Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, abrió las puertas de su hogar en el barrio de Palermo y también su corazón. Fotos y más fotos en color y blanco y negro, cuadros pintados y hasta una pared con los llaveros que colecciona. La emoción interpela en todo momento, pero ella no pierde la sonrisa y la frescura. Sin dudas es una mujer resiliente que, aún con sus 96 años, tiene un espíritu joven.
Fotos: Eloisa Molina
“Para mí la juventud es un estado. Obvio que con los años hay achaques, pero yo tengo muchos nietos y doy charlas generalmente a jóvenes, entonces eso me ayuda. No me he quedado en mi casa, en realidad, ninguna madre se quedó en su casa. Soy docente y nunca me imaginé que después de tantos años de jubilada iba a seguir ejerciendo la docencia por la vida con un pañuelo blanco en la cabeza”.
-Está contenida por los afectos
-Tengo tres hijos, Jorge, Alejandro y María Fabiana, y nunca les hice sentir que Alejandro es el mejor porque es el que no está. Los tres están igual, pero el agujero no me lo llena nadie. Mis hijos siempre están, lo mismo que mis nietos y ahora mis bisnietas. La familia es grande y muy unida. Yo podía tener la marcha más importante, pero si alguno de ellos decía algún versito en el colegio, llegaba tarde a la marcha, pero yo estaba ahí. Por eso me dicen que estoy recogiendo lo que sembré.
Fotos: Eloisa Molina
-¿Cómo es un día en su vida?
-Yo tengo una consigna: militancia y joda, por supuesto no estoy para ir a un boliche, pero me encanta ir al teatro, salir con amigas, nietos. Te puedo asegurar que en esos momentos veo a mi hijo Alejandro muerto de risa, comentando: «Miren la gorila de mierda en qué se convirtió», y sé que él está muy orgulloso de mí.
-¿Cuándo lo detuvieron él estaba estudiando medicina?
-Sí, él tenía 20 años y estaba cursando el primer año de medicina y trabajaba en el Instituto Geográfico Nacional y en Télam. Antes que nada Alejandro era un militante político. Por eso cuando algún iluminado dice: «por algo será que se lo llevaron», las madres y las abuelas, con mucho orgullo decimos que claramente “fue por algo” que se los llevaron. No fue ni por estúpidos, ni por perejiles.
Fotos: Eloisa Molina
-¿Cómo era su vida antes de la desaparición de Alejandro?
-Toda mi familia era militar. Cuando ese 17 de junio de 1975 Alejandro desaparece, antes del golpe cívico-militar-clerical, él me dijo: «Mamá, mañana no voy a trabajar porque tengo un parcial». Fue lo último que escuché de mi hijo. Al otro día encuentro una agenda y en las últimas 24 hojas, 24 poesías. Las leí una y otra vez; me dejó una a mí, era una despedida, él sabía que iba a morir. Al leerlas, empecé a conocer la otra faceta de Alejandro. Comencé a buscarlo por mi cuenta, no tenía idea a dónde ir, entonces recurrí a mis conocidos.
-¿Cómo fue desconfiar de su propio entorno?
-Mi cabeza no podía concebir que mis conocidos ya eran los responsables. Después de muchos años, un periodista me preguntó qué sentí ese 24 de marzo, y le contesté: «Te lo voy a responder con la mente que tenía antes de ser parida por Alejandro, porque mi hijo parió a Taty Almeida: ‘Al fin se van estos negros de mierda y vienen mis conocidos y voy a recuperar a mi hijo'».
-Y en el ’79 se acerca a Madres de Plaza de Mayo
-A finales de ese año fuimos con mi hija a la casa de Madres. Me atendió María Adela Gard y me preguntó: «¿Quién te falta a vos?». No importaba política, religión, por fin hice mi catarsis. En un momento le dije, «ay María Adela, qué estúpida que he sido» y me dijo: «Cada madre se acercó cuando fue su momento, y este es el tuyo».
-¿Cómo vivieron el Juicio a las Juntas?
-«Dios mío, al fin empezamos a respirar otro aire», pensábamos. Después, lamentablemente, llegaron las leyes de impunidad, y más tarde le siguió el que no quiero nombrar, que indultó a los pocos que habían sido condenados y quería tirar abajo la exESMA.
Fotos: Eloisa Molina
-¿Quién fue Néstor Kirchner para las Madres, las Abuelas?
-Como él mismo lo reconoció, es nuestro otro hijo. Fue el primer presidente que nos escuchó y que tomó a los derechos humanos como política de Estado, no de un gobierno. Se derogaron las leyes de impunidad y ahí pudimos seguir juzgando en la Argentina a los genocidas y sus cómplices. Cristina lo continuó. Fueron 10 años de tranquilidad hasta que llegó la primera pandemia, Macri. Y así llegamos hasta acá, y que Dios nos ayude.
-¿Cómo ve el panorama actual?
-Estoy muy preocupada, pero también muy esperanzada que la gente reaccione. Creo que sobre todo los jóvenes que lo han votado, vieron en Milei la novedad. Están fascinados con este loco, que no es ningún loco.
-¿Qué es lo que más rescata de los 40 años de la vuelta a la democracia?
-Lo que más rescato y celebro es que estamos permanentemente eligiendo un gobierno, que no haya más golpes militares. Por eso tenemos que cuidar y fortalecer esta democracia, y también exigir.
–¿Qué les diría a los más jóvenes?
-En las charlas les decimos que lógicamente estamos pasando momentos difíciles, pero que cuando estén un poco caídos, no abandonen la lucha, porque como hacemos y decimos hace 50 años: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Tienen que seguir adelante y cuando estén medio desilusionados, decir bien fuerte: «Si las Madres pudieron, por qué no nosotros».
EXCLUSIVO: Pablo Grillo y la vida después del disparo que lo dejó “casi contándola desde el cielo”
En una charla íntima, el fotógrafo cuenta sobre la vida después del ataque: el apoyo de su familia, lo espiritual, la ausencia de rencor y la esperanza de justicia. También recuerda sus comienzos con la fotografía y los sueños que lo empujan a seguir.
En una tarde de abril, de esas en las que el sol parece querer quedarse un rato más, la escena tiene algo de refugio: banderines colgados, una foto de Maradona y unos mates que circulan sin apuro. La charla es íntima. Pablo Grillo habla sin solemnidad, con una mezcla de liviandad y profundidad que atraviesa toda la conversación.
“Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
“Hoy estamos alucinante, ATR. Estamos bien. Que no es poco”, dice, después de un año que define como “de casi contarla desde el cielo”. Su vida, admite, ya no es la misma. Cambió el ritmo, cambió la forma de moverse y también ciertas rutinas que antes eran naturales. “Ya no hago los mismos recorridos que hacía antes de salir al barrio… no por cuestión de que no lo puedo hacer, sino que no sé cómo hacerlo”.
La transformación también se mete en lo cotidiano, incluso en lo afectivo. Hace quince años que está en pareja, pero todavía no volvió a verla. “Estoy esperando que me llegue el mensaje”, sin enojo, más bien con una calma que sorprende después de todo lo vivido.
“La veo con otra carrera, con otro ritmo”, dice sobre la vida. Y, fiel a su forma directa de hablar, lo resume con una imagen brutal: “A lo mejor los noviazgos son para 20 años, o no… pero después te agarra un pelotudo, te pega un bombazo en la cabeza y te entierra”.
El día “D”
El 12 de marzo de 2025 no es un recuerdo lineal, pero tampoco se borró. Hay fragmentos nítidos: dos amigos, los únicos rostros conocidos entre la confusión, y la necesidad de no quedarse solo. “Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
El momento más crítico fue en la ambulancia. “Ahí sentí que me tenía que dejar hinchar las pelotas. Fueron 10 minutos”. Después, la intervención médica y el sistema de salud hicieron lo suyo: “Con toda la salud pública encima… me fui tranquilizando”.
No habla de miedo. Hace una distinción precisa: “Miedo no. Respeto. Respeto por lo que podría venir”.
Del gendarme que disparó (Héctor Guerrero) no tiene una imagen clara. No recuerda un gesto, ni una reacción. Sí, en cambio, una lógica: la de alguien que cumple un rol sin detenerse. Si lo tuviera enfrente, no imagina revancha. “Le tocaría el hombro y le diría: loco, tenés buena puntería, pero bajá un cambio. Bajá un cambio que tenemos vida por delante”.
Lo que lo sostuvo
En la reconstrucción, hay un sostén claro: su familia. Se aferra a su madre y a su padre, especialmente a su padre, a quien define como un referente. “Mi viejo es un líder para mí. Es un chabón que lo tengo ahí arriba. Y mi vieja también”, y agrega: “El chabón se cargó al hombro lo de los medios y salió en todos los medios”. También a su hermano, con quien creció entre discusiones y peleas típicas de la edad.
El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).Fotos: Lu del Mármol (@ludelmarmol) https://www.instagram.com/ludelmarmol
Los amigos ocupan otro lugar central. Los nombra con orgullo, como una red que creció incluso en medio de la adversidad. También aparece la ausencia de uno de ellos, que murió en un viaje. Una pérdida que atraviesa el relato con naturalidad, sin dramatizar.
A ese entramado se suma algo más difícil de definir. Grillo no se declara creyente en términos tradicionales, pero reconoce que algo cambió. Las muestras de afecto, los mensajes, las personas que rezaban por él lo llevaron a acercarse a una idea de lo espiritual. “Mucha gente venía y me decía, estamos orando por vos, entonces con esas cosas me fui aferrando un poquito más», comenta. “No es joda ser creyente”, resalta.
Contar y ser contado
La fotografía aparece como hilo de continuidad: “La cámara es un objeto que vi siempre”. Empezó de chico, casi como un juego heredado: su padre tenía una cámara y él la tomó como propia. De los cumpleaños y eventos familiares pasó a formarse y a construir un oficio.
Hoy se define como documentalista. Alguien que sale a buscar historias.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Después de lo que vivió, esa mirada cambió. Ya no se trata solo de registrar, sino de entender mejor lo que está pasando. De anticipar, de leer el contexto.
También cambió su lugar: por primera vez, fue protagonista de una historia que otros contaron. Aun así, no hay rencor. “Cada uno actuó como tenía que actuar”, dice. Y agrega: “no siento rencor, y si lo siento, ya lo voy a liberar”.
Violencia institucional y la búsqueda de justicia
Cuando habla de política, el tono se vuelve más áspero. Recuerda la reacción pública de Patricia Bullrich y la indignación que le generó. Con Javier Milei es más directo, sin matices: “Es una basura”.
Cuestiona el rumbo del país y la dirigencia, y no oculta su posicionamiento político: se define abiertamente como “re-kirchnerista” y mantiene una identificación fuerte con Cristina Fernández de Kirchner, a quien incluso pudo saludar en una videollamada tras su internación y confiesa que le gustaría visitar.
En el plano judicial, su mirada apunta más arriba del autor material. Cree que el proceso no puede quedarse solo en quien disparó. “Agarraron al gendarme, pero las cabezas para arriba, bien, gracias”, dice. Y lo grafica con su propio lenguaje: “Están lavando los tuppers… y no es el único tupper”.
Lo que espera es claro: que la justicia avance y que lo haga de manera integral. “Lo tiene que hacer para que la gente vuelva a creer en ella”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Lo que viene
Después de pasar un año internado, volvió a su casa en marzo de este año. Pablo hoy se mueve con cierta cautela, pero también con decisión. Se siente acompañado, reconocido incluso por gente que no conoce. Eso todavía lo sorprende.
No volvió a la cancha -es hincha de Club Atlético Independiente, pasión heredada de su padre- por recomendación médica, pero tiene claro que quiere volver a hacer lo que hacía. Salir, estar, registrar. “Voy a ir al mismo lugar y voy a sacar las mismas fotos”, dice.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Sueña con algo concreto: trabajar de fotógrafo, vivir de eso, que su trabajo sea valorado. Algo que antes le costaba decir y ahora no. También aparece un deseo más íntimo: volver a un lugar de su historia, Las Cañas, en Uruguay, donde pasaba los veranos con su familia. Un regreso que no tiene que ver con escapar, sino con recuperar algo propio.
“Valgo tanto”, dice. Y en esa frase, simple y nueva, parece condensarse todo lo que pasó.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Ping pong con Pablo Grillo
¿Messi o Maradona?
“Maradona”
¿Música?
“El rock and roll… y el reggae”
¿Qué es el barrio para vos?
“La vida. Me sacás del barrio y me sacás de la vida”