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CABA: reportan 20 muertes y 5.660 nuevos casos de coronavirus

Según consignaron autoridades sanitarias porteñas, la ocupación de camas de Unidades de Terapia Intensiva (UTI) en el sistema público de salud es del 21,3%.

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Otras 20 personas fallecidas y 5.660 nuevos casos de coronavirus fueron registrados en las últimas 24 horas en la ciudad de Buenos Aires, lo que elevó a 12.400 la cifra de muertos por la enfermedad en el distrito desde el inicio de la pandemia, mientras que la cantidad de contagiados ascendió a 922.237.

De acuerdo con el reporte de la situación sanitaria, la ocupación de camas de Unidades de Terapia Intensiva (UTI) en el sistema público de salud es del 21,3%.

Las autoridades sanitarias porteñas informaron que 128 camas de terapia intensiva de un total de 600 están ocupadas con personas que atraviesan un cuadro grave de salud por causa del coronavirus.

El informe agregó que en los casos moderados, la ocupación es del 25,4% (381 ocupadas sobre 1.500 disponibles) y en los leves, de 1,1% (52 sobre 5.000).

También se precisó que en el sistema de salud privado están ocupadas 441 plazas de terapia intensiva sobre un total de 1.222 (36,2%), mientras que en los moderados la ocupación es de 42,4%, con 1.076 camas ocupadas de 2.530 disponibles.

La tasa de letalidad, es decir el porcentaje de muertes sobre diagnósticos positivos, se ubica en 1,34%.

El parte del Gobierno porteño de las últimas horas añadió que 13.434 pacientes fueron dados de alta, con lo cual suman 731.156 las personas recuperadas desde el inicio de la pandemia el año pasado.

Además, el sistema de salud notificó 5.278 nuevos casos de coronavirus correspondientes a personas no residentes en CABA, con un total acumulado que llegó a 586.826 mientras que 7.781 fueron dadas de alta (en total 487.824), y se registraron 2 fallecidos (un acumulado de 4.562).

Desde la llegada de la pandemia a la Argentina fueron realizados en el distrito capitalino un total de 8.659.133 hisopados, con un índice de positividad (casos confirmados sobre pruebas realizadas) acumulado de 17,4%; mientras que ayer fueron realizados 21.014 hisopados, con una positividad media de 30,9%.

Por otra parte, se informó que en los barrios populares porteños se notificaron 48 nuevos casos de coronavirus, mientras que 333 personas fueron dadas de alta y se registró un deceso.

El total acumulado de fallecidos en esos conglomerados es de 434, mientras que la cantidad de personas contagiadas desde marzo de 2020 es de 36.692, las altas acumuladas son 33.843 y la tasa de letalidad es de 1,18%.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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