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Juicio por el crimen de García Belsunce: todo lo que tenés que saber

Un pormenorizado listado en el que el Ministerio Público Fiscal y la defensa de Pachelo sustentarán sus alegatos.

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(Por Emmanuel Dalbessio).- Los alegatos en el juicio que se le sigue a Nicolás Pachelo por el crimen de María Marta García Belsunce, cometido hace 20 años en Pilar, se llevarán a cabo desde el próximo lunes en los tribunales de San isidro, donde la fiscalía argumentará que cometió el homicidio luego de que la socióloga lo acusara de robarle a su perro y que lo intentara echar del Carmel, mientras que la defensa buscará comprobar que no existió una denuncia contra el imputado por la sustracción de la mascota y que él nunca estuvo armado.

Los siguientes son los elementos que el Ministerio Público Fiscal, integrado por los fiscales Patricio Ferrari, Andrés Quintana y Federico González; y la defensa de Pachelo, integrada por su histórico abogado Roberto Ribas, junto a Marcelo Rodríguez Jordán y Raquel Pérez Iglesias, sustentarán sus alegatos:

QUE HIZO PACHELO AQUEL 27 DE OCTUBRE DE 2002

Pachelo siempre consideró que el 27 de octubre del 2002 fue un domingo normal. En una de sus últimas declaraciones ante los jueces del tribunal, declaró que ese domingo se levantó, desayunó, se fue a jugar al fútbol y por la tarde fue a buscar a su hijo a la casa de un vecino. Regresó a Carmel 17.37, tal como quedó registrado en las cámaras de seguridad. Según él, se bañó y salió a buscar el auto de su mujer, que lo había dejado estacionado en el Club House.

Para la fiscalía Pachelo no fue nunca a buscar el auto de su mujer, sino que salió de su casa para cometer el robo en la vivienda de García Belsunce.

La clave de la imputación fiscal fue la nueva hora del asesinato de María Marta fijada por un forense alrededor de las 18.30. Ese 27 de octubre se ubicó a Pachelo en Carmel entre las 17.37 y las 18.59, es decir que se retiró 29 minutos después de cometido el homicidio.

PERRO «TOM»

Tal como expresó el fiscal Ferrari durante la primera jornada del debate oral, en los lineamientos para explicar las razones por las cuales se le adjudica a Pachelo el crimen de María Marta, la desaparición del perro labrador negro llamado «Tom» fue uno de los ejes centrales del juicio.

Para la parte acusadora, Pachelo le robó el perro a María Marta, «que era como un hijo para el matrimonio Carrascosa-García Belsunce», según explicó Ferrari.

Esto fue señalado también por varios familiares de la víctima, vecinos del Carmel y hasta por una empleada que dijo que la mucama de Pachelo le había dicho que lo tenía encerrado en su casa.

Para contrarrestar estos testimonios, la defensa presentó una serie de diskettes que contenían tres documentos en los que presuntamente María Marta describía cronológicamente los hechos ligados a la desaparición de Tom y en los cuales no mencionó a Pachelo como su principal sospechoso.

MODUS OPERANDI

Durante el debate también se juzgó una serie de robos que Pachelo cometió entre 2017 y 2018 en distintos countries del conurbano bonaerense, en donde asaltaba viviendas en las cuales previamente había hecho inteligencia para corroborar que sus moradores no estén presentes.

Según la acusación, Pachelo ingresaba a las viviendas generalmente los domingos entre las 18 y 19, cuando se producía el cambio de guardia de los empleados de seguridad privada del country y en el horario que las casas quedaban vacías, ya que sus propietarios regresaban, en su mayoría, a la Ciudad de Buenos Aires, luego de pasar el fin de semana.

Para la fiscalía, Pachelo ingresó a lo de María Marta con el propósito de robarle y dentro de la propiedad fue sorprendido por la socióloga, quien lo reconoció, se trenzaron en lucha y terminó matándola de seis disparos.

La defensa de Pachelo indicó que ninguno de esos robos fue bajo una modalidad violenta y que en ninguno ingresó con un arma de fuego.

REVÓLVER CALIBRE .32 LARGO

El arma con la que fue asesinada María Marta jamás fue encontrada. Por eso, uno de los ejes del presente juicio para la fiscalía fue demostrar que Pachelo manipuló un revólver .32 largo, mismo calibre con el que fue cometido el crimen.

Para ello, los fiscales exhibieron un video grabado con una cámara oculta en 2003 en el que un empleado de la tosquera de la familia Pachelo menciona que había acompañado a Nicolás «a comprar balas calibre .32 largo» a dos locales en Pilar días antes del crimen y que, luego, le había prometido que le iba a dejar el arma para que la tenga por seguridad en la tosquera.

La fiscalía también aportó audios en los que Pachelo mencionaba tener «un fusil» en su vivienda de Pilar con el que «le tirás a un árbol y lo partís».

La defensa tiene a su favor que jamás se encontró el arma utilizada en el crimen de María Marta y no se comprobó durante todo el debate que Pachelo hubiese tenido un revólver calibre .32 largo.

LOS TRES ADOLESCENTES QUE VIERON PASAR A PACHELO Y A MARÍA MARTA

Santiago Asorey, Marcos Cristiani y Pedro Aspiroz Achaval eran tres adolescentes que vieron pasar trotando a Nicolás Pachelo aquella tarde lluviosa de octubre detrás de María Marta, yendo en la misma dirección, quien regresaba a su casa en bicicleta.

Al declarar como testigo en este nuevo juicio, Aspiroz Achaval, la última persona que vio con vida a la socióloga, aseguró que «primero dobló Pachelo y luego María Marta» y que él no siguió ese camino «porque le tenía miedo» al acusado.

La defensa de Pachelo sostuvo que este testimonio no es claro ya que los tres adolescentes no coinciden en recordar cómo lo vieron a Pachelo vestido y que, en base a los lugares dónde señaló haberlos cruzado, no vinculan con el que haya ingresado a la vivienda.

EL DÍA DESPUÉS

Los testimonios más fuertes que hubo en el juicio fueron los de dos mozos, Walter Mantovani y Miguel Ángel Monzón, quienes trabajaban en una estación de servicio de Pilar y señalaron que el lunes posterior al crimen, entre las 6 y 7 de la mañana, Pachelo se acercó y les preguntó «si escucharon algo sobre la mujer que mataron ayer en Carmel».

Para contrarrestar estos testimonios, Pachelo añadió por escrito la declaración de su exempleada (fallecida hace unos meses), en la que señaló que siempre se levantaba «entre las 9 y 9.30», además de unos registros de antenas de telefonía celular que indicaron que la primera vez que activó el teléfono aquel 28 de octubre fue minutos antes de las 8 de la mañana en su casa de Carmel.

Además, los testimonios de empleados de la empresa de seguridad privada Cazadores, encargada en Carmel, aseguraron que durante esa madrugada no lo vieron salir del barrio privado.

LAS LLAMADAS A INMOBILIARIAS

Los fiscales introdujeron un listado de llamados que Pachelo recibió y realizó los días siguientes al hecho, demostrando que triplicó su actividad con relación a la semana previa al crimen y que la mayoría de esas llamadas eran a inmobiliarias, evidenciando que «quería irse» del Carmel tras el crimen.

La defensa mostró que Pachelo ya venía hablando con distintos agentes inmobiliarios para vender su casa porque quería irse a vivir a la Capital Federal cerca de su madre, Silvia Ryan, ya que, según las palabras del propio imputado, «era padre, tenía tres hijos y toda mi vida en Capital».

LOS VIGILADORES Y «ROMEO Y JULIETA»

El testimonio del vigilador Carlos Villalba, un hombre encargado de seguir de cerca los movimientos de Pachelo y su esposa Inés Dávalos Cornejo, fue una de las sorpresas del juicio. El hombre le dijo a los jueces que al matrimonio le habían puesto en clave los apodos de «Romero y Julieta» para comunicar sus movimientos y que Pachelo, al conocer esa orden, se escondía y salía por otras casas para despistarlos.

Villalba, quien a pesar de ser vigilador sufría una disminución visual y dijo que solo «veía bultos», afirmó que el día del crimen no estuvo asignado al seguimiento de «Romeo y Julieta» y agregó que ese domingo ninguno de los vigiladores dijo haber visto a Pachelo en toda la jornada.

Este punto es importante para la defensa porque, según dicen, indicaría que Pachelo entonces no ingresó a la casa de María Marta para asesinarla.

Salud 🩺

Cáncer de mama en Argentina: el 41% de las mujeres mayores de 40 años no se controla regularmente

Un relevamiento nacional expuso barreras de información y acceso a los estudios preventivos. Aunque el 84% de las mayores de 40 años se realizó una mamografía alguna vez, el 41% no mantiene una frecuencia adecuada y solo el 36% conoce la edad de inicio recomendada.

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Cuatro de cada diez mujeres mayores de 40 años en Argentina no mantienen una frecuencia adecuada de controles para detectar el cáncer de mama, pese a que la mayoría se realizó una mamografía alguna vez. Así lo reveló el Índice de Concientización sobre Salud Mamaria Argentina 2026, que identificó brechas de información, acceso al sistema sanitario y continuidad de los estudios preventivos.

El informe, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, advierte que conocer la importancia de la detección temprana no siempre se traduce en acciones concretas. Entre los principales obstáculos aparecen la desinformación sobre la edad de inicio de los controles, la falta de consultas periódicas y las dificultades materiales para sostener hábitos de cuidado.

El 41% de las mujeres mayores de 40 años no mantiene controles regulares

El relevamiento indica que el 84% de las mujeres mayores de 40 años se realizó al menos una mamografía a lo largo de su vida. Sin embargo, el 41% de ese grupo no sostiene una frecuencia adecuada de control, ya sea porque no tiene un hábito establecido, posterga el estudio durante más de dos años o se lo realiza únicamente cuando aparecen síntomas.

La diferencia entre conocer las medidas preventivas y llevarlas a la práctica también se observa en las consultas ginecológicas. Aunque el 70% identifica estos controles como el hábito más importante para proteger la salud mamaria, solo el 51% los realiza efectivamente de manera regular.

Entre las mujeres encuestadas, un 23% consulta únicamente cuando presenta dolor o molestias visibles, un 16% concurre con intervalos superiores a los dos años y un 10% afirma que nunca realizó una consulta ginecológica.

Estos datos exponen una dificultad central para la detección temprana: la discontinuidad de los controles puede retrasar la identificación de lesiones que todavía no producen síntomas perceptibles.

La frecuencia de las consultas ginecológicas influye en el acceso a la mamografía

El estudio encontró una diferencia marcada entre las mujeres que mantienen consultas periódicas y aquellas que no acuden al ginecólogo.

Entre quienes visitan al profesional una o dos veces al año, el 79% se realizó una mamografía. En cambio, entre quienes no consultan, la proporción desciende al 20%. La brecha entre ambos grupos es de 59 puntos porcentuales.

El resultado muestra la relación entre el seguimiento médico y la realización de estudios preventivos. Las consultas periódicas constituyen una instancia para recibir orientación profesional, evaluar antecedentes y determinar qué controles corresponden en cada caso.

La investigación también identificó dificultades vinculadas con el conocimiento sobre la edad de inicio de los estudios: solo el 36% de las encuestadas sabe que debe comenzar a realizarse mamografías a los 40 años.

Además, el 71% desconoce que, ante la presencia de síntomas o antecedentes de riesgo, puede acceder prioritariamente a una mamografía en el sistema público a cualquier edad, según los datos difundidos por el informe.

La desinformación explica parte de la falta de controles

Entre las mujeres mayores de 40 años que nunca se realizaron una mamografía, el 46% atribuye esa situación a motivos relacionados con el desconocimiento o la información insuficiente.

Entre las razones mencionadas figuran no saber si ya tienen la edad adecuada para hacerse el estudio, desconocer si lo necesitan, considerar que no es necesario porque no presentan síntomas o no haber recibido una indicación médica.

La investigación plantea así una diferencia entre la disponibilidad de información general sobre el cáncer de mama y el conocimiento práctico necesario para tomar decisiones sobre la propia salud.

Florencia Mezzadra, de la Fundación Instituto Natura, señaló que el relevamiento identifica barreras que van más allá de la voluntad individual de las mujeres.

«El Índice de Concientización 2026 demuestra que las mujeres argentinas quieren cuidar su salud, pero enfrentan severas barreras de acceso e información. Desde la Fundación Instituto Natura impulsamos esta investigación para transformar los datos en conocimiento estratégico y articular esfuerzos entre el sector público, privado, el sistema sanitario y la comunidad”, afirmó.

La representante también destacó la necesidad de garantizar condiciones que permitan llegar a tiempo al diagnóstico.

«Saber que la detección temprana salva vidas no alcanza si el sistema no garantiza las condiciones para llegar a tiempo; debemos lograr que la salud mamaria deje de ser un desafío individual y se transforme en un compromiso colectivo», agregó.

El acceso a hábitos saludables también depende de las condiciones materiales

Las dificultades para cuidar la salud mamaria no se limitan a los estudios médicos. El índice también examinó cuánto conocen las mujeres sobre los factores que pueden modificar el riesgo de desarrollar cáncer de mama y qué condiciones tienen para incorporar hábitos saludables.

El 83% de las encuestadas considera que es posible reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad y el 89% afirma estar dispuesta o muy dispuesta a modificar sus hábitos con ese objetivo.

Sin embargo, solo el 57% declara contar con las condiciones materiales necesarias para sostener esos cambios. Entre los factores considerados figuran la disponibilidad de tiempo, los recursos económicos, el transporte accesible y la estabilidad laboral.

A su vez, apenas el 38% conoce con precisión cuáles son los factores de riesgo modificables respaldados por evidencia científica.

Los resultados muestran que la disposición a adoptar hábitos saludables no siempre está acompañada por información precisa o por condiciones cotidianas que faciliten su cumplimiento.

Más de la mitad de las mujeres no sabe cómo acompañar a alguien con cáncer de mama

El informe también analizó las redes de apoyo y los canales de información sobre la enfermedad. Aunque el 52% de las encuestadas conoce a alguien cercano que atravesó un cáncer de mama, más de la mitad manifiesta que no cuenta con información suficiente para brindar ayuda concreta a una mujer que recibe ese diagnóstico.

Otro dato relevante es que el 48% no recuerda haber visto campañas de concientización sobre cáncer de mama durante el último año.

Este resultado plantea interrogantes sobre el alcance de las estrategias de comunicación y sobre la capacidad de los mensajes preventivos para llegar a distintos sectores de la población.

La experiencia cercana con la enfermedad, por sí sola, no garantiza que las personas dispongan de herramientas para acompañar a quienes la atraviesan ni que conozcan los pasos necesarios para facilitar una consulta médica oportuna.

Qué hacen las mujeres cuando aparece un posible síntoma

Ante la aparición de un síntoma, el 97% de las encuestadas afirma que acudiría inmediatamente al médico. Sin embargo, el relevamiento también detectó conductas que pueden demorar la consulta.

El 59% reconoce que esperaría algunos días o semanas para observar cómo evoluciona el síntoma, mientras que otro 59% recurriría a motores de búsqueda en internet para obtener información. Además, el 12% utilizaría herramientas de inteligencia artificial.

La coexistencia de estas respuestas refleja una diferencia entre la intención declarada de buscar atención profesional y las estrategias que algunas mujeres consideran ante una posible señal de alerta.

Frente a un cambio en la mama o la aparición de un síntoma, la evaluación médica permite determinar qué estudios corresponden según las características de cada caso. La ausencia de molestias no descarta por sí sola la necesidad de realizar los controles preventivos indicados para cada persona.

La detección temprana, un desafío para el sistema de salud argentino

El cáncer de mama es la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres en Argentina, según la información difundida junto con el estudio. El informe señala que la detección en estadios iniciales permite alcanzar tasas de curación superiores al 90% de los casos.

Los datos del Índice de Concientización sobre Salud Mamaria Argentina 2026 muestran que el desafío no consiste únicamente en transmitir información sobre prevención. También implica mejorar el acceso a los controles, fortalecer el seguimiento profesional y reducir las barreras económicas, laborales y de transporte que pueden dificultar la realización de estudios.

La investigación pone el foco en la distancia entre la intención de cuidarse y la posibilidad efectiva de hacerlo, una brecha que involucra tanto a las mujeres como a los profesionales, las instituciones sanitarias y las estrategias de concientización.

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