Entrevista
Julia Calvo: “Como artista quisiera ser como Nelly Omar”
La actriz se abre con El Argentino sobre el vértigo de ponerse en la piel de Nelly Omar en “Ellas son tango”, la sobreexposición de MasterChef, las rivalidades entre mujeres y las elecciones íntimas que le cambiaron el guion de su vida.
Del otro lado del teléfono, Julia Calvo suena con la serenidad de quien atraviesa un presente intenso pero feliz. Actriz, directora teatral y docente de la Escuela Nacional de Arte Dramático, cuenta en El Argentino desde cómo vive la exposición masiva de MasterChef a su presente teatral con Ellas son tango. Las mujeres que marcaron el compás, uno de los títulos más convocantes de la avenida Corrientes, en el teatro Astral de jueves a domingo.
En la obra comparte escenario con Andrea Ghidone, Marisol Otero y Anita Martínez, y encarna a Nelly Omar, figura fundamental del tango y de la historia política argentina.
Un personaje que vuelve
“Andrea me convocó para hacer una Nelly Omar que yo ya había compuesto en 2013, en Manzi, la vida en Orsay”. Volver a ella fue, según explica, “un revivir ese universo que había compuesto en aquel momento, con la diferencia de que en vez del vínculo con Homero, ahora es el vínculo con estas colegas, algunas más contemporáneas que otras, con cosas parecidas y diferencias”.

El desafío, explica, es lograr que cuatro figuras tan potentes convivan en escena sin anularse. La clave, para ella, está en el vínculo humano antes que en la técnica. “Mirándose, comunicándose y confiando en el otro”. Y ejemplifica con el cruce entre Nelly Omar y Libertad Lamarque: “Con Libertad Lamarque, que fue un personaje tan opuesto al de Nelly, no sólo en el canto sino también desde su posición política: ambas estuvieron exiliadas; sin embargo, se juntan en un abrazo a pesar de pensar diferente, cosa que sería maravilloso que suceda en la realidad”.
Nelly hoy
Para la actriz, la historia de estas mujeres dialoga de manera directa con el presente. “Creo que es absolutamente actual, porque a pesar de que Nelly sabe que no va por ahí, sigue defendiendo lo que piensa, y eso está bueno”, y agrega que “ella ha sido una mujer que mantuvo su forma de pensar desde siempre, aun estando enamorada de alguien que era completamente contrario a su posición”.
Su conexión con el personaje ha dejado huellas en Julia, más allá de una profunda admiración. De hecho, sin dudarlo confiesa que “como artista, en realidad quisiera ser como ella”.
Uno de los aspectos que más le conmovieron fue la relación con Homero Manzi: “Para Nelly fue tremendo que Homero la deje, sin embargo, cuando él se enfermó ella estuvo al lado suyo hasta el final”, y agrega: “Acompañar amablemente a una persona en los peores momentos a mí me conmueve. Me interpela, hay que ser sensible y fuerte a la vez para lograr eso con amor”.
El desafío de ser ella misma
Cuando le llegó la oportunidad de participar en MasterChef, Julia Calvo se hizo una pregunta que la descolocó: “Pero qué estoy haciendo si no es lo que yo sé hacer”. La duda no estaba puesta en la cocina sino en la exposición de mostrarse sin un personaje que la protegiera.
“Fue de los proyectos más difíciles de abordar, porque al no tener que componer un personaje, sentía que no había mucha gracia en mí como personaje”. Con el correr de los programas, “me hice amiga de todos los utensilios, de la propuesta de ese reloj que te tiene loca durante una hora, y bueno, fue una experiencia muy diferente a la que he vivido hasta hoy en mi carrera”, confiesa.
Para la actriz, el reality construye una intimidad particular, parecida a la de las ficciones diarias: “Desde el primer momento se armó un grupo muy unido, es más nos entristece cuando alguien se va sabiendo que es una competencia y que uno es el ganador”.
Sobre Wanda Nara, conductora del ciclo y centro de muchas lecturas mediáticas, prefiere hablar desde lo que vivió y no desde lo que se comenta: “En mi impresión, Wanda me parece tan natural y real, fuera y delante de las cámaras”. Esa mirada, admite, también tuvo un costo: “Me mataron”.
Mujeres bajo la lupa
El diálogo deriva entonces hacia un tema que excede a MasterChef y atraviesa a los medios: la forma en que suele construirse la rivalidad entre mujeres. El caso de Wanda Nara y la China Suárez aparece como telón de fondo inevitable.
Con su pícara astucia, Julia vuelve a su territorio teatral para pensar ese fenómeno: “Ahí volvemos a Libertad y Nelly. Se pueden abrazar igual. Aunque no creo que en este caso vaya a pasar”. En este sentido, se mira a sí misma con ironía y recuerda cómo habría reaccionado años atrás: “Me acuerdo de mí en mi adolescencia y digo: ‘Yo estaría con los colmillos tratando de hincárselos a la otra’”.
La actriz trae una anécdota personal que pinta otra época y otra forma de vincularse: “Me acuerdo que tendría 20 años y corté con un novio que estaba más bueno que el Quaker, y una amiga mía me dijo: ‘Juli, ¿vos te separaste? Sí. Ay, ¿puedo salir yo con él? Claro’. Esas cosas pasan. El tema es cómo uno lo paga después”.
Hoy, reconoce que las situaciones son más complejas: “Acá hay hijos, todo un bolonqui que en mis 20 años no lo tenía y tampoco podría aconsejar a nadie porque no tengo hijos”.
De esa reflexión sobre los vínculos y las miradas ajenas, Julia admite que el reality la enfrentó a un territorio desconocido. “En MasterChef me sentí realmente mucho más expuesta, y no desde un trabajo de personaje o artístico, expuesta en mi ser y dije: ‘¡Hará falta!’. Y por otro lado, cuando me fui, dije: ‘¡Cómo se extraña!’. Entonces hay un doble juego ahí también de esta exposición. Por ahí uno dice que no y por ahí se mete sin querer en un mundo que pensaba que no era para mí”.
Lo que sí tiene claro es cuál es su límite personal en cuanto a realities: “No me metería dentro de una casa a convivir porque no sabría cómo encararlo”.
Lo que la vida fue decidiendo
La charla se vuelve más íntima cuando aparece el tema de las elecciones personales. Por ejemplo, la maternidad. “En un momento yo era la Susanita de mi casa y soy de todas las hermanas la que no tuvo hijos. Todo el mundo me veía casada con ocho hijos y, de repente, no fue”, cuenta sin dramatismo, con la serenidad de quien mira su propia historia sin cuentas pendientes. “Estaba de novia, tenía esas ganas, pero el trabajo fue ganando espacio, fue pasando el tiempo y después ya no pude tener. Y luego dije: ‘Adoptar sola, no’”, confiesa.
No hay reproche en su voz, más bien una aceptación serena del camino recorrido. “Hoy digo: ‘Bueno, lo dejo para la próxima’”, bromea. Y enseguida completa: “Tengo muchos sobrinos hermosos y otros que no son sobrinos y me dicen tía”. Ese entramado afectivo, asegura, es su gran refugio: “Estar rodeada de amor es una de las cosas más importantes y de los logros más lindos”.
El próximo acto
El futuro inmediato la encuentra otra vez expectante, con proyectos que todavía no puede revelar del todo. “Tengo dos propuestas de teatro, las dos son bellas, pero si una de ellas sale me voy a sentir Gardel y Lepera”, dice entre risas.
Fiel a ese entusiasmo que la acompaña desde el inicio de la conversación, Julia confirma que, más allá de los personajes y de las luces, sigue eligiendo lo esencial: el trabajo, el afecto y la posibilidad -siempre renovada- de contar historias.
Entrevista
Taty Almeida: “Tenemos que cuidar y fortalecer esta democracia, y también exigir”
La Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora dialogó con El Argentino en una charla íntima y emotiva en la que transmitió su mensaje de amor y lucha.
Por Andrea Reyes
Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, abrió las puertas de su hogar en el barrio de Palermo y también su corazón. Fotos y más fotos en color y blanco y negro, cuadros pintados y hasta una pared con los llaveros que colecciona. La emoción interpela en todo momento, pero ella no pierde la sonrisa y la frescura. Sin dudas es una mujer resiliente que, aún con sus 96 años, tiene un espíritu joven.

“Para mí la juventud es un estado. Obvio que con los años hay achaques, pero yo tengo muchos nietos y doy charlas generalmente a jóvenes, entonces eso me ayuda. No me he quedado en mi casa, en realidad, ninguna madre se quedó en su casa. Soy docente y nunca me imaginé que después de tantos años de jubilada iba a seguir ejerciendo la docencia por la vida con un pañuelo blanco en la cabeza”.
-Está contenida por los afectos
-Tengo tres hijos, Jorge, Alejandro y María Fabiana, y nunca les hice sentir que Alejandro es el mejor porque es el que no está. Los tres están igual, pero el agujero no me lo llena nadie. Mis hijos siempre están, lo mismo que mis nietos y ahora mis bisnietas. La familia es grande y muy unida. Yo podía tener la marcha más importante, pero si alguno de ellos decía algún versito en el colegio, llegaba tarde a la marcha, pero yo estaba ahí. Por eso me dicen que estoy recogiendo lo que sembré.

-¿Cómo es un día en su vida?
-Yo tengo una consigna: militancia y joda, por supuesto no estoy para ir a un boliche, pero me encanta ir al teatro, salir con amigas, nietos. Te puedo asegurar que en esos momentos veo a mi hijo Alejandro muerto de risa, comentando: «Miren la gorila de mierda en qué se convirtió», y sé que él está muy orgulloso de mí.
-¿Cuándo lo detuvieron él estaba estudiando medicina?
-Sí, él tenía 20 años y estaba cursando el primer año de medicina y trabajaba en el Instituto Geográfico Nacional y en Télam. Antes que nada Alejandro era un militante político. Por eso cuando algún iluminado dice: «por algo será que se lo llevaron», las madres y las abuelas, con mucho orgullo decimos que claramente “fue por algo” que se los llevaron. No fue ni por estúpidos, ni por perejiles.

-¿Cómo era su vida antes de la desaparición de Alejandro?
-Toda mi familia era militar. Cuando ese 17 de junio de 1975 Alejandro desaparece, antes del golpe cívico-militar-clerical, él me dijo: «Mamá, mañana no voy a trabajar porque tengo un parcial». Fue lo último que escuché de mi hijo. Al otro día encuentro una agenda y en las últimas 24 hojas, 24 poesías. Las leí una y otra vez; me dejó una a mí, era una despedida, él sabía que iba a morir. Al leerlas, empecé a conocer la otra faceta de Alejandro. Comencé a buscarlo por mi cuenta, no tenía idea a dónde ir, entonces recurrí a mis conocidos.
-¿Cómo fue desconfiar de su propio entorno?
-Mi cabeza no podía concebir que mis conocidos ya eran los responsables. Después de muchos años, un periodista me preguntó qué sentí ese 24 de marzo, y le contesté: «Te lo voy a responder con la mente que tenía antes de ser parida por Alejandro, porque mi hijo parió a Taty Almeida: ‘Al fin se van estos negros de mierda y vienen mis conocidos y voy a recuperar a mi hijo'».
-Y en el ’79 se acerca a Madres de Plaza de Mayo
-A finales de ese año fuimos con mi hija a la casa de Madres. Me atendió María Adela Gard y me preguntó: «¿Quién te falta a vos?». No importaba política, religión, por fin hice mi catarsis. En un momento le dije, «ay María Adela, qué estúpida que he sido» y me dijo: «Cada madre se acercó cuando fue su momento, y este es el tuyo».
-¿Cómo vivieron el Juicio a las Juntas?
-«Dios mío, al fin empezamos a respirar otro aire», pensábamos. Después, lamentablemente, llegaron las leyes de impunidad, y más tarde le siguió el que no quiero nombrar, que indultó a los pocos que habían sido condenados y quería tirar abajo la exESMA.

-¿Quién fue Néstor Kirchner para las Madres, las Abuelas?
-Como él mismo lo reconoció, es nuestro otro hijo. Fue el primer presidente que nos escuchó y que tomó a los derechos humanos como política de Estado, no de un gobierno. Se derogaron las leyes de impunidad y ahí pudimos seguir juzgando en la Argentina a los genocidas y sus cómplices. Cristina lo continuó. Fueron 10 años de tranquilidad hasta que llegó la primera pandemia, Macri. Y así llegamos hasta acá, y que Dios nos ayude.
-¿Cómo ve el panorama actual?
-Estoy muy preocupada, pero también muy esperanzada que la gente reaccione. Creo que sobre todo los jóvenes que lo han votado, vieron en Milei la novedad. Están fascinados con este loco, que no es ningún loco.
-¿Qué es lo que más rescata de los 40 años de la vuelta a la democracia?
-Lo que más rescato y celebro es que estamos permanentemente eligiendo un gobierno, que no haya más golpes militares. Por eso tenemos que cuidar y fortalecer esta democracia, y también exigir.
–¿Qué les diría a los más jóvenes?
-En las charlas les decimos que lógicamente estamos pasando momentos difíciles, pero que cuando estén un poco caídos, no abandonen la lucha, porque como hacemos y decimos hace 50 años: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Tienen que seguir adelante y cuando estén medio desilusionados, decir bien fuerte: «Si las Madres pudieron, por qué no nosotros».
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