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Trump firmó en Versalles el acuerdo con Irán: 60 días para negociar la paz

Trump y Pezeshkian rubricaron en forma digital el memorando de entendimiento de 14 puntos que establece un alto el fuego de 60 días, la reapertura del Estrecho de Ormuz y un cronograma de levantamiento de sanciones. El presidente estadounidense lo anunció al salir del Palacio de Versalles durante la cumbre del G7.

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Trump y Pezeshkian firman digitalmente el memorando de paz: 60 días para negociar el acuerdo definitivo con Irán.

Los presidentes de Estados Unidos y de Irán, Donald Trump y Masoud Pezeshkian, firmaron este miércoles 17 de junio de manera digital el memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra entre ambos países, según confirmaron funcionarios de la Casa Blanca a la cadena CBS y el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, en declaraciones a la televisión estatal IRIB TV reportadas por la agencia Xinhua. El documento, de 14 puntos, ya se encuentra «en vigor», según indicó un funcionario de la Casa Blanca.

Trump realizó el anuncio al salir del Palacio de Versalles, donde cenaba con el presidente francés Emmanuel Macron en el marco de la cumbre del Grupo de los Siete (G7) que se celebra en Evian-les-Bains, Francia. «Está firmado. Firmado en Versalles. Acabo de firmarlo», declaró el mandatario estadounidense a la prensa, según consignaron funcionarios a la cadena NBC News. El sitio France 24 también informó que ambos presidentes suscribieron «oficialmente» el documento.

No fue la primera firma del proceso. El pasado domingo, el memorando ya había sido rubricado digitalmente por el vicepresidente estadounidense JD Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad-Bagher Ghalibaf, según informó un funcionario estadounidense. Pese a la firma remota del miércoles, Vance viajará el viernes a Suiza para una ceremonia presencial en Bürgenstock, que tendría carácter simbólico, confirmó una fuente oficial.

Un acuerdo interino, no definitivo

El memorando establece un alto el fuego inmediato entre ambos países, pero funcionarios de las dos partes aclararon que no constituye un tratado definitivo, sino un marco diplomático de transición. El documento prevé un plazo de 60 días para alcanzar un acuerdo final, prorrogable por mutuo consentimiento, durante el cual avanzarán las negociaciones técnicas sobre el programa nuclear iraní y otras cuestiones regionales sensibles.

Entre los puntos centrales del entendimiento figura la reapertura del Estrecho de Ormuz, corredor marítimo estratégico por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, bloqueado desde el inicio de las hostilidades a fines de febrero. Irán se comprometió a garantizar el «paso seguro de buques comerciales» durante los primeros 60 días, tras los cuales se negociará con Omán la futura administración de la vía. El propio Trump celebró el hecho en su plataforma Truth Social con la frase: «¡Buques del mundo, arranquen sus motores! ¡Que fluya el petróleo!»

El acuerdo contempla además el levantamiento progresivo de sanciones sobre Irán y el descongelamiento de fondos y activos, aunque de manera gradual y condicionada a los avances en las negociaciones nucleares, según describieron funcionarios de Pakistán, uno de los mediadores clave en el proceso, bajo reserva de identidad. En una primera etapa, Estados Unidos concedería exenciones que permitirían a Irán retomar exportaciones de petróleo en forma libre. Los ingresos iraníes por exportación de crudo superaron los 46.000 millones de dólares en 2024, según datos consignados por medios internacionales.

Trump: «Si no me gusta, volveremos a dispararles»

La naturaleza frágil del entendimiento quedó en evidencia en las propias palabras del presidente estadounidense, quien matizó el alcance del documento con una amenaza explícita: «Es un memorándum de entendimiento, y si no me gusta, volveremos a dispararles y a lanzarles bombas», declaró Trump según consignaron medios internacionales. La frase, característica del estilo transaccional del mandatario republicano, dejó en claro que la paz dista de estar consolidada.

Desde Washington, el director de comunicación de la Casa Blanca, Steven Cheung, salió a desmentir versiones filtradas: luego de que CNN publicara un borrador del acuerdo, Cheung escribió en redes que el texto «no refleja» el contenido real del documento. Paralelamente, funcionarios estadounidenses advirtieron que el alto el fuego no será unilateral y que Irán deberá contener a Hezbolá: «Si Hezbolá ataca a Israel, Israel tendrá plena capacidad para contraatacar», remarcaron bajo anonimato.

Resistencias en Israel, dudas en el Congreso

El acuerdo generó resistencias en sectores clave. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu acató el entendimiento sin renunciar a la ocupación militar del sur del Líbano, y enfrenta críticas internas porque el memorando no garantiza una retirada iraní de la región ni limita de inmediato la capacidad nuclear de Teherán, dos de los objetivos centrales de la seguridad israelí. Pese al acuerdo, reportes de medios internacionales indicaron que Israel y Hezbolá continuaron con enfrentamientos en el sur del Líbano.

En el plano interno estadounidense, Trump también deberá convencer a sectores del Partido Republicano escépticos ante las concesiones otorgadas a Irán sin contrapartidas equivalentes y claras. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, valoró el acuerdo como «una oportunidad nueva para garantizar que Irán nunca obtenga un arma nuclear» y destacó que la reapertura del Estrecho de Ormuz representa «un gran paso adelante», aunque advirtió que «restaurar los flujos va a llevar tiempo».

Antecedentes: de la guerra al memorando

El conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán comenzó el 28 de febrero de 2026 y generó un impacto inmediato en la economía global: el bloqueo del Estrecho de Ormuz disparó el precio del barril de petróleo más de un 50% desde el inicio de las hostilidades. En Argentina, ese sacudón se tradujo en aumentos acumulados del 23% en los combustibles, según datos relevados por este medio en cobertura previa. En abril, ambas partes acordaron un alto el fuego provisional para habilitar negociaciones, aunque los ataques continuaron de manera intermitente. El proceso negociador contó con la mediación de Pakistán y Omán, entre otros actores regionales.

Los líderes del G7 reunidos en Francia respaldaron el acuerdo y lo calificaron en un comunicado conjunto como «una oportunidad histórica para impedir que Irán adquiera armas nucleares», según difundieron durante la cumbre. El G7 se declaró «dispuesto a contribuir a su implementación». El memorando también prevé un mecanismo ejecutivo de supervisión respaldado por una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU.

Puntos clave

  • Trump y Pezeshkian firmaron digitalmente el memorando de 14 puntos el miércoles 17 de junio desde Versalles y Teherán respectivamente.
  • El acuerdo establece un alto el fuego de 60 días y la reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz, cerrado desde el inicio del conflicto en febrero.
  • El levantamiento de sanciones será gradual y condicionado a los avances en las negociaciones nucleares.
  • Trump advirtió que el acuerdo no es definitivo y amenazó con reanudar los ataques si el memorando no satisface a su administración.
  • Israel y Hezbolá continuaron con escaramuzas en el sur del Líbano pese al anuncio del cese de hostilidades.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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