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Consumo

CAME reportó un fin de semana largo de “baja intensidad” con el consumo en picada

La parálisis del poder adquisitivo transformó el feriado de marzo en un breve respiro de supervivencia para el sector turístico; hubo más gente pero con bolsillos exhaustos.

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​★ La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) definió como de «baja intensidad» el movimiento turístico de este último fin de semana largo de marzo. Los datos oficiales del organismo revelaron que, si bien se movilizaron 1.012.000 personas, el impacto económico de $231.084 millones no logró ocultar una realidad preocupante; el consumo per cápita retrocedió frente a mediciones anteriores, lo que marca el pulso de una crisis que erosiona la capacidad de gasto de los sectores medios y trabajadores.

​Ajuste y escapadas de cercanía

​El informe técnico de la entidad empresaria detalló que el turista actual priorizó las «escapadas cortas, de cercanía» y mantuvo un control estricto sobre sus erogaciones. Este cambio de hábito no es casual sino que responde directamente al actual nivel de poder adquisitivo de la población, condicionado por el incremento sostenido de precios y la falta de recomposición salarial frente a los costos de servicios y transporte.

​Aunque la cantidad de viajeros registró un crecimiento del 48,8% respecto al mismo período de 2025, el propio documento de la CAME aclaró que este salto se explica por la extensión del cronograma y no por una mejora real en la economía de los hogares. En rigor, el gasto promedio diario se ubicó en $103.793, una cifra que, medida a precios reales, representa una caída del 7% frente al feriado de Carnaval de febrero y una baja del 1,6% respecto al mismo feriado de la Memoria del año pasado.

​El peso de los combustibles y el trabajo

​La estadía promedio fue de apenas 2,2 noches, una marca extremadamente baja para un descanso programado de cuatro días. Entre los factores determinantes, el sector privado señaló el encarecimiento de los combustibles, que encarece los traslados de media y larga distancia; y el hecho de que el lunes fue declarado jornada no laborable y no feriado, lo que obligó a gran parte de la masa trabajadora a permanecer en sus puestos o regresar anticipadamente.

​Esta tendencia consolidó un perfil de viaje austero. El informe subrayó que los visitantes optaron masivamente por actividades culturales gratuitas, evitando las ofertas comerciales tradicionales de los centros turísticos. El consumo se limitó a lo esencial: alimentos, bebidas, alojamiento y transporte básico; dejando de lado el gasto recreativo que históricamente tracciona a las economías regionales.

​Un escenario de incertidumbre

​Si bien la presencia de turistas internacionales en polos específicos aportó un margen de divisas, el mercado interno continúa en un proceso de adaptación forzada a las condiciones macroeconómicas. La caída del gasto real evidencia que, aun en contextos de mayor movilidad, la capacidad de reactivación económica a través del turismo se encuentra bloqueada por la pérdida de valor del ingreso disponible de los argentinos.

Puntos clave:

  • ​Se movilizaron 1.012.000 personas con un impacto de $231.084 millones.
  • ​El gasto diario real cayó un 7% respecto a los feriados de febrero de 2026.
  • ​La estadía promedio fue de 2,2 noches, limitada por costos de transporte y el carácter no laborable del lunes.
  • ​El sector privado calificó la actividad como de «baja intensidad» debido al deterioro del salario.
  • ​El consumo se desplazó hacia opciones gratuitas y compras de extrema necesidad. ★

CABA

Una familia porteña necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto

Un hogar porteño de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza y $2.603.556 para ingresar al sector medio. La canasta alimentaria y la canasta total volvieron a subir y dejaron al descubierto cuánto se achicó el margen de las familias.

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El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556. Mientras el umbral de indigencia se ubicó en $903.930.

Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 durante agosto para no quedar debajo de la línea de pobreza, mientras que debió reunir $2.603.556 para ser considerada de clase media, según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).

El dato mostró, sin maquillaje, el tamaño del esfuerzo que tuvieron que hacer los hogares para sostener una vida cotidiana cada vez más cara. El grupo familiar tomado como referencia estuvo compuesto por dos adultos y dos menores. Para no caer en la indigencia necesitó, como mínimo, $903.930.

La canasta volvió a correrle al bolsillo

La Canasta Básica Alimentaria, utilizada para fijar el umbral de indigencia, subió 1,69% en agosto. La Canasta Básica Total, que además de alimentos contempló bienes y servicios indispensables y marcó la línea de pobreza, avanzó 1,74%.

La inflación porteña también llegó al 1,7% durante el mes. Así, el ingreso familiar tuvo que correr detrás de precios que no dieron tregua, incluso en un escenario de aumentos mensuales que el Gobierno nacional presentó como una señal de estabilidad. Para las familias, la cuenta fue bastante menos amable: cada compra ocupó una porción mayor del ingreso y el margen para pagar alquiler, transporte, medicamentos o educación quedó cada vez más ajustado.

Qué significó ser pobre o de clase media

El esquema del IDECBA distinguió a los hogares según su ingreso total y su capacidad para cubrir las canastas de consumo. Quienes no alcanzaron a pagar la Canasta Básica Total quedaron debajo de la línea de pobreza. El sector medio, en cambio, comenzó en un ingreso equivalente a 1,25 veces esa canasta y se extendió hasta menos de cuatro veces su valor.

Por eso, los $2.603.556 no representaron un salario cómodo ni una garantía de bienestar. Fueron apenas el piso estadístico para que una familia tipo ingresara al sector medio porteño. La etiqueta sonó a progreso, pero la realidad del changuito y las facturas marcó otra cosa: ser de clase media empezó por alcanzar una cifra que ya se consumió buena parte del mes antes de pagar todos los gastos básicos.

Un año después, el alivio no apareció

La comparación interanual también expuso el deterioro. En agosto de 2025, la línea de pobreza para esa familia se ubicó en $1.229.444. Un año después llegó a $1.651.798. La línea de indigencia, por su parte, pasó de $660.658 a $903.930.

La diferencia no fue un número perdido en una planilla. Fue la distancia que cada hogar tuvo que cubrir con salarios, jubilaciones, changas o más horas de trabajo. Mientras los ingresos quedaron obligados a negociar con paritarias, trabajos informales o empleos cada vez más inestables, los precios siguieron marcando las condiciones. El resultado fue un bolsillo con menos aire y una clase media a la que le exigieron cada vez más para seguir llamándose como antes.

Puntos clave

  • Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto.
  • El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556.
  • El umbral de indigencia se ubicó en $903.930.
  • La Canasta Básica Alimentaria subió 1,69% y la Canasta Básica Total aumentó 1,74% en agosto.
  • La línea de pobreza pasó de $1.229.444 en agosto de 2025 a $1.651.798 un año después.
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