Política 📢
La soberanía según Villarruel y la visión de Quirno: dos discursos, un Gobierno y el 65% de los argentinos en el medio
La vicepresidenta publicó un homenaje al Libertador y citó su legado de soberanía nacional, pero una encuesta de Zuban-Córdoba revela que el 65,7% de los argentinos considera que esos valores están ausentes en las decisiones del Gobierno de Milei. La contradicción se profundiza por las propias declaraciones del canciller Pablo Quirno, quien definió a la soberanía como «un discurso anticuado».
A 176 años del fallecimiento del general José de San Martín, ocurrido el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia, la vicepresidenta Victoria Villarruel publicó este lunes un extenso mensaje en sus redes sociales reivindicando la figura del Libertador. Lo definió como «un militar de raza» y sostuvo que dejó como enseñanza que «la libertad no se negocia, se conquista con disciplina y valor». El cierre del mensaje fue elocuente: «Su ejemplo es el norte de los argentinos que no se arrodillan y que defienden la soberanía nacional todos los días», escribió, antes de concluir con un «¡Gloria y honor al Gran Capitán!»
El homenaje llegó apenas días después de que Villarruel recorriera Venado Tuerto, donde participó de una exposición rural y reclamó públicamente al presidente Javier Milei que se eliminen las retenciones al campo y a la industria, marcando una nueva diferencia visible dentro del espacio oficialista.
El canciller y la soberanía «anticuada»
El homenaje de Villarruel al Libertador contrasta de manera incómoda con la posición pública del canciller Pablo Quirno, quien días atrás generó una encendida polémica al declarar, durante una entrevista, que «la soberanía es un discurso que para nosotros es anticuado». La frase fue pronunciada en el marco de la discusión sobre el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, una iniciativa del Gobierno que incluía cláusulas sobre extranjerización de tierras y que finalmente debió retirar esa parte del texto por falta de consensos en el Senado.
La declaración del canciller encendió alertas en sectores de la oposición y también entre actores del propio espacio oficialista, que durante años construyeron su identidad política alrededor de la defensa de la libertad y de lo nacional. Que la soberanía sea «un concepto anticuado» para el titular de Cancillería no es un dato menor: implica una orientación geopolítica precisa, alineada con una lógica de apertura irrestricta que los propios datos electorales y de opinión pública desmienten como mayoritaria.
La encuesta que desmiente el relato
Una encuesta nacional realizada por la consultora Zuban-Córdoba entre el 8 y el 10 de agosto, sobre un universo de 1.200 casos en todo el país, con un margen de error de +/- 2,83% y un nivel de confianza del 95%, aporta el dato más contundente del debate: el 65,7% de los argentinos considera que la soberanía nacional y la defensa de la patria están menos presentes en las posturas y decisiones del Gobierno nacional. Solo el 21% cree que el Ejecutivo les da mayor lugar, el 11,3% opina que la situación se mantiene igual y el 2% no supo o no quiso responder.
El relevamiento también consultó sobre la percepción ciudadana de esos valores en la sociedad en general, donde los números son distintos: el 54,1% de los argentinos considera que la idea de soberanía nacional está más presente en la sociedad que antes; el 25,8% cree que se mantiene igual; el 17,3% opina que perdió terreno. Adicionalmente, el 66,7% se expresó en desacuerdo con la frase del canciller Quirno sobre la soberanía como discurso «anticuado».
Los cruces demográficos del sondeo revelan que la valoración de la soberanía como concepto vigente aumenta con la edad: entre los mayores de 60 años, el 59% percibe que esos valores están más presentes en la sociedad, contra el 48,7% entre los jóvenes de 16 a 30 años. La brecha de género también es significativa: las mujeres encabezan la percepción positiva con un 59,8%, frente al 47,3% entre los hombres.
El Padre de la Patria como campo de batalla simbólico
En su publicación, Villarruel repasó los hitos militares de San Martín con detalle: la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, el bautismo de fuego en el combate de San Lorenzo, la organización del Ejército de los Andes desde Mendoza, el Cruce de la Cordillera en 1817 y las victorias de Chacabuco y Maipú, que abrieron el camino hacia la independencia de Chile y el avance sobre Perú. Sostuvo que esas victorias «no fueron producto del azar, sino de la estrategia militar y del compromiso de los soldados» que protagonizaron las campañas.
Lo que el mensaje omite, sin embargo, es la brecha profunda entre el legado que Villarruel evoca y las políticas concretas del gobierno del que forma parte. San Martín cruzó los Andes para liberar naciones; el canciller del mismo gobierno considera «anticuado» el concepto que motivó ese cruce. La contradicción no es retórica: es política y tiene consecuencias sobre cómo Argentina se posiciona ante el mundo, negocia su deuda, cede o defiende sus recursos estratégicos.
La postal del 17 de agosto de 2026 es, en ese sentido, reveladora: una vicepresidenta que homenajea a San Martín con citas sobre soberanía, y un Gobierno cuyo propio canciller acaba de declarar que ese valor pertenece al pasado. Entre esos dos polos, el 65,7% de los argentinos eligió dónde pararse.
Puntos clave
- Victoria Villarruel publicó un homenaje a San Martín destacando su legado de soberanía nacional a 176 años de su muerte.
- El canciller Pablo Quirno declaró días antes que «la soberanía es un discurso anticuado», en el marco del debate por el proyecto de extranjerización de tierras.
- Una encuesta de Zuban-Córdoba (1.200 casos, 8-10 de agosto) reveló que el 65,7% de los argentinos cree que la soberanía y la defensa de la patria están menos presentes en las decisiones del Gobierno.
- El 66,7% de los encuestados rechazó la frase de Quirno sobre la soberanía como concepto «anticuado».
- El 54,1% considera que la soberanía nacional está más presente en la sociedad, pero solo el 21% cree que el Gobierno la prioriza.
Planes sociales
Infancia en la Era Milei: 4 de cada 10 niños no acceden a ropa ni calzado
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de los UCA reveló que el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para vestirse en el último año. La brecha entre sectores populares y medios es abismal: mientras en los hogares de menores ingresos la carencia llega al 58,3%, en los sectores medios y altos baja al 17,8%. Sin la AUH y la Tarjeta Alimentar, la indigencia infantil casi se duplicaría.
El último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) registró que el 37,5% de los niños y adolescentes del país tuvo problemas para acceder a ropa y calzado durante el último año. El dato, que en apariencia podría leerse como una estadística más en el largo historial de carencias de la infancia argentina, condensa en realidad la magnitud de un empobrecimiento que el ajuste de la gestión de Javier Milei profundizó sin pausa desde diciembre de 2023.
La desigualdad estructural queda expuesta con precisión matemática cuando el ODSA desagrega el dato por nivel socioeconómico: entre los chicos pertenecientes a los sectores de menores ingresos, la dificultad para vestirse alcanzó al 58,3%. En los sectores medios y altos, la cifra cae al 17,8%. No se trata de la misma Argentina. Se trata de dos países que conviven bajo el mismo cielo, con acceso radicalmente distinto a lo más elemental.
Más que ropa: privaciones que dañan el desarrollo
El informe del ODSA advierte que las privaciones materiales no se agotan en la falta de bienes concretos, sino que generan consecuencias que se extienden al desarrollo integral de la infancia. El 36,8% de los niños evaluados presentó dificultades vinculadas al aprendizaje, mientras que el 27,3% manifestó problemas para relacionarse con pares o integrarse a grupos. A su vez, el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.
Estos datos desmenuzan lo que los índices de pobreza no siempre muestran: la pobreza no es solo hambre o falta de techo, es también exclusión, estigma y daño psicológico. Un chico que no tiene zapatillas en condiciones para ir a la escuela no solo tiene frío. También tiene vergüenza. Y esa vergüenza tiene consecuencias en su socialización, en su rendimiento escolar y en su bienestar emocional, consecuencias que el ajuste libertario no figura en ninguna planilla de «equilibrio macroeconómico».
La AUH y la Tarjeta Alimentar: el piso que el Estado no puede retirar
El informe también relevó el rol determinante de las transferencias estatales en la contención de la pobreza infantil. Según el ODSA, programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar explican más del 90% de la reducción de la pobreza infantil y entre el 97% y el 98% de la contención de los casos de indigencia extrema. Sin esas políticas, el suelo se derrumba.
Los números son contundentes: sin estas transferencias, la indigencia infantil pasaría del 9,5% al 16,4%, casi el doble. La pobreza, en tanto, escalaría del 42,5% al 47,8%. Es decir que el único muro que separa a cientos de miles de chicos de la miseria absoluta son los mismos programas que el discurso libertario históricamente calificó de «clientelismo» o «populismo».
En el grupo de 0 a 3 años, el Plan 1.000 Días contribuyó a que la primera infancia registre de manera sostenida los niveles más bajos de pobreza dentro de la serie analizada. La evidencia acumulada por el ODSA no deja margen para la ambigüedad: el Estado que se retira de la vida de los más vulnerables no es un Estado eficiente, es un Estado que condena.
Una mejora insuficiente sobre una base ya destruida
El relevamiento también registró una mejora relativa en la cobertura de la canasta alimentaria por parte de las transferencias. Durante 2026, esa cobertura alcanzó entre el 39% y el 62%, por encima de los niveles registrados en 2024, cuando apenas llegaba al rango del 12% al 28%. La mejora es real, pero insuficiente: cubrir entre un tercio y poco más de la mitad de la canasta alimentaria no es un logro de gestión, es apenas la confirmación de que el punto de partida era devastador.
El ODSA fue terminante al señalar que, aun con esa recuperación parcial, las transferencias no alcanzan para revertir por completo las condiciones de pobreza. La ecuación es simple y brutal: cuando el ajuste destruye el poder adquisitivo de los ingresos y eleva el costo de los servicios esenciales en más del 500%, ninguna transferencia puede compensar el daño. El desequilibrio entre lo que se recorta y lo que se transfiere es estructuralmente negativo para los sectores populares.
El ajuste tiene nombre, apellido y edad
El informe del ODSA se suma a una serie de relevamientos que, en los últimos meses, dibujaron un cuadro de situación que el oficialismo se niega a reconocer. La pobreza infantil del 42,5% no es un dato técnico neutral: es el resultado de decisiones políticas. De un tarifazo que multiplicó el costo de los servicios. De un recorte del gasto social del 61%. De una desregulación que liberó precios pero no salarios. De una narrativa que habla de «déficit cero» mientras los chicos del conurbano no tienen zapatillas para ir a la escuela.
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