Opinión
Cuando el ridículo se torna peligroso
Milei parece un adolescente con problemas de conducta.
Por Christian Lamesa*
Los argentinos, desgraciadamente, ya nos hemos acostumbrado a sufrir la vergüenza ajena (o propia) en la que nos han sumergido varios de nuestros mandatarios en el pasado. Basta, como ejemplo, recordar a un presidente haciendo referencia al origen “naval” de los argentinos y la procedencia “selvática” del pueblo de nuestro principal socio comercial; del mismo modo que daba pena ver a otro primer mandatario mostrando orgulloso sus goles de tiro libre a importantes líderes mundiales y desconcertándolos con absurdas “metáforas futboleras”, en cumbres geopolíticas de primer nivel.
Sin embargo, más allá de la vergüenza que nos han provocado algunos de nuestro “líderes” políticos, esto no entrañaba un verdadero peligro, además del ridículo al que se exponía a la imagen del país en el mundo. Pero hoy estamos comprobando, de la mano del presidente Javier Milei, que cuando se le suman a actitudes ridículamente absurdas, un profundo desconocimiento en el campo de la geopolítica y una postura sumamente temeraria, esto da como resultado el peligro constante para la Argentina y sus habitantes.
Por supuesto que no debemos creer que la ignorancia acerca de la política internacional es solo un déficit del actual mandatario argentino. Muy por el contrario, el desconocimiento de las intrincadas tramas de la geopolítica es patrimonio de la mayoría de los políticos de nuestro país, ignorando la gran importancia que ha tenido este tema a lo largo de toda la historia de la humanidad, y más aún en la actualidad cuando se está dirimiendo el futuro global entre dos modelos, uno unipolar y otro multipolar.
Ante este delicado escenario mundial, la administración Milei no hace más que desacreditar la imagen de la Argentina, mostrándolo como un país poco serio, con marchas y contramarchas como ocurrió con la negativa del libertario al ingreso a los BRICS, ignorando la importancia de las políticas a largo plazo por parte del Estado y privilegiando sus gustos personales o caprichos (según como se los vean); o poniendo en tensión las relaciones estratégicas con nuestros dos principales socios comerciales, Brasil y China, debido a los insultos e improperios que de forma destemplada e irreflexiva, brotan incesantemente de la boca de un presidente, que más que esto, parece un adolescente con problemas de conducta, como cuando agravia a mandatarios de países hermanos de nuestra región, sin medir las consecuencias de sus palabras, no para él a nivel personal, sino para los intereses y el futuro del país.
Todos estos hechos, de una gravedad inusitada, sin embargo, parecen palidecer cuando Javier Milei cruza un límite inaudito y compromete a su gobierno con una promesa de ayuda militar al régimen de Kiev, que sin dudas es parte de la agenda impuesta por Washington, a través de Jake Sullivan, al libertario en su primera visita a EE. UU. como presidente electo.
Como en un teatro del absurdo, pudimos ver el 10 de diciembre pasado, durante la asunción presidencial de Milei, el nacimiento de la nueva amistad, del otrora niño problemático que no tenía amigos, y nuevo presidente argentino, con el “democrático” mandatario ucraniano, Volodímir Zelensky, quien ha ilegalizado más de quince partidos políticos, ha cerrado numerosos medios de comunicación y ha suspendido indefinidamente las elecciones en el país eslavo.
De esa visita a Buenos Aires, el nuevo amigo de Javier Milei se llevó de regalo dos helicópteros de la Fuerza Aérea Argentina para la guerra proxy de la OTAN contra Rusia, además de numerosas promesas de más medidas de nuestro país, en definitiva, en contra de Moscú para satisfacer los intereses de Washington y Londres, esto, dicho sea de paso, en el marco de una situación económicamente desastrosa, donde este gobierno tan “generoso” con los esfuerzos bélicos de la OTAN, al mismo tiempo le niega la medicación a enfermos oncológicos o incrementos en los haberes de los jubilados.
Como si todo esto fuera poco para mancillar la tradicional política argentina de neutralidad y de abogar por la paz en relación con los conflictos bélicos, el presidente Milei vuelve a subir la apuesta considerando organizar una futura conferencia regional en apoyo al régimen de Zelensky, e incluso enviando ayuda que incluiría material bélico y personal militar, tal como manifestó en una entrevista a la cadena estadounidense CNN, señalando que: “Se me pidió que participe en defensa de Ucrania y lo voy a hacer”. Aunque no aclaró de quien fue ese pedido, podemos intuir claramente a que intereses responde sin titubear el libertario.
Debo señalar que, en su profunda ignorancia sobre la geopolítica actual, Milei incluso parece desconocer la profunda aversión que siente su admirado Donald Trump, por el líder ucraniano y su guerra, y esto se debe nada menos que a la complicidad y encubrimiento por parte de Zelensky de los vínculos de corrupción de la familia Biden en Ucrania; o la negativa sistemática del Estado de Israel, al cual constantemente declara su amor incondicional el libertario, a sumarse a las sanciones a la Federación Rusa y al envío de material militar al régimen de Kiev, debido a que en el país hebreo, la mayoría de su población no han olvidado atrocidades, como la masacre de Babi Yar, cometidas en la Segunda Guerra Mundial por los nacionalistas ucranianos, a los cuales reivindica el gobierno de Volodímir Zelensky e incluso los eleva a la categoría de héroes. Estas son tan solo algunas de las características del régimen al que apoya Javier Milei, enfrentando a nuestro país con un histórico amigo de la Argentina, como es Rusia.
Para terminar, debemos recordar el contexto en el cual el Kremlin decide reconocer la independencia de las repúblicas populares del Donbass, para impedir la continuación de un genocidio contra la población rusófona del este ucraniano, pueblo el cual venía siendo hostigado, perseguido y asesinado sistemáticamente por las fuerzas de Kiev desde el año 2014, luego del golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Víktor Yanukóvich, pero doy por descontado que esto lo ignora el presidente argentino, como también seguramente desconoce los lazos de amistad que unen a nuestro país con la Federación Rusa, país con el cual iniciamos relaciones diplomáticas el 22 de octubre de 1885, con Julio A. Roca como presidente y Alejandro III como emperador de Rusia. Desde aquel entonces, la relación de amistad y cercanía entre ambos pueblos no hizo más que crecer y afianzarse, dando Moscú pruebas de lealtad y de un verdadero compromiso para con nuestro país en los momentos más difíciles, que son aquellos en los que más se necesita a los amigos verdaderos, como durante la Guerra de Malvinas, cuando dio un respaldo incondicional a la Argentina, mientras que Washington irrespetaba los compromisos del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y daba su apoyo al Reino Unido. Por supuesto que el Kremlin siempre acompañó el reclamo y la reivindicación de la soberanía de la Argentina sobre nuestras islas, lo cual no se puede decir de los países amados por Milei.
Pero tampoco hay que ser muy memorioso ni pedirle al presidente que conozca la historia para recordar que hace muy poco tiempo fue Rusia la que salvo desinteresadamente incontables vidas argentinas con su vacuna Sputnik V, cuando ninguno de los amigos occidentales nos tendía una mano, o el hecho de que fueron los equipos de búsqueda y rescate rusos los primeros en llegar al Mar Argentino y los últimos en abandonar los esfuerzos por encontrar al submarino ARA San Juan. Así pues, a lo que nos enfrenta la ignorancia, imprudencia e insensatez de Milei no es solo al absurdo del ridículo, sino a la mayor de las vergüenzas, que es la de convertirnos en un país desleal que traiciona a uno de sus mejores y más leales amigos y esa será una mancha que nos marcará por siempre, y ese será posiblemente el más destructivo legado del presidente Javier Milei.
*Pergaminense nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1971. Analista geopolítico, fotógrafo y escritor. Autor del libro “La paternidad del mal – Los cómplices de Hitler”.
Nominado al premio de la Российское общество «Знание» (Sociedad Rusa «Conocimiento») como «Educador extranjero del año 2023»
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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