Géneros 🟣
Justicia patriarcal: víctima de abuso en Chubut sufrió revictimización por el tribunal
Mediante un extenso escrito, las penalistas destacan que «ella (por M.S. de 26 años) declaró al momento de hacer la denuncia y se sometió a una pericia durante tres días de 6 horas cada jornada, ante 7 peritos de los defensores y la fiscalía, y debió responder más de 567 preguntas y a evaluaciones sobre su personalidad».
Las abogadas que ejercieron la querella en el juicio que tuvo como acusados a tres jóvenes por abuso sexual grupal del que fueron absueltos el sábado, denunciaron este lunes que la víctima fue «maltratada por las juezas» Ana Karina Breckle, Marcela Alejandra Pérez y María Laura Martini.
Mediante un extenso escrito, las penalistas destacan que «ella (por M.S. de 26 años) declaró al momento de hacer la denuncia y se sometió a una pericia durante tres días de 6 horas cada jornada, ante 7 peritos de los defensores y la fiscalía, y debió responder más de 567 preguntas y a evaluaciones sobre su personalidad».
Como contraste, según el escrito, «los imputados (Luciano Mallemaci, Exequiel Quintana y Leandro del Villar) jamás se sometieron a ninguna pericia ni respondieron a ninguna pregunta».
Además, señalaron un pacto de silencio entre los que asistieron a la fiesta en septiembre de 2012 en Playa Unión donde ocurrieron los hechos denunciados, en el que «todos los varones que tenían entre 16 y 22 años se ampararon en el tiempo para no recordar nada o algo que los beneficiara a ellos y a los imputados».
En cambio «todas las mujeres que declararon fueron sometidas a interrogatorios violentos por más de 2 horas» y cuando las abogadas se oponían «las juezas repetían: estas son las reglas del debate, debe responder».
Las letradas sostuvieron que «una testigo que se quejó ante las juezas porque las preguntas están hechas para tergiversar, y ante la pregunta de ¿por qué tengo que contestar eso? recibió como respuesta un ‘conteste señorita'».
«Ellos -los acusados- declararon ante las juezas y dijeron lo que quisieron sin responder a ninguna pregunta y también dijeron sus últimas palabras», afirmaron.
Como contrapartida, «ella (por M.S.) se presentó ante el tribunal para decir sus últimas palabras, para ser escuchada por primera vez ante las juezas. Pedimos que se retiraran los imputados de la sala. Los abogados se quejaron y las juezas deliberaron para decidir si hacían lugar a nuestro pedido cuando está expresamente establecido en la ley».
La abogadas consideran que «está más vigente que nunca en el proceso penal los estereotipos, la misoginia, la Iglesia, el clasismo, el patriarcado, todo en su máxima expresión».
«Escuchamos: ‘desahogo sexual’, ‘la vida sexual posterior es un indicio’, ‘si no se investiga la vida sexual de la que denuncia abuso no se puede hacer el juicio’, ‘como dice el Génesis’, ‘como dice Mateo 18′», reprodujeron las querellantes para graficar las frases alusivas a los defensores.
El juicio fue oral pero no público y se mantuvo bajo estricta reserva por disposición del tribunal, por lo que no se conocieron detalles del debate.
Sin embargo en el escrito difundido por las abogadas surge que la joven fue abusada mientras se encontraba afectada por la ingesta de alcohol.
En ese punto el texto de las abogadas indica que «todas las testigos afirmaron que ella, esa noche, estaba muy borracha, muy ebria, más borracha que todas, se tambaleaba, vomitó en la pieza, le lavábamos la cara en el baño».
También consignan que «seis profesionales de la salud que la atendieron desde 2012 hasta 2021, pediatra, psicólogas y psiquiatra, afirmaron que padece estrés postraumático producto del abuso sexual» a pesar de lo cual «las juezas sostuvieron que ella consintió».
En el final del escrito, las abogadas aseguraron que apelarán la sentencia: «El 28 de marzo se conocerán los fundamentos. El 11 de abril presentaremos la impugnación ante el Superior Tribunal de Justicia», subrayaron.
También la fiscalía adelantó que apelará el fallo.
«María Bottini, integrante del equipo fiscal de juicio, manifestó su desacuerdo con el veredicto absolutorio y adelantó que impugnarán la sentencia», indicó hoy un comunicado del Ministerio Público Fiscal, en línea con lo que había informado el procurador general de la provincia este fin de semana.
«No estamos de acuerdo con el modo en que se interpretó la prueba, que lo fue sin perspectiva de género, sin la aplicación de los parámetros de la ley N° 26.485, la Convención de Belén do Pará y lo que establecen en consecuencia distintos fallos tanto nacionales como internacionales», aseguró Bottini.
Por otra parte, el análisis que hizo la Fiscalía en relación al consentimiento y la influencia del estado de ebriedad, no fue seguido por el tribunal y acusan a las juezas de «haber adherido a los planteos de la defensa».
Fuentes del tribunal que presidió el juicio confirmaron que la sentencia «está en plena etapa de redacción» y lo que se difundió es un extracto que fija la postura absolutoria.
Espectáculos 🎭
Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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