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Paridad de géneros: Lo que nos falta

Por Marina Caivano

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Por Marina Caivano

A 73 años de la sanción de la Ley 13.010 de voto femenino, el Observatorio Mumalá “Mujeres, Disidencias y Derechos”, lanzó un informe en el que visibiliza los obstáculos que persisten para una plena participación política de las mujeres en nuestro país.

El Poder Ejecutivo y el Judicial se destacan por ser los ámbitos que menos permiten el acceso de mujeres a los cargos de mayor jerarquía. Del análisis del relevamiento, surge que persisten estereotipos sexistas que circunscriben a las mujeres a los cargos relacionados con el cuidado, educación o protección social.

Si bien la Ley de Paridad en el Poder Legislativo es un avance clave, “necesitamos más políticas que garanticen paridad a nivel no sólo estatal, sino en los sindicatos, empresas, universidades y demás entidades de la sociedad”, observan en el estudio de Mujeres de Matria Latinoamericana (Mumalá).

El monitoreo de la implementación de la Ley Micaela para la promoción de perspectiva de género en todos los ámbitos estatales y el cumplimiento del artículo de violencia política de la Ley 26.485, resultan imprescindibles para romper con los “techos de cristal” de la participación política.

El estudio del Observatorio explica que la “Ley de Cupos”, que en su momento significó una acción positiva, terminó siendo utilizada por las conducciones de los partidos políticos sin perspectiva de género como un “techo” más que como un “piso” para construir participación política más igualitaria.

Si hay un ámbito destacado por los obstáculos para el acceso de las mujeres a los cargos de mayor jerarquía es el Poder Ejecutivo. En la historia Argentina solo tuvimos dos presidentas mujeres: Estela Martínez y Cristina Fernández, dos períodos.

En la actualidad, si bien la vicepresidencia es un cargo del Poder Legislativo, consideraremos su función de reemplazo de la presidencia y decimos que la dupla presidencial tiene un porcentaje femenino del 50 %. Pero cuando la “lente de la lupa paritaria” de Mumalá se posa sobre las provincias observará los peores números.

«Sólo 2 mujeres gobiernan provincias, representando el 8% (incluimos a CABA). Son las provincias de Río Negro y Santa Cruz. Las vice gobernadoras son 6, de las provincias de Buenos Aires, Chaco, Entre Ríos, La Rioja, Santa Fe, Tierra del Fuego, representan un 25%. En los Estados locales, relevando datos de 1215 municipios nos encontramos con 139 Intendentas, las mujeres representan entonces en este cargo, sobre los datos obtenidos, el 11%. En el Gabinete Nacional contamos con una presencia femenina del 20 %, 4 son las mujeres a cargo de Ministerios.», detalla el informe del observatorio.

Muy lejos de la paridad, pero con la grata presencia de mujeres conduciendo Seguridad y Justicia, ámbitos tradicionalmente ocupados por varones. También coordinan las políticas públicas de Desarrollo Territorial y Hábitat así como el recientemente creado Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad. Cuando se observó la composición de los gabinetes provinciales encontraron 245 Ministerios, de los cuales las mujeres conducen 70, un 28%. Es preocupante observar que en 14 provincias de nuestro país y CABA el porcentaje de participación de las mujeres en Ministerios va del 0 al 30 %.

Es un panorama similar el que se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) en la composición de sus 15 comunas: 5 de ellas son dirigidas por mujeres, representando un 33%. Con respecto al Poder Judicial, se lo encontró bastante mal en el nivel nacional. La Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene una presencia de mujeres del 20 %, son 5 integrantes, una mujer. Cuenta con una presidencia masculina.

«En las provincias haciendo un análisis de la composición de las 24 Cortes o Tribunales de Justicia encontramos 42 mujeres sobre un total de 135 Ministros/as, es decir 31 %.», describe el detallado informe, mientras agrega que «mejoran un poco los porcentajes si consideramos las presidentas mujeres en los más jerarquizados ámbitos judiciales, representan un 37.5 %. Ellas son 9. En los porcentajes por provincia, tenemos buenos ejemplos en participación femenina como San Luis, CABA, Chaco, Misiones que superan el 50 % y otros muy malos como Chubut, Corrientes, Formosa, La Rioja, que no cuentan con mujeres en sus cortes».

DISIDENCIAS SEXUALES, TRANS, TRAVESTIS Y NO BINARIES

En cuanto a la participación de disidencias sexuales, trans, travestis y no binaries, Mumalá observó que hay nula participación y acceso a lugares de decisión o poder. Sin lugar a dudas la sanción del Cupo Laboral Trans en el Estado Nacional y en la Provincia de Buenos Aires constituyen medidas transformadoras en cuanto al acceso de sectores de la ciudadanía al trabajo en el Estado. No obstante, estas progresistas normativas deberán ser parte de una política integral de acompañamiento para la concreción de una efectiva integración de las personas trans a los espacios laborales.

Con respecto al acceso actualmente vedado de la comunidad LGBTIQ+ a la participación política y a los cargos de decisión, el informe del observatorio sugiere que, contemplando el marco jurídico internacional y la Ley de Identidad de Género, se trabaje junto a las organizaciones para diseñar propuestas que superen las barreras que hoy impiden la participación equitativa de las disidencias sexuales, trans, travestis y no binaries.

Por último, el estudio de Mumalá profundiza en el origen de la exclusión analizada, y recomienda que se generen más medidas para revertir las condiciones materiales que afectan directamente la participación en política y espacios jerárquicos a mujeres, disidencias sexuales, trans, travestis y no binaries.

Espectáculos 🎭

Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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