Represión
Pese a los intentos de censura, se inauguró la muestra de Pablo Grillo en el Senado
La exposición estaba prevista para el 8 de mayo, Día Nacional contra la Violencia Institucional, pero las autoridades del Senado la censuraron y la actividad quedó demorada hasta este viernes. Finalmente, la muestra se concretó y De Pedro le entregó a Grillo un diploma de honor en reconocimiento a su labor como fotoperiodista.
Pese a los intentos de censura, la muestra fotográfica de Pablo Grillo se inauguró este viernes en el Anexo del Senado de la Nación. El evento fue organizado por el senador Eduardo “Wado” de Pedro (Fuerza Patria), quien impulsó un reconocimiento formal al fotoperiodista gravemente herido durante la represión a los jubilados frente al Congreso, el año pasado.
La exposición estaba prevista para el 8 de mayo, Día Nacional contra la Violencia Institucional, pero las autoridades del Senado la censuraron y la actividad quedó demorada hasta ayer, 19 de junio. Finalmente, la muestra se concretó y De Pedro le entregó a Grillo un diploma de honor en reconocimiento a su labor como fotoperiodista.
“Queríamos reparar el daño que una parte del Estado le había hecho, y reconocer su tarea militante como fotógrafo”, afirmó el legislador. En sus redes sociales, De Pedro amplió el mensaje: “La mirada de Pablo muestra lo que muchos quieren ocultar. En él reconocemos a todos los fotoperiodistas que cuentan la verdad que vivimos los argentinos y argentinas. Verlo hoy recuperándose, con esa enorme energía positiva, es una alegría y una esperanza.”
Grillo estuvo acompañado por su familia, sus abogados, integrantes del CELS, del Sindicato de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) y de la Asociación de Reporteros Gráficos (Argra).


El avance de la causa judicial
La jueza federal María Servini cerró la etapa de instrucción y elevó a juicio oral el tramo de la causa contra el gendarme Héctor Jesús Guerrero, acusado de dispararle a quemarropa en la cabeza a Grillo durante la represión frente al Congreso. Además, se ordenó investigar la cadena de mando del operativo que entonces condujo la exministra de Seguridad Patricia Bullrich.
El fotoperiodista, que superó una recuperación que los médicos describieron como excepcional, se mostró activo en los últimos días: participó de la despedida pública de Carlos Alberto “El Indio” Solari y este viernes presenció la inauguración de su propia muestra en el Parlamento nacional.
DDHH
Astiz, Acosta y Von Wernich: la Corte abre la puerta para que los últimos represores salgan de la cárcel
Mediante la Acordada 21/2026, los jueces Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti encomendaron al Cuerpo Médico Forense elaborar un protocolo para evaluar si los detenidos por delitos de lesa humanidad pueden recibir tratamiento médico en la cárcel. La medida abre una puerta para ampliar las prisiones domiciliarias, en un universo donde ya hay 440 represores fuera de las rejas sobre un total de 519 imputados.
La Corte Suprema de Justicia dio un paso que encendió las alarmas en el campo de los derechos humanos. A través de la Acordada 21/2026, los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti encomendaron al Cuerpo Médico Forense la elaboración de un protocolo médico destinado a sistematizar los criterios de evaluación de la salud de los detenidos en establecimientos penitenciarios.
El objetivo declarado es brindar a los magistrados «mejores elementos de juicio al momento de decidir acerca de la procedencia de una prisión domiciliaria por razones de salud». Aunque la medida no se circunscribe formalmente a los casos de lesa humanidad, su impacto más inmediato recaerá sobre ese universo de imputados.
Qué establece el protocolo
Según la resolución, el protocolo deberá incluir un examen médico general de cada persona detenida y una verificación de las «condiciones concretas de detención y de las posibilidades de tratamiento dentro del establecimiento». La Corte fundamentó su decisión en el artículo 18 de la Constitución Nacional, que dispone que «las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas». La herramienta jurídica es, en apariencia, garantista.
Sin embargo, su aplicación práctica en el contexto de las causas de crímenes contra la humanidad genera un interrogante político y ético de primer orden: ¿quiénes serán los principales beneficiarios de un mecanismo diseñado para facilitar las domiciliarias?
El mapa de la impunidad: 440 sobre 519
Los datos de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad iluminan el contexto con una precisión que no admite ambigüedades. De las 519 personas detenidas en causas por delitos de lesa humanidad, 440 ya cuentan con arresto domiciliario. Solo 18 permanecen en el sistema penitenciario federal y 61 en la Unidad Penitenciaria N° 34 de Campo de Mayo. En términos porcentuales, casi el 85% de los imputados por crímenes de la dictadura cumplen su detención fuera de la cárcel.
El nuevo protocolo de la Corte apunta precisamente al universo que permanece detenido en prisión. Entre los nombres más conocidos que aún se encuentran en establecimientos penitenciarios figuran Alfredo Astiz, el ex agente de la Armada apodado «Ángel de la Muerte», responsable de infiltrar y entregar a las Madres de Plaza de Mayo; Jorge Eduardo «El Tigre» Acosta, ex jefe de inteligencia de la ESMA y figura central del exterminio durante la última dictadura; y Christian Federico von Wernich, ex capellán policial condenado por homicidio, privación ilegal de la libertad y torturas en la provincia de Buenos Aires.
Una decisión en un clima político que no es neutro
La acordada se conoce en un contexto político cargado. El actual gobierno de Javier Milei ha mostrado gestos reiterados de acercamiento simbólico con sectores que reivindican o relativizan el terrorismo de Estado, incluyendo la imagen pública de legisladores de La Libertad Avanza en encuentros con represores condenados. En ese marco, la iniciativa de la Corte de sistematizar criterios médicos para la prisión domiciliaria no puede leerse en abstracto.
Organismos de derechos humanos y sectores de la abogacía vinculados a las causas de lesa humanidad advierten que la medida, aunque formalmente enmarcada en garantías constitucionales, puede convertirse en un instrumento para acelerar la salida del sistema carcelario de los pocos represores que aún permanecen en prisión. La brecha entre el enunciado garantista y sus efectos concretos sobre condenados por crímenes contra la humanidad es el nudo político central del debate que viene.
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