Memoria, Verdad y Justicia
La Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar desafío al terrorismo de Estado: 48 años de Memoria
La palabra como arma de resistencia. Un grito de denuncia contra el terror militar que sacudió la conciencia nacional y se convirtió en símbolo de resistencia intelectual a 48 años del asesinato y desaparición del escritor de Operación Masacre.
La «Carta abierta de un escritor a la Junta Militar» representa mucho más que un documento histórico. Es un testimonio de coraje, un acto de resistencia que desafió el aparato represivo de la dictadura militar argentina. Distribuida clandestinamente el 25 de marzo de 1977, la carta de Rodolfo Walsh se transformó en un manifesto contra el terrorismo de Estado.
Un Periodista contra el Genocidio
Walsh, pionero de la no-ficción en Argentina, utilizó su pluma como instrumento de denuncia. En la carta, reveló sin ambages la brutalidad del régimen: «Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror».
El texto surge en un momento crítico. Walsh había fundado Ancla (Agencia de Noticias Clandestina), una red informativa que desafiaba la censura militar. Su compromiso político y periodístico lo llevó a documentar los crímenes del régimen, sabiendo que ponía en riesgo su propia vida.
La Denuncia Económica y el Precio de la Verdad
Con precisión quirúrgica, Walsh desenmascaró la política económica de la dictadura. Denunció cómo el gobierno respondía a intereses de «la vieja oligarquía ganadera» y «monopolios internacionales» como ITT, Esso y U.S. Steel.
Horas después de distribuir la carta, Walsh fue emboscado y asesinado por un grupo de tareas comandado por Alfredo Astiz. Su pistola calibre 22 poco pudo contra la maquinaria represiva, pero sus palabras se convirtieron en un ariete contra el silencio.
Un Legado Imperecedero
Gabriel García Márquez definió la carta como una «obra maestra del periodismo». Más allá de los elogios, representa un documento fundamental para comprender la resistencia intelectual durante uno de los períodos más oscuros de la historia argentina.
La carta de Walsh trasciende su momento histórico. Es un testimonio de resistencia, un grito de libertad contra la opresión. Como él mismo escribió: «fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles».
DDHH
Artistas en la Plaza: cuando la memoria también se vuelve popular
No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración. Lali con su madre en la marcha por la Memoria.
La Plaza de Mayo volvió a ser ese lugar donde la historia respira. A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, no sólo hubo organismos, militancia y columnas sindicales: también dijeron presente figuras de la cultura que, lejos del gesto vacío, eligieron poner el cuerpo en una fecha que no admite neutralidades.


Entre ellas, Lali Espósito, cuya imagen caminando entre la multitud circuló con velocidad en redes. No fue una aparición aislada ni decorativa: en tiempos donde ciertos discursos buscan relativizar el pasado, su presencia funcionó como amplificador de una consigna que sigue siendo incómoda para el poder.
La cultura toma posición
No fue la única. La actriz Griselda Siciliani también compartió su participación en la marcha, sumándose a una escena que combinó compromiso y visibilidad. A su alrededor, otras voces:
Julieta Díaz, que documentó la jornada en redes. Daniel Hendler, presente entre la gente. Gloria Carrá y Jorgelina Aruzzi, también en la Plaza. Juan Minujín, otro de los que eligió no mirar para otro lado.
No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración.
En un ecosistema mediático donde todo corre el riesgo de volverse contenido efímero, la presencia de figuras públicas en el 24 de marzo carga con otra densidad. No es sólo la foto. Es lo que esa foto representa.
Porque cuando artistas con alcance masivo se suman a la movilización, lo que hacen (consciente o no) es disputar sentido. En un contexto donde resurgen discursos negacionistas o intentos de “empatar” responsabilidades, cada cuerpo en la Plaza suma en una narrativa colectiva que se niega a diluir el pasado.
La Plaza como escenario político
La masividad de la jornada confirmó algo que incomoda a más de uno: la memoria sigue siendo un punto de encuentro transversal. Y en ese cruce, la cultura ocupa un lugar particular. No reemplaza a la militancia ni a los organismos, pero dialoga con audiencias que muchas veces quedan por fuera del circuito político tradicional.
Por eso, la presencia de figuras como Lali o Siciliani no es anecdótica. Es parte de una escena más amplia donde el arte, la cultura y el espectáculo también intervienen en la discusión pública.
Nunca más, también hoy
A medio siglo del golpe, el “Nunca Más” no es una consigna congelada. Se reactualiza, se discute, se tensiona. Y en esa disputa, cada voz cuenta.
Incluso (o sobre todo) las que tienen micrófono.
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