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Programa Reconstruir: el Gobierno invertirá $110.000 M para terminar viviendas que el macrismo «abandonó»

El secretario de Hábitat, Santiago Maggiotti. detalló que la iniciativa planea terminar 55.000 viviendas paralizadas, que en los últimos cuatro años no se iniciaron a pesar de estar aprobadas.

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El secretario de Hábitat, Santiago Maggiotti. detalló que la iniciativa planea terminar 55.000 viviendas cuyas obras estuvieron paralizadas en los últimos cuatro años, o no se iniciaron a pesar de estar aprobadas,

Por Leandro Selén

El Gobierno destinará $ 110.000 millones al Programa Reconstruir para terminar 55.000 viviendas cuyas obras estuvieron paralizadas en los últimos cuatro años, o que directamente no se iniciaron durante la gestión anterior a pesar de ser proyectos aprobados.

«En la Argentina hay 55.000 viviendas paradas de la gestión anterior», explicó el secretario de Hábitat, Santiago Maggiotti, quien precisó que para terminar de construirlas «se destinarán recursos por $ 110.000 millones».

Maggiotti destacó que «la construcción es generadora de empleo directo e indirecto», y remarcó que «por cada peso que el Estado invierte en viviendas, la economía produce $ 2,27 adicionales».

Maggiotti explicó las claves del Programa:

¿Cómo surgió el Programa Reconstruir?

Primero que nada, es preciso destacar que es la primera vez en la historia argentina que hay un Ministerio de Vivienda (por el de Desarrollo Territorial y Hábitat), que fue una definición política del presidente Alberto Fernández. Y el proyecto que vamos a llevar adelante desde el Ministerio es la construcción de 264.000 soluciones habitacionales. Ahora, cuando asumió el ministro Jorge Ferraresi, por las charlas dentro del Ministerio, descubrimos que en Argentina hay 55.000 viviendas paradas de la gestión anterior, y nos pusimos a trabajar en un proyecto de ley para poder terminar estas viviendas. El Programa Reconstruir, si bien es un proyecto que recién salió la resolución, lo venimos trabajando con las provincias y los municipios desde hace meses. Hoy tenemos un vínculo muy aceitado con las unidades ejecutoras para terminar estas viviendas que se deberían haber terminado en la gestión anterior.

¿En cuánto tiempo estiman que estarán terminadas estas viviendas?

De las viviendas que se inició su construcción, tenemos diferentes grados de avance. Algunas están al 60%, otras al 80% y otras al 90%. Hay viviendas que se terminarán en cinco o seis meses, y otras en un año. Una parte será de terminación muy rápida a partir de que los municipios y las provincias presenten su adhesión al programa. Entonces rápidamente se va a poder ejecutar.

¿Y cuál será la incidencia en el empleo y la actividad económica?

La vivienda es generadora de empleo y cada peso que el Estado invierte en vivienda, la economía produce $ 2,27 adicionales. Por cada vivienda se estiman de dos a tres empleos directos, y además está el empleo indirecto. La industria de la construcción hace trabajar ladrilleros, fabricantes de vidrio, cerámica, aluminio, chapas, cables, varios rubros más que trabajan en la construcción, y mueve la economía general de todo un pueblo. En este caso son 55.000 las viviendas del Reconstruir. Pero se suman a las 120.000 del Plan Casa Propia, y el resto del Procrear, de los créditos que se otorgan para soluciones habitacionales, que totalizan 264.000 viviendas que se construirán en tres años, con una inversión de $ 880.000 millones.

¿En qué instancia está el plan de viviendas en general?

Ya se entregaron 7.000 viviendas, muchas de las cuales habían estado paralizadas, y lo que encontramos de parte de las unidades ejecutoras es una buena respuesta. En el Casa Propia, ya se firmaron actas de adhesión con todas las provincias por 72.000 viviendas. La mayoría de las provincias ya empezaron a poner en marcha los programas de viviendas. Provincias y municipios están presentando tierras para la construcción de viviendas por el Casa Propia. Además de los recursos, lo que hacemos desde el Ministerio es poner las características mínimas de la vivienda. Tiene que ser de hasta 64 metros cuadrados, las habitaciones no pueden ser inferiores a 3 por 3,5 metros; las aberturas no pueden tener menos de 80 centímetros y los pasillos menos de 1 metro de ancho.

En las llamadas viviendas sociales, los pasillos eran de 60 centímetros, y el barrio donde se asentaban terminaba visto como para pobres. Nosotros queremos que en estos barrios conviva toda la comunidad. El primer desafío que tomaron el ministro y el Presidente fue desterrar de nuestro concepto el término vivienda social, que fue impuesto por la dictadura militar para sacar de la memoria las viviendas de los trabajadores que había hecho (el ex presidente Juan Domingo) Perón, con techo de teja y piso de parqué. Y la otra gran definición es que todas las viviendas se van a pagar, no se entregan gratuitamente.

¿Cómo es el modo en que se pagarán estas viviendas?

Se van a diferenciar grupos por sus ingresos, desde las personas que reciben una asignación del Estado hasta quienes perciben el equivalente a siete sueldos mínimos –actualmente en $ 21.600-, y todos van a pagar un 25% de su ingreso como cuota. No se cobra interés. Es un sistema solidario de vivienda. Una parte está subsidiada, y la cantidad de cuotas se define de acuerdo con el ingreso. El máximo es de 360 cuotas. A los de mayores ingresos se les achicará el periodo de tiempo en que se pagaría la vivienda. La idea que es que sea un círculo virtuoso, que todas las viviendas que se hacen en este programa se paguen por descuento directo de ingresos, y esa plata se reinvierta en la construcción de más viviendas. Si esta política es estable a lo largo del tiempo, a partir del año 10 o 12, el sistema comienza a operar solo, el Estado no necesita poner más dinero. Y en 20 años se soluciona el problema de la vivienda en la Argentina.

El desarrollo de viviendas busca contener la emergencia habitacional

El plan puesto en marcha por el Gobierno busca solucionar el déficit habitacional de la Argentina, estimado entre 1,5 y 2 millones de viviendas, pero también atender la emergencia de familias que podrían sufrir el desalojo en medio de la pandemia, como consecuencia de haber perdido su trabajo o reducido sus ingresos.

Para ello el Ministerio de Desarrollo Territorial aprobó el Protocolo Nacional de Alerta Temprana de Desalojos de Vivienda Única y Familiar en Regímenes de Alquileres Formales.

Así se atenderá con prioridad la situación de familias monomarentales y monoparentales, personas adultas mayores o en situación de vulnerabilidad, con discapacidad y en extrema pobreza o indigencia, y a víctimas de violencia de género, en los casos que se produzcan desalojos como consecuencia de la finalización del decreto que los prohibió durante un año como consecuencia de la pandemia.

«Es una decisión política del Estado de no mirar para otro lado ante una circunstancia que para nosotros puede ser muy penosa: que familias se queden en la calle», indicó el secretario de Desarrollo Territorial, Luciano Scatolini, quien puntualizó que «hay que ser claros: nuestro país no tiene un stock de viviendas propias del Estado nacional».

Al respecto, indicó que «el modelo que el Estado nacional tiene es uno de financiamiento de unidades ejecutoras para la construcción de viviendas», y puntualizó que «ahora hay un fuerte compromiso del presidente Alberto Fernández con el programa Casa Propia, que implica 264.000 soluciones habitacionales en un plan trienal».

«Nosotros ponemos recursos públicos para construir viviendas en la Argentina. Lo garantizamos con el programa Casa Propia. En una situación que puede derivar en desalojos de contratos de alquiler instrumentamos el Protocolo. Pero hay restricciones que tenemos como gobierno nacional con una organización jurídica de tinte federal», explicó el funcionario.

En ese sentido, señaló que «las organizaciones urbanísticas no están delegadas en el gobierno nacional, sino que son de decisión autónoma en cada jurisdicción», y sostuvo que «lo que el sector necesita son mayores regulaciones urbanísticas».

«El año pasado lanzamos el Plan Nacional de Suelo Urbano, que es un instrumento que busca colaborar con las provincias, municipios y la ciudad de Buenos Aires, para lograr el primer paso hacia esa regulación que es el acceso al suelo», explicó Scatolini, quien agregó que «ahora, hace muy poco, se lanzó el Programa Nacional de Planificación y Ordenamiento Urbano».

Trabajo

Cabot cierra su planta en Campana y deja a 150 familias a la deriva

**El ajuste económico suma otra víctima: la multinacional química anunció el cierre definitivo de su planta bonaerense, donde producía negro de humo para la industria del neumático. Los trabajadores marcharon este lunes para exigir garantías sobre sus indemnizaciones.**

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150 trabajadores sin empleo: Cabot cierra y el modelo Milei destruye otro eslabón industrial

La empresa multinacional Cabot Corporation resolvió el cierre definitivo de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Campana, dejando sin trabajo a 150 personas entre empleados directos y tercerizados. La firma, especializada en la producción de negro de humo y materiales químicos de alto rendimiento, comunicó la decisión el martes pasado a través de directivos llegados desde Brasil, quienes reunieron al personal en el comedor de la planta para anunciar el cese total de las operaciones en Argentina.

La noticia que nadie esperaba

La modalidad del anuncio encendió las alarmas entre los trabajadores: sin previo aviso colectivo, sin instancias de negociación previas y con la sola mención de que «un estudio jurídico se encargaría del tema». La incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones se instaló de inmediato. Agustín, operario de la planta y padre de dos hijos, describió la situación con crudeza en declaraciones televisivas : «Vino uno de los gerentes de Brasil, juntó a todos los trabajadores en el comedor y anunció que la firma iba a cerrar su operación en Argentina y que un estudio jurídico se iba a encargar del tema. No sabemos si nos van a pagar o no. Están queriendo meter el preventivo de crisis para pagarnos un 50% menos. A nosotros no nos han pagado, no nos han echado, estamos a la deriva.»

El recurso del preventivo de crisis, un mecanismo legal que habilita a las empresas a reducir las indemnizaciones a la mitad, fue señalado por los propios trabajadores como la estrategia que la compañía planea utilizar para minimizar sus obligaciones laborales. Si se aplica, implicaría una pérdida económica directa y significativa para cada uno de los afectados.

Una lucha con décadas de historia en juego

Este lunes, los trabajadores de Cabot se movilizaron desde la planta hasta la plaza principal de Campana para presentar un petitorio ante el municipio y exigir garantías concretas. La imagen de obreros con años y décadas de trabajo al hombro reclamando en la calle resume, en términos humanos, lo que los índices macroeconómicos no siempre logran mostrar.

Mario Di Paolo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Negro de Humo, ratificó los hechos y marcó la dimensión del golpe: «El martes vinieron dos directivos de Brasil, juntaron a toda la gente en el comedor y notificaron el cese total de las tareas y el cierre definitivo de Cabot Argentina. Yo hace 15 años que estoy en Cabot y estamos con la lucha con los compañeros.» Di Paolo advirtió además sobre la situación concreta que enfrentan los operarios en el mercado laboral actual: «Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo. Los compañeros son todos mayores de 40 años, se les va a complicar mucho empezar a trabajar de vuelta.»

El drama individual de cada trabajador ilumina la magnitud del daño. Gustavo, de 52 años y con 16 años de antigüedad en la planta, expresó: «Es una sorpresa grande para todos. Ya no voy a conseguir laburo en ningún lado. Hay que remarla. Sin trabajo no hay dignidad y no hay nada. Es una vergüenza lo que hicieron.» Agustín, por su parte, señaló el impacto sobre sus compañeros de mayor trayectoria: «Tenemos compañeros con más de 30 años en la fábrica que saben que no consiguen más trabajo, porque uno con esa edad para el sistema ya queda obsoleto.»

Una decisión «netamente comercial» en un contexto de desguace

Uno de los testimonios más contundentes fue el de un trabajador con 26 años de antigüedad en la empresa, quien rechazó los argumentos de la firma: «Siempre pusimos el pecho en todas las crisis, pasamos por muchas, por eso es inentendible la situación que nos plantean hoy. No es un problema de productividad, es una decisión netamente comercial. Es una pena que tomen esta decisión y dejen a 150 familias sin trabajo.»

En el sector señalan que la crisis en la industria del neumático, agravada por las dificultades atravesadas por FATE, uno de los principales clientes históricos de la producción de negro de humo de la planta, contribuyó a deteriorar la ecuación comercial de Cabot en Argentina. Sin embargo, los propios trabajadores insisten en que la decisión responde a una estrategia corporativa global, no a un problema de desempeño local.

El costo humano del modelo

El cierre de Cabot no es un episodio aislado. Se inscribe en un proceso de desindustrialización acelerada que distintos relevamientos privados y sindicales estiman en más de 320.000 puestos de trabajo perdidos y alrededor de 15.000 industrias cerradas en todo el país desde diciembre de 2023. Ese proceso tiene coordenadas precisas: apertura importadora, contracción del mercado interno, retracción del consumo y deterioro sostenido del poder adquisitivo, factores que la gestión de Javier Milei asume como costos necesarios del «saneamiento macroeconómico.»

El propio contexto inflacionario agrava la situación de quienes pierden el empleo. Según datos del INDEC de marzo de 2026, la Canasta Básica Total (CBT) registró una variación interanual del 30,4%, lo que significa que los trabajadores desplazados enfrentan simultáneamente la pérdida de ingresos y un costo de vida que se mantiene en niveles críticos. A eso se suma que el gasto primario del Estado cayó un 5,1% interanual adicional en el primer trimestre de 2026, según datos del Foro Economía y Trabajo, reduciendo aún más la red de contención disponible para quienes quedan fuera del mercado laboral.

En ese marco, la promesa oficial de que el ajuste tiene un horizonte de alivio choca con la realidad cotidiana de trabajadores que, a los 40, 50 o 52 años, saben que el sistema productivo argentino actual no tiene lugar para ellos.

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