Análisis
Los audios de Spagnuolo vs los cuadernos de Centeno: la indignante doble vara de la Justicia
Mientras la Cámara Federal ordena investigar la autenticidad de los audios contra Spagnuolo por «procedencia incierta», los cuadernos de Centeno, con fotocopias, incendio del original y múltiples inconsistencias, fueron validados como prueba para sostener una causa que aún se encuentra en proceso judicial.
★ La reciente decisión de la Cámara Federal que ordenó investigar el origen de los audios en la causa ANDIS contrasta de manera llamativa con el tratamiento judicial que recibió la llamada «causa Cuadernos», donde materiales con serias inconsistencias documentales fueron validados como prueba suficiente para sostener una investigación de magnitud. El análisis comparativo de ambos casos expone criterios diametralmente opuestos en tribunales que integran el mismo fuero federal.
Los audios de Spagnuolo: rigor extremo
En el caso ANDIS, la Cámara Federal porteña —con el voto de Martín Irurzun y Roberto Boico— consideró que no pueden ser admitidos como prueba audios de los cuales no está acreditado su origen, su cadena de custodia ni su autenticidad. Los camaristas señalaron que la investigación se activó a partir de publicaciones periodísticas que reproducen información surgida de los mismos audios cuestionados, sin verificación previa.
El tribunal advirtió sobre la posibilidad de que el material haya sido editado, manipulado o incluso generado mediante inteligencia artificial. Esta postura refleja un criterio garantista estricto: sin prueba pericial que avale la autenticidad del material, no puede sostenerse una investigación penal que afecte derechos fundamentales como la intimidad y el debido proceso.
Los cuadernos de Centeno: laxitud extraordinaria
La causa conocida como «Cuadernos de la corrupción K», en cambio, avanzó sobre pilares probatorios considerablemente más endebles, según señalaron repetidamente las defensas de los acusados. Los llamados «cuadernos» atribuidos al chofer Oscar Centeno presentaron múltiples irregularidades que nunca fueron obstáculo para que la Justicia los validara como prueba central:
El incendio y las fotocopias: El material original de los cuadernos sufrió un incendio en la casa de Centeno en circunstancias nunca esclarecidas. Lo que llegó a la Justicia fueron fotocopias de fotocopias, sin que existiera posibilidad de cotejar con los originales la autenticidad de lo transcripto.
Múltiples autores: Pericias caligráficas determinaron que los cuadernos no fueron escritos por una sola persona. Se detectaron diferentes caligrafías, lo que puso en duda la versión de que Centeno había llevado ese registro de manera personal y continua durante años.
Cadena de custodia inexistente: A diferencia del rigor que ahora reclama la Cámara para los audios de ANDIS, en la causa Cuadernos no se exigió documentación sobre cómo, cuándo y en qué condiciones Centeno habría guardado ese material durante más de una década, ni cómo llegó a manos de la Justicia.
Inconsistencias temporales y fácticas: Las defensas señalaron contradicciones entre fechas, lugares y circunstancias descriptas en los cuadernos y la realidad verificable de agendas públicas y registros oficiales.
El rol de los medios: prueba en un caso, indicio en otro
Un dato revelador de la disparidad de criterios es el tratamiento del origen mediático de ambas causas. En ANDIS, la Cámara objetó que la investigación se haya activado a partir de publicaciones periodísticas sin verificación previa de la autenticidad del material.
Sin embargo, en la causa Cuadernos, las revelaciones periodísticas del diario La Nación fueron el motor de la investigación y la prueba periodística fue considerada válida para iniciar y sostener la causa, pese a que el material también había sido filtrado a los medios antes que a la Justicia.
Jueces diferentes, estándares opuestos
La causa Cuadernos tramitó inicialmente ante el juez Claudio Bonadio, conocido por su línea dura contra el kirchnerismo, quien validó las pruebas sin mayores reparos. Tras su fallecimiento, la causa continuó con ese mismo criterio. El juicio oral por esta causa aún se encuentra en curso, sin sentencia definitiva, aunque el material cuestionado sigue siendo admitido como prueba válida.
Vale recordar que Cristina Fernández de Kirchner fue condenada en 2022 a seis años de prisión en la causa Vialidad, un expediente diferente aunque vinculado temporal y políticamente al mismo clima de persecución judicial. La causa Cuadernos, en cambio, continúa su trámite con decenas de imputados y sin resolución final.
En contraste, la causa ANDIS tramita ante el juez Sebastián Casanello, quien había rechazado inicialmente los planteos de nulidad, pero fue corregido por la Cámara Federal que ahora exige estándares de verificación que nunca se aplicaron en Cuadernos.
Implicancias políticas y lawfare
La disparidad en los criterios judiciales alimenta la percepción de lo que organizaciones de derechos humanos y juristas han denominado «lawfare» o uso político de la justicia. Mientras que en casos vinculados al kirchnerismo se admitieron pruebas con inconsistencias notorias, en casos que involucran a funcionarios del gobierno actual se aplican estándares de rigurosidad extrema.
Esta doble vara no solo afecta la credibilidad del sistema judicial, sino que pone en evidencia la selectividad en la aplicación de garantías procesales básicas. El derecho a la intimidad, la cadena de custodia, la autenticidad de las pruebas y el debido proceso parecen tener pesos diferentes según quién sea el investigado.
El silencio cómplice de los formalismos
Cabe preguntarse por qué los mismos criterios garantistas que hoy se aplican para proteger a los imputados en ANDIS no fueron aplicados cuando las víctimas del proceso judicial eran dirigentes del peronismo. La respuesta, aunque incómoda, parece estar más cerca de la voluntad política que de la técnica jurídica.
Los cuadernos de Centeno sostuvieron procesamientos, prisiones preventivas y una causa que lleva años sin que jamás se acreditara fehacientemente su autenticidad. Los audios de Spagnuolo, en cambio, son sometidos a un escrutinio exhaustivo antes siquiera de ser admitidos como indicio de investigación.
Esta asimetría no es un detalle técnico: es la evidencia de un sistema judicial que aplica la ley con distintos niveles de exigencia según el color político del investigado.
Puntos clave:
• La Cámara exige verificación exhaustiva de los audios en ANDIS, criterio que nunca se aplicó en la causa Cuadernos
• Los cuadernos de Centeno presentaron fotocopias, múltiples autores e inconsistencias, pero fueron validados como prueba central
• El incendio de los originales y la ausencia de cadena de custodia no impidieron que la causa Cuadernos avanzara
• La causa Cuadernos continúa en proceso judicial sin sentencia definitiva, a diferencia de la causa Vialidad que condenó a CFK
• La disparidad de criterios evidencia un tratamiento judicial diferenciado según el perfil político de los investigados
América Latina
Nulo desde el inicio. No es un acuerdo, es un robo
Por Elías Jaua Milano. El llamado acuerdo petrolero con Estados Unidos, anunciado por Donald Trump, se firmó bajo amenaza y sin aprobación de la Asamblea Nacional: para el autor, es nulo de toda nulidad.
Que el banal espectáculo político de todos los días no nos distraiga de lo sustantivo de la gravosa situación de tutelaje a la que estamos sometidos por la administración Trump. El llamado “acuerdo petrolero” es uno de esos temas sobre el cual debemos insistir en denunciar como nulo de toda nulidad, cuantas veces sea necesario, si queremos recuperar nuestra independencia y con esto la posibilidad de un desarrollo propio que genere bienestar a toda la familia venezolana.
El 3 de enero de 2026 en horas de la madrugada, Caracas, La Guaira y otras poblaciones de la costa central de Venezuela fueron atacadas con misiles, por fuerzas militares estadounidenses, sin previa declaración de guerra, de manera injustificada y desproporcionada. Tras secuestrar al Jefe de Estado en funciones, amenazaron al resto de las autoridades con un segundo ataque más destructivo y el aniquilamiento de estos si no aceptaban el plan del atacante. De acuerdo a las declaraciones de Donald Trump en horas de la mañana: “Las autoridades venezolanas están colaborando, en verdad no tenían otra opción”. Más adelante afirmó: “Vamos a dirigir al país hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”. Acto seguido amenazó: “Estamos preparados para realizar un segundo ataque mucho más grande si es necesario, así que estábamos preparados para una segunda incursión si era necesario. De hecho, suponíamos que sería necesaria una segunda incursión, pero ahora probablemente ya no lo sea”.
El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, compareció el 28 de enero de 2026 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos y en una respuesta sintetizó lo que se estaba haciendo en Venezuela: “Básicamente estamos administrando a Venezuela”. Posteriormente anunció desde la Casa Blanca el plan de las tres fases para administrar a Venezuela.
En este contexto de amenaza, coacción y administración colonial, en los meses que han transcurrido se han llevado a cabo nuevas incursiones militares, se han desplegado tropas y agencias de seguridad, se han forzado reformas de leyes al margen de la Constitución, como es el caso de la ley de Hidrocarburos y la ley de Minas, entre otras; los ingresos de la nación venezolana son depositados y administrados en una cuenta del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y se ha impuesto un plan político de transición, entre otras graves violaciones a la soberanía de Venezuela y al derecho internacional.
Bajo esta situación de amenaza, coacción y administración colonial, el pasado 26 de agosto nos enteramos, por un posteo de Donald Trump en su red social, de un acuerdo donde el gobierno de Venezuela cedía el control sobre la explotación de 17 campos petroleros, propiedad de la nación venezolana, estimados en 65 mil millones de barriles, por 100 años, según su versión. Al momento, el pueblo venezolano no conoce, y creo que tampoco el pueblo estadounidense (dado el reciente cuestionario enviado por senadores a la Casa Blanca sobre este tema), el texto de ese acuerdo, que debió ser conocido, estudiado, discutido y ratificado por el Poder Legislativo de Venezuela, como lo manda la Constitución nacional:
Artículo 150: La celebración de los contratos de interés público nacional requerirá la aprobación de la Asamblea Nacional en los casos que determine la ley. No podrá celebrarse contrato alguno de interés público municipal, estadal o nacional con Estados o entidades oficiales extranjeras o con sociedades no domiciliadas en Venezuela, ni traspasarse a ellos sin la aprobación de la Asamblea Nacional. La ley podrá exigir en los contratos de interés público determinadas condiciones de nacionalidad, domicilio o de otro orden, o requerir especiales garantías.
Comentarios: Cabe la duda si en verdad hay un acuerdo firmado o es un despojo arbitrario por parte de la potencia ocupante. NABEP es una empresa privada domiciliada en Barbados y el Departamento de Guerra es una entidad oficial extranjera, por tanto el acuerdo, de existir, debió ser aprobado por la Asamblea Nacional. No se hizo así.
Es casi imposible analizar el alcance operacional y financiero del pretendido acuerdo al no haber documentos oficiales publicados por Venezuela. Solo hay una nebulosa de datos contradictorios declarados por funcionarios de ambos gobiernos. Por lo tanto solo nos referiremos en este artículo a algunos elementos jurídicos y administrativos señalados en el único documento oficial publicado: la nota informativa de la Casa Blanca de fecha 30 de agosto de 2026, donde se informa de los puntos más relevantes del írrito acuerdo. Veamos:
Este acuerdo asegura nuestro dominio energético para el próximo siglo, sin costo alguno para Estados Unidos. El acuerdo, firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, otorga al gobierno de Estados Unidos poderosos derechos de gobernanza, propiedad económica y un convenio de compra garantizada a bajo costo a un nuevo actor petrolero privado de Venezuela, que será la segunda compañía petrolera privada más grande del mundo en términos de reservas
Sin costo alguno para el contribuyente estadounidense, NABEP ha otorgado a la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra de Estados Unidos una participación accionaria del 35 % en su sociedad matriz, lo que representa un valor y dividendos de hasta cientos de miles de millones para Estados Unidos.
NABEP también otorgó al Departamento de Estado de Estados Unidos el derecho de adquisición preferente del 80 % restante de su producción, lo que proporciona una fuente garantizada de energía en nuestro hemisferio en situaciones de emergencia.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico.
Comentarios: No puede haber una privatización de la actividad petrolera en Venezuela, mucho menos ejecutada por un gobierno extranjero que ejerce el papel de ocupante. Una empresa privada no puede otorgar derechos de la nación a otro Estado. La ley no puede ser contraria a la Constitución.
Más adelante expresa la información oficial de la Casa Blanca:
El Gobierno de Estados Unidos tiene poder de veto sobre el nombramiento de cualquier miembro de la junta directiva, y la mayoría de quienes integren la junta de NABEP deben ser ciudadanos estadounidenses. NABEP contará con auditores, abogados y asesores estadounidenses de renombre y el acuerdo del Gobierno de Estados Unidos con NABEP se rige por el derecho estadounidense y está sujeto a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 151. En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”.
Sin comentarios.
Sigamos las afirmaciones escritas por la Casa Blanca:
Las concesiones de NABEP se rigen por la nueva ley de hidrocarburos de Venezuela, adoptada con el apoyo de Estados Unidos, que prevé la modernización, la privatización y el desarrollo histórico del sector petrolero en declive de Venezuela.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 303. Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela, S.A.
Comentario: Constitucionalmente PDVSA es la que desarrolla cualquier negocio o asociación petroleras. NABEP no es parte de una iniciativa empresarial de PDVSA, la empresa estatal no tiene ni uno por ciento de participación accionaria, ni es parte de la directiva de la misma. Ninguna ley ni acuerdo está por encima de la Constitución.
Afirma la Casa Blanca en su hoja informativa:
Las disposiciones sólidas sobre gobernanza y auditoría del Gobierno de Estados Unidos, junto con la reforma bancaria, la fiscalización de pagos y la supervisión financiera de la Administración Trump, asegurarán que los pagos de impuestos y regalías se usen en beneficio del pueblo venezolano.
¿Qué dice la Constitución?
Artículo 156. Es de la competencia del Poder Público Nacional: Numeral 12: La creación, organización, recaudación, administración y control de los impuestos sobre la renta, sobre sucesiones, donaciones y demás ramos conexos, el capital, la producción, el valor agregado, los hidrocarburos y minas; de los gravámenes a la importación y exportación de bienes y servicios; de los impuestos (…)
Comentario: ¿El supuesto acuerdo es en beneficio del pueblo venezolano o de la administración Trump? Ya que según el Decreto Ejecutivo presidencial (Orden Ejecutiva) emitido el 9 de enero de 2026: “Los recursos —provenientes de transacciones del Estado venezolano, el Banco Central de Venezuela y Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA)— deben depositarse en cuentas específicas denominadas Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros (Foreign Government Deposit Funds) dentro del Departamento del Tesoro de EE. UU.”.
Preguntas: ¿Quién realiza el control o auditorías de las cantidades de petróleo extraídas en los bloques entregados, para determinar las regalías e impuestos? ¿El Ministerio de Petróleo de Venezuela? ¿Con cuál plataforma tecnológica? ¿Pueden inspectores de dicho ministerio supervisar la actividad de extracción y exportación? ¿Lo permitirá el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, socio de la empresa privada NABEP?
Compatriotas, bajo amenaza, coacción e intervención política y administrativa de una potencia extranjera se están extrayendo de manera inconstitucional los recursos petroleros de la nación, garantía futura del desarrollo y el bienestar para el pueblo venezolano. No hay texto del acuerdo, por lo tanto, no pudo ser aprobado por la Asamblea Nacional. Hay una asignación arbitraria para la explotación de bloques petroleros. La nación no conoce cómo y quién contabiliza la extracción que hace NABEP. Los ingresos supuestos que generará este acuerdo por regalías e impuestos serán administrados por la potencia ocupante, que a su vez es accionaria de esta empresa a través de su Departamento de Guerra. No es un acuerdo, es un robo a misil en mano.
Compatriotas, este supuesto acuerdo es nulo desde el inicio, de acuerdo a nuestra Constitución y a los principios universales y del derecho consuetudinario establecidos en diversos instrumentos del derecho internacional acerca de la invalidez de todo acuerdo, convenio o contrato realizado en condiciones de amenaza o uso de la fuerza.
El pueblo venezolano debe informarse, debe tomar conciencia del daño patrimonial que supone un acuerdo nulo, y en consecuencia luchar de manera política, cívica, jurídica y democrática para recuperar la independencia del Estado nacional y la restitución de la vigencia de la Constitución con el fin de preservar su patrimonio económico, y recuperar el derecho inalienable a la autodeterminación política y a la soberanía y dignidad nacional.
PD 1. A la falaz afirmación de que “no podemos tener una riqueza que está en el subsuelo mientras vivimos en la miseria y por eso necesitamos entregar estos campos petroleros a Donald Trump”, responde la realidad histórica: En Venezuela, hasta el año 2012, se producían cerca de 3 millones de barriles de petróleo diarios, extraídos y desarrollados por PDVSA y sus empresas mixtas con socios internacionales (incluyendo empresas estadounidenses) con apego a la Constitución y respetando nuestra soberanía y dignidad nacional, que generaron ingresos que se tradujeron en los más altos indicadores de bienestar para el pueblo venezolano en general. Tras la muerte del Presidente Chávez, el incremento de las sanciones y la instauración del bloqueo a la libre comercialización del petróleo por sucesivos gobiernos estadounidenses, e internamente una serie de malas decisiones y desfalcos cometidos contra la industria petrolera, postraron la actividad y disminuyeron a mínimos históricos los ingresos nacionales petroleros, generando la actual situación de precarización de las condiciones de vida del pueblo venezolano.
PD 2. Llega tarde el arrebato de soberanismo sobre esta cuestión por parte de los sectores políticos que durante 25 años solicitaron, propiciaron, facilitaron y finalmente celebraron la intervención militar del 3 de enero de 2026, con las graves consecuencias para la autodeterminación política y el patrimonio nacional.
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