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Opinión

Asalto a la soberanía mexicana en Quito

Implicaciones globales de un atentado al asilo diplomático en las Américas.

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Por David Rivadeneira Revelo

Imaginemos un mundo donde la protección de las embajadas sea una mera opción y no una norma. Un escenario hipotético donde, en un arrebato de fervor político, un país decide irrumpir en la embajada de otro, arrestando a un asilado político. Este acto, a primera vista un movimiento audaz para mostrar fuerza, desencadena una cadena de eventos que altera el tejido de la diplomacia internacional. De repente, todas las naciones están en alerta, preguntándose si sus propias embajadas serán las próximas. La confianza se desploma, las alianzas se tensan, y el miedo al precedente de impunidad amenaza con convertir respetados acuerdos internacionales en papel mojado.

La reciente incursión violenta de la Policía Nacional de Ecuador en la embajada de México en Quito, resultó en la detención del exvicepresidente Jorge Glas, quien gozaba de asilo diplomático y desencadenó una significativa crisis diplomática entre Ecuador y México que provoca una profunda desconfianza e incertidumbre en el ámbito internacional. Este acto, ampliamente condenado, ha provocado casi una censura universal de organismos internacionales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea, subrayando la grave violación de las convenciones internacionales.

Desde el Derecho Internacional, no existe ningún argumento sólido en la legislación, jurisprudencia ni costumbre que justifique esta gravísima acción del gobierno de Ecuador. La infracción del principio de inviolabilidad de las embajadas establece un peligroso precedente que podría inspirar acciones similares por parte de otros estados, erosionando la estabilidad y la confianza en las relaciones internacionales en una región que no registra conflictos armados desde hace décadas.

Además, es esencial reconocer que la institución del asilo ha salvado innumerables vidas en la historia y constituye un derecho humano fundamental. México, con una larga tradición de ofrecer asilo diplomático, ha visto cómo esta tradición se ha visto afectada por acciones que no solo socavan este principio humanitario sino que también reflejan una comprensión deficiente de la diplomacia internacional por parte de Ecuador, sumado a bravuconerías, liderazgos parroquianos y acciones erráticas.

El presidente Daniel Noboa quien parece estar utilizando este impase para solidificar su base de apoyo en medio de una campaña para referéndum y posteriormente su reelección, pone de relieve un dilema crítico sobre la efectividad de su diplomacia y la gobernanza en tiempos de crisis. Así, el gobierno ecuatoriano ha buscado culpar a la oposición interna del conflicto y busca posicionar este casus belli como parte de lucha contra la corrupción, desviando la atención a problemas económicos y sociales no resueltos al interno del país.

Quienes caminamos bajo los principios de verdad, justicia y reparación sabemos que debe caer todo el peso de la ley para que no exista precedente ni jurisprudencia que pudiera poner en riesgo misiones diplomáticas en nuestra región. Por tanto, lamento prever que las consecuencias de esta crisis diplomática entre Ecuador y México están lejos de concluir.

A pesar de las acciones de los gobiernos de Ecuador y México, los pueblos de ambos países siguen unidos históricamente por lazos de hermandad y solidaridad que trascienden las políticas gubernamentales. Es crucial que cualquier solución de esta crisis refleje un compromiso con la paz, la justicia y la dignidad, y no se convierta en una herramienta para el divisionismo o el aislamiento. La interdependencia global exige respeto mutuo y cooperación entre las naciones.

Esta crisis debe llevarnos a reafirmar los principios de respeto a la soberanía y la integridad diplomática en todas las acciones y respuestas que se tomen de aquí en adelante. Los poderes hegemónicos, siempre atentos, buscarán aprovechar este evento para avanzar en sus intereses políticos y económicos, no obstante, deberán enfrentarse a una respuesta global que se espera sea coherente y fundamentada bajo los principios de la justicia internacional.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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