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Entrevista

“Tiene que venir otro 17 de Octubre que revalide el rumbo de la Argentina para todos y todas”

Bajo los dos rostros de una Evita iluminada, retratada por el vitralista Héctor Chiaretta, el ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires y referente de Soberanxs,  Gabriel Mariotto, dialogó con El Argentino y analizó el escenario político, las próximas elecciones y el programa necesario “para salir de la matriz colonial”.

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Bajo los dos rostros de una Evita iluminada, retratada por el vitralista Héctor Chiaretta, el ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires y referente de Soberanxs,  Gabriel Mariotto, dialogó con El Argentino y analizó el escenario político, las próximas elecciones y el programa necesario “para salir de la matriz colonial”.

-¿Cómo caracterizas la etapa actual en nuestro país?

-Es un momento muy feo en términos de acción política. El Gobierno, que ojalá quede como de transición, no representó al frente nacional y popular porque los gobiernos peronistas, en su concepción más ampliada, frentista y movimientista, desafían al poder. Deuda externa, servicios públicos, comercio exterior, energía, petróleo, litio, medio ambiente, son temas que hay que diseñar a diez años y llevar adelante la transformación, y este Gobierno no hizo nada en relación a estos temas. Tampoco en torno a la democratización del poder judicial, ni de los medios de comunicación. Los temas estructurales no fueron abordados por un gobierno peronista y ese es un grave error. Aparece una angustia que tiene que ser superada con objetivos de construcción política y de triunfo en 2023. Ganar las elecciones para cumplir con el sueño de una patria justa, libre y soberana, no simplemente para que no gane Macri. El “para qué” tiene que ponerse en valor en una plataforma para triunfar y llevar adelante las transformaciones.

Fotografías de Gustavo Fraietta

-¿Cuáles son los temas centrales?

-Soberanxs diseñó el plan de la Patria, el primer punto es deuda externa  porque eso atraviesa todo. La deuda es una estafa financiera, por eso hay que auditarla ¿Cuál es el rol del Estado argentino en materia de comercio exterior? ¿Cuál es el rol de una nación que alimenta millones de seres humanos en el mundo y hasta a los chanchos con la soja? ¿Puede ser que a los puertos los manejen siete empresas cerealeras? En materia energética tenemos la herencia de los ‘90. Si el agua que pasa por Yacyretá, por Salto Grande, por el Chocón vale cero pesos, ¿por qué nosotros tenemos que pagar la energía en dólares? Si la red interconectada nacional la hizo el Estado argentino por qué le tenemos que pagar a las transportadoras. Si la distribución de los cables que llegan a nuestros hogares y fábricas los hizo el Estado argentino por qué tenemos que pagarla en dólares y con subsidios que asisten a la especulación financiera del costo de la energía. La trazabilidad de los alimentos, la salud, el ingreso al mundo digital, el medioambiente, proyectar la industria para producir en armonía con la naturaleza, combatir el problema de los agrotóxicos, por qué Monsanto no está en Europa y sí en Argentina envenenandonos. Se necesita también un cambio constitucional y una reforma del Poder Judicial. Se necesitan medidas económicas, no financieras.

-¿Quiénes representan el poder real?

-Lo que se denomina el Círculo Rojo son esos factores de poder que cuando no hay formación, cuando no hay vocación, cuando hay una perspectiva colonial en la acción de gobierno, cumplen con sus objetivos y nos llevan puestos. Argentina tiene una matriz colonial que todavía no logró resolver. Entonces, ese Círculo Rojo comprende un entramado de capital financiero, de medios de comunicación y el poder judicial y tiene la posibilidad de condicionar a la política, a los dirigentes políticos comprándolos, cooptándolos, amenazándolos y nos dejan sólo el espacio de la gobernabilidad. De esa frustración se sale con un programa, con el pueblo votando y legitimando ese programa para llevar adelante la transformación y no aceptar el status quo como si fuera algo natural.

-¿Cuál es la mejor táctica electoral que el Frente de Todos podría tomar este año?         

-Las reglas de juego claras y el programa. Cómo un frente tan amplio puede coincidir en un espacio sin desintegrarse cuando terminen esas elecciones internas. El sistema don’t hace que nadie se sienta expulsado. Las reglas de juego son centrales para que todos puedan participar, sino después perdemos por un punto y medio. Hay que tener en cuenta la amplitud de la Argentina profunda y recuperar el federalismo que la constitución de 1994 destruyó.

-¿Crees que la embajada de EEUU le está poniendo el nombre al próximo presidente de Argentina?

-Lamentablemente cada 4 de julio se chocan en la puerta de la embajada de Estados Unidos dirigentes de todo signo político. Sin duda es un factor de poder que atraviesa a todos los partidos. Nosotros tenemos que retobarnos ante eso. Hay declaraciones alarmantes como las de la jefa del comando sur Laura Richardson que habla de los recursos naturales de nuestra Patria Grande como si fueran propios. La situación colonial es muy grave porque ya no hay ni eufemismos, hablan de “nuestra” Amazonas, de “nuestro” litio. Hay delegaciones de gobernadores, dos posibles candidatos de nuestro espacio político, que van a EEUU a hablar del litio. Es un momento de mucha tristeza que se tiene que volcar en acción política. Si se sale de la matriz colonial se puede crecer. Nuestro pueblo es genial en materia de construcción, acepta los desafíos de la época, va al frente, es antimperialista. Es un pueblo de combate, de lucha. Nuestra dirigencia es muy mala, se acomoda, se apoltrona, tiene miedo al carpetazo. Me gusta aquella Cristina que marcó una agenda con desafíos, tenemos que ayudarla a salir de los condicionamientos que tiene, asumiendo los riesgos nosotros.

-¿Cómo se puede en este escenario reconstruir la esperanza?

-La transformación es posible. Salir de la matriz colonial es una decisión política, si somos soberanos nos van a respetar mucho más que si somos lamebotas o nos entregamos.  Los que hacen negocios con nuestros recursos nos desprecian por torpes, por falta de sentido de patriotismo. Si ponemos reglas de defensa de nuestra soberanía, de nuestro pueblo, de nuestra nación vamos a ser mucho más respetados. Hay que cambiar la ecuación en un país que tiene todo por hacer. No hay que entregarse y hay que luchar. El pueblo encuentra la salida, tiene que venir otro 17 de octubre que revalide el rumbo de la Argentina para todos y todas. 

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Lamentablemente cada 4 de julio se chocan en la puerta de la Embajada de Estados Unidos dirigentes de todo signo político. Tenemos que retobarnos ante eso.

Salir de la matriz colonial es una decisión política, si somos soberanos nos van a respetar mucho más que si somos lamebotas o nos entregamos.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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