tapera que habitaba, tomó la escopeta y volvió a la manga para ultimar al terrateniente con un tiro en la garganta que lo dejó tan mal herido que murió desangrado, camino a la salita del pueblo más cercano.

Alberto Bonifacio Martínez esperó la partida en el rancho y, a su llegada, se entregó sin resistencia. Al año siguiente fue condenado a once años de prisión efectiva, sin habérsele otorgado el beneficio de la prisión domiciliaria, al menos hasta donde la crónica policial se ocupó de él.

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