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El caso Apablaza y el nuevo Plan Cóndor: el trasfondo del encuentro entre Milei y Kast

El Gobierno argentino reactivó el pedido de captura del ex guerrillero chileno tras un fallo judicial que revocó su refugio, en medio de la visita oficial de la ultraderecha trasandina.

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​★ En un movimiento que coincide con la inminente llegada al país del presidente chileno José Antonio Kast, la justicia argentina y las fuerzas de seguridad aceleraron el proceso de extradición de Galvarino Apablaza. El exlíder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), quien residió en Argentina durante más de veinte años bajo el estatus de refugiado político, no fue hallado en su domicilio de Moreno durante un operativo de la Policía Federal. La orden de detención, emitida por la jueza federal María Servini, busca cumplir con el requerimiento de la justicia de Chile por el asesinato del senador Jaime Guzmán en 1991.

​El refugio como frontera democrática

​La situación de Apablaza, de 75 años, representa un punto de inflexión en la política de derechos humanos de la región. En 2010, bajo la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE) otorgó al ciudadano chileno el asilo político, al considerar que en su país de origen no estaban garantizadas las condiciones para un juicio justo debido a la persistencia de enclaves del pinochetismo en el Poder Judicial. Aquella decisión bloqueó la entrega de Apablaza, a pesar de que la Corte Suprema de Justicia había autorizado la extradición previamente.

​Con el ascenso de Javier Milei al Ejecutivo y el retorno de la derecha dura en Chile, el escenario legal giró drásticamente. En febrero de 2026, una cámara federal confirmó la revocación del refugio, una medida que la defensa de Apablaza calificó como ilegal. Los abogados del exdirigente sostienen que la medida no está firme y que aún rigen las protecciones de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, que impiden la devolución de una persona a un Estado donde su vida o libertad corran peligro por causas políticas.

​Una agenda de impunidad y coordinación represiva

​La visita de José Antonio Kast a Buenos Aires, programada para este domingo, tiene como eje central la seguridad y la cooperación ideológica entre ambas administraciones. Según fuentes diplomáticas consultadas, el «caso Apablaza» figuraba como un punto prioritario en la agenda bilateral. La sincronía entre el fallido operativo policial en Moreno y el arribo del mandatario chileno sugiere una coordinación política que busca saldar una deuda histórica de la derecha trasandina con el legado de Jaime Guzmán, ideólogo de la constitución de la dictadura de Augusto Pinochet.

​El plan coordinado, según informaron autoridades chilenas, contemplaba el traslado inmediato de Apablaza en un vuelo de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) para recluirlo en la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago. Tras el fracaso de la captura, el Ministerio del Interior de Chile solicitó formalmente informes a Buenos Aires, mientras que el gobierno de Milei ratificó que la búsqueda continúa para garantizar la entrega del militante.

​Antecedentes de una causa politizada

​El asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards son los cargos que la justicia chilena imputa a Apablaza como presunto autor mediato. Sin embargo, la trayectoria del exguerrillero está marcada por su resistencia activa contra la dictadura de Pinochet, lo que le valió el reconocimiento de diversos organismos sociales y políticos que ven en este proceso una persecución política tardía. Durante el gobierno de Mauricio Macri, ya se realizaron intentos para quitarle el estatus de refugiado, pero las presentaciones judiciales de la defensa lograron postergar la definición hasta el actual contexto de alineamiento total entre la Casa Rosada y el Palacio de La Moneda bajo el signo de la ultraderecha.

​Puntos clave

  • ​La jueza federal María Servini ordenó la detención de Galvarino Apablaza para hacer efectiva su extradición.
  • ​El operativo de la Policía Federal en el partido de Moreno resultó fallido y el exdirigente es buscado como prófugo.
  • ​La defensa sostiene que la revocación de su estatus de refugiado no es una decisión firme.
  • ​El operativo coincide con la visita oficial del presidente chileno José Antonio Kast a la Argentina.
  • ​Apablaza contaba con protección política en el país desde el año 2010. ★

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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