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Investigación 🔬

El “Big One” y las fallas activas en Córdoba: un geólogo advierte sobre el riesgo sísmico en Argentina

En lo que va de 2026 se registraron al menos 11 terremotos de gran magnitud en el mundo, y un geólogo argentino advierte que la Argentina no está exenta: fallas activas en Córdoba, infraestructura crítica mal ubicada y normas sismorresistentes que se cumplen a medias configuran un escenario de vulnerabilidad que el Estado no termina de abordar.

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Un geólogo advierte: hay fallas activas en Córdoba y la Central Nuclear de Río Tercero está sobre una de ellas.

La seguidilla de terremotos que sacudió el planeta en los primeros meses de 2026 encendió alertas en la comunidad científica internacional. Entre los eventos más recientes y destructivos se cuentan dos sismos en Indonesia, de magnitudes 7,4 y 7,7, y un terremoto de 7,4 en Colombia que dejó centenares de muertos y miles de damnificados. En ese contexto, el geólogo argentino Andrés Folguera analizó el fenómeno y advirtió sobre riesgos concretos que afectan al propio territorio nacional, donde la planificación territorial frente al peligro sísmico es, según el especialista, gravemente deficitaria.

El Cinturón de Fuego y la mecánica del desastre

Los eventos sísmicos de este año se concentran, en su mayoría, en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, un arco geológico donde el fondo del océano se hunde bajo los continentes a una velocidad promedio de 6 centímetros por año. Ese proceso de subducción deforma las placas tectónicas, que se arquean de manera progresiva hasta liberar de forma abrupta la energía acumulada en forma de sismo. Japón, Filipinas, México, Chile y Colombia integran ese cinturón de alta actividad, y su recurrencia catastrófica no es casualidad sino consecuencia directa de su posición geológica.

Folguera señaló que «a veces los grandes sismos gatillan otros grandes sismos al cabo de semanas o años», lo que explica parcialmente la acumulación de eventos de gran magnitud observada en el período reciente. El especialista también mencionó factores externos, como las mareas inducidas por la Luna y el Sol, que pueden influir en la propensión sismológica de determinadas zonas. Sin embargo, subrayó que la ciencia aún no puede predecir el momento exacto de un terremoto: la prioridad de los expertos, por eso, debe ser la planificación territorial basada en el conocimiento de las fallas activas existentes.

El «Big One»: magnitud 9,5 y consecuencias que se cuentan por décadas

El concepto del «Big One» designa un terremoto proyectado de magnitud 9,5, comparable al de Valdivia en 1960, el mayor registrado en la historia instrumental. Para dimensionar su potencia, Folguera precisó que un sismo de 9,5 libera 1.000 veces más energía que uno de 7,5. Contrariamente a la creencia popular que lo sitúa en California, el geólogo indicó que el próximo gran terremoto de ese calibre no se espera necesariamente en ese estado sino en la zona de Canadá, específicamente en la isla de Vancouver, donde las condiciones geológicas están dadas para un evento catastrófico que podría afectar la economía canadiense por décadas.

La diferencia de escala entre un sismo de 7,5 y uno de 9,5 no es solo cuantitativa: implica una capacidad destructiva cualitativamente distinta sobre la infraestructura urbana, los sistemas de salud, las redes de energía y las cadenas de abastecimiento. En países con economías frágiles, un evento de esa magnitud puede interrumpir décadas de desarrollo en cuestión de horas.

Fallas activas en Córdoba: la amenaza ignorada

En el plano local, Folguera advirtió sobre la falla de la Sierra Chica, en Córdoba, una estructura activa sobre la cual existen muy pocos datos de recurrencia. La falta de información sistemática sobre ese tipo de fallas no significa que el riesgo sea menor: significa que el Estado no invirtió lo suficiente en relevarlo. Y esa omisión tiene consecuencias directas sobre las decisiones de planificación urbana e infraestructura.

El especialista fue particularmente crítico respecto a la ubicación de infraestructura crítica sobre zonas de riesgo: «No hay que construir arriba de fallas activas, ni poner centrales atómicas o hospitales en esas zonas», sentenció. La Central Nuclear de Río Tercero, según señaló, se encuentra situada directamente sobre fallas activas, una situación que la comunidad científica viene advirtiendo sin que se hayan adoptado medidas correctivas de fondo. La misma lógica, indicó, se repite en provincias como San Luis, donde se detectaron hospitales en zonas de riesgo sísmico, y en ciudades como Salta y Tucumán, que experimentaron un crecimiento urbano acelerado con edificios de altura sobre terrenos propensos a desplazamientos.

Normas sismorresistentes que se cumplen a medias

El déficit no es solo geológico sino también normativo y político. En Mendoza, una de las provincias de mayor sismicidad del país, el Colegio de Ingenieros denunció que entre el 30% y el 40% de la infraestructura existente cumple con las normas sismorresistentes. El resto, es decir entre el 60% y el 70% del parque construido, no las respeta. Construir bajo esos estándares es más costoso en el corto plazo, pero evita desastres económicos de largo alcance que ningún Estado puede solventar sin endeudamiento o recortes a otras áreas.

Folguera graficó el costo humano y económico con el ejemplo de Colombia, que podría afrontar gastos de 1.000 millones de dólares solo para la reconstrucción posterior a sus recientes terremotos. Y advirtió: «Argentina vive en situaciones de fragilidad económica; un desastre que destruyera una ciudad de la cordillera sería un desastre económico para el país». Desde 2017 hasta la actualidad, se registraron en el territorio argentino cerca de 100 terremotos potencialmente destructivos de entre 6,5 y 7,5 grados, una estadística que contrasta con la escasa atención pública y presupuestaria destinada a la prevención.

En un país que recorta gasto en ciencia, infraestructura y planificación estatal, la sismicidad no figura en la agenda de prioridades del Gobierno nacional. Pero las fallas geológicas no leen decretos ni esperan que el ajuste termine.

Puntos clave

  • En 2026 se registraron al menos 11 terremotos de gran magnitud, incluidos sismos de 7,4 y 7,7 en Indonesia y 7,4 en Colombia.
  • El geólogo Andrés Folguera advirtió sobre fallas activas en Córdoba (Sierra Chica) con escasos datos de recurrencia relevados por el Estado.
  • La Central Nuclear de Río Tercero estaría ubicada sobre fallas activas, según señaló el especialista.
  • Entre el 60% y el 70% de la infraestructura de Mendoza no cumple con normas sismorresistentes, según el Colegio de Ingenieros provincial.
  • Desde 2017, Argentina registró cerca de 100 terremotos potencialmente destructivos de entre 6,5 y 7,5 grados.

Ciencia 🧬

La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.

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El Nobel que abre el cerebro: una técnica con luz que ningún fármaco pudo lograr ya tiene premio y promete cambiar la medicina.

El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.

El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

El estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel ganaron el Nobel por el desarrollo de la optogenética.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética

Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.

A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.

Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.

Una nueva era para la neurociencia

La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».

Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.

Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más

El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.

Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.

Quiénes son los premiados

Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.

Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.

Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.

Lo que tenés que saber:

  • El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
  • La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
  • La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
  • Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
  • El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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