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Así son los neonazis que preocupan a Alemania

Un nuevo estudio sobre actitudes políticas muestra que la mayoría de los alemanes apoya la democracia, aunque crece la preocupación por el extremismo de derecha.

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Lo que tenés que saber

  • El “Mitte Studie” analizó las actitudes sociales frente al extremismo y la democracia.
  • El 80% de los alemanes mantiene un fuerte compromiso con los valores democráticos.
  • Solo 3% de los encuestados expresó una cosmovisión de extrema derecha.
  • El extremismo juvenil muestra una tendencia al autoritarismo y nacionalismo.
  • El 70% considera que el auge de la extrema derecha amenaza la democracia.

Estudio revela fuerte compromiso democrático en Alemania

Un nuevo informe del “Mitte Studie”, elaborado por la Fundación Friedrich Ebert desde 2006, examinó las actitudes sociales hacia el extremismo de derecha, la xenofobia y el antisemitismo. La investigación, realizada por un equipo interdisciplinario, incluyó entrevistas a 2.000 personas representativas de diversos niveles educativos, económicos y políticos.

El estudio mostró que casi el 80% de los alemanes está comprometido con la democracia, un aumento del 6% respecto al año anterior. Aunque el partido Alternativa para Alemania (AfD) mantiene una fuerte presencia política, los resultados indican que solo el 3% de los encuestados comparte una visión plenamente alineada con la extrema derecha.

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El centro se ha vuelto más estable. Ha frenado el apoyo al extremismo de derecha”, declaró a DW Andreas Zick, director del Instituto de Investigación sobre Conflictos y Violencia de la Universidad de Bielefeld.


Diferencias regionales y percepciones sociales

El 70% de los participantes considera que el auge del extremismo de derecha representa una amenaza para el país. Sin embargo, el 22% cree que los medios de comunicación exageran el problema.

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El estudio mostró diferencias regionales: en el oeste de Alemania hay un porcentaje levemente superior de personas con una cosmovisión cerrada de extrema derecha, mientras que en el este predomina la xenofobia.

A nivel nacional, el 88% sostuvo que la dignidad y la igualdad deben ser prioridades democráticas, aunque un 25% cree que se dedica demasiada atención a las minorías. Además, el 30% manifestó actitudes negativas hacia solicitantes de asilo, y el 36% hacia personas desempleadas.


Jóvenes y autoritarismo: una tendencia preocupante

El extremismo de derecha es más frecuente entre los jóvenes que entre los mayores, según el estudio.
Observamos que se están adoptando ideas extremistas de derecha procedentes de la ideología nazi, como el apoyo a la dictadura, el antisemitismo o el deseo de una fuerte identidad nacional”, explicó a DW Nico Mokros, coeditor del informe.

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Hans Weidel, abuelo de Alice Weidel líder del partido fascista AfD , fue un alto dirigente nazi, juez militar y miembro de las SS

El investigador destacó que los jóvenes muestran una tendencia al autoritarismo, aunque al mismo tiempo rechazan que otros decidan por ellos. Mokros describió este fenómeno como una “agresividad reprimida”, que se canaliza en actitudes hostiles hacia las minorías.


Democracia bajo presión y pérdida de confianza

El informe también advierte sobre un aumento del nacionalismo y el chovinismo, con 23% de los encuestados, de acuerdo con la afirmación: “El objetivo principal de la política alemana debería ser garantizar a Alemania el poder y el prestigio que se merece”. Además, el 15% considera deseable una dictadura: “Deberíamos tener un líder que gobernara Alemania con mano dura en beneficio de todos”.

Man Wearing Bag Reading Fck Afd Foto de stock de contenido editorial -  Imagen de stock | Shutterstock Editorial

Cuando la gente percibe que el extremismo de derecha es una amenaza y que no se está haciendo lo suficiente al respecto, aumenta la proporción de quienes no creen en el funcionamiento de la democracia. Esto abre la puerta a la desconfianza, y ese es el momento en el que los extremistas y populistas dicen ‘nosotros tenemos la solución’”, advirtió Andreas Zick.

Geopolítica 🌎

Ravier dijo que el buque inglés en Ushuaia no viola la Ley Gaucho Rivero y culpó a la provincia por autorizarlo

El vocero presidencial salió a defender la presencia del petrolero VS Promise en Ushuaia y le devolvió la responsabilidad al gobernador de Tierra del Fuego: el barco de bandera británica ingresó porque la propia provincia lo autorizó. Para la Nación, no hay violación de la Ley Gaucho Rivero; para Melella, el argumento encubre una contradicción inaceptable en la administración de un puerto que ya no controla.

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Soberanía de vitrina: el Gobierno defiende la escala de un buque británico en el puerto que le sacó a Tierra del Fuego.

El Gobierno nacional tomó la iniciativa de contestar públicamente la denuncia del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, sobre la operación del buque petrolero VS Promise en el puerto de Ushuaia. Lo hizo a través del vocero presidencial Adrián Ravier, quien en su habitual conferencia de prensa en la Casa Rosada rechazó de plano que el episodio represente un riesgo para la soberanía argentina y apuntó directamente contra la gestión provincial.

La jugada del oficialismo fue doble: por un lado, intentó neutralizar técnicamente la acusación de Melella; por el otro, le atribuyó al propio gobierno fueguino la responsabilidad de haber habilitado el ingreso de la embarcación británica, generando así una contradicción que, según la versión oficial, invalidaría toda queja posterior.

La cronología que usó el Gobierno para deslindar responsabilidades

Ravier explicó ante la prensa que el VS Promise, un buque dedicado al transporte de crudo, cargó petróleo en el puerto de Cullen, en la zona norte de Tierra del Fuego, y que desde allí se desplazó hasta Ushuaia únicamente para aprovisionarse antes de continuar su ruta. El punto central de la defensa oficial fue que, al zarpar desde un puerto de la propia provincia, la autorización de ingreso correspondió a las autoridades provinciales y no a la administración federal del Puerto de Ushuaia.

La ironía política fue explícita: el mismo gobernador que denunció la presencia del buque, argumentó el vocero, habilitó su operatoria en aguas fueguinas antes de que la embarcación llegara a la terminal portuaria intervenida. El oficialismo presentó esa secuencia como una contradicción interna del discurso de Melella, quien primero autorizó y luego reclamó.

La Ley Gaucho Rivero y la interpretación que conviene al Gobierno

El núcleo jurídico del enfrentamiento gira alrededor de la Ley Gaucho Rivero, la norma provincial que prohíbe el amarre de buques vinculados al Reino Unido que operen en relación directa con la ocupación de las Islas Malvinas. Para Melella y su gobierno, la presencia del VS Promise en aguas fueguinas choca de frente con ese marco legal y con la posición histórica argentina sobre el Atlántico Sur.

La Nación no lo ve así. Ravier sostuvo que la norma aplica exclusivamente a embarcaciones que realicen actividades de exploración o explotación en la cuenca Malvinas, y que el VS Promise no encuadra en esa definición porque su paso por Ushuaia tuvo un propósito logístico, de aprovisionamiento, sin vinculación directa con operaciones en la zona disputada. Con esa lectura restrictiva, el Gobierno habilitó la escala del buque y, simultáneamente, trasladó al texto de la ley la justificación de su conducta.

La interpretación es, cuanto menos, opinable. La Ley Gaucho Rivero fue sancionada precisamente para evitar que el territorio fueguino funcione como plataforma de operaciones de embarcaciones británicas en el contexto del conflicto de soberanía. Reducir su alcance a los casos de exploración directa deja fuera del radar situaciones como la que el propio gobernador Melella calificó como «inadmisible».

El puerto intervenido como escenario del conflicto

El contexto que rodea esta disputa no es menor. El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal desde que la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN) asumió su administración, desplazando a las autoridades provinciales que lo gestionaban históricamente. Esa intervención fue resistida por Melella desde el primer momento, con recursos judiciales y denuncias públicas en las que el gobernador señaló que la medida respondía a intereses estratégicos y económicos ajenos a Tierra del Fuego.

La paradoja que emerge del episodio VS Promise es de una contundencia difícil de ignorar: el Gobierno nacional, que tomó el control del puerto invocando razones de gestión estratégica y soberana, es el mismo que ahora defiende la legalidad de la escala de un buque de bandera británica en esa terminal bajo su propia administración. Melella no tardó en señalar esa contradicción: si la intervención federal se justificó en parte por la incapacidad provincial de gestionar un enclave de tal importancia geopolítica, ¿cómo se explica que la primera controversia relevante bajo la gestión nacional involucre a una embarcación del país que ocupa ilegítimamente las Islas Malvinas?

Soberanía de palabra, pragmatismo de hecho

La gestión de Javier Milei ha sostenido públicamente el reclamo argentino sobre las Malvinas como un principio irrenunciable. Sin embargo, la lectura que hace del caso VS Promise revela una tensión entre el discurso soberanista y las decisiones operativas concretas. Autorizar o convalidar, aunque sea por vía técnica e interpretativa, la escala de un buque británico en el principal puerto de la provincia más austral del país no es un gesto neutral en términos simbólicos ni geopolíticos.

El episodio se suma a una serie de roces entre la Nación y la provincia de Tierra del Fuego que exceden la cuestión portuaria y que configuran un patrón de centralización que contrasta con la retórica descentralizadora del gobierno libertario. Mientras el oficialismo habla de eficiencia y soberanía, la provincia que tiene las Malvinas en su escudo recibe como respuesta que el buque inglés entró porque ella misma lo dejó pasar.

Puntos clave

  • El vocero Adrián Ravier negó que el VS Promise represente un riesgo soberano y atribuyó su ingreso a una autorización inicial de la propia provincia de Tierra del Fuego.
  • El Gobierno argumentó que la Ley Gaucho Rivero no aplica al caso porque el buque realizó una escala de aprovisionamiento, no actividades de exploración en la cuenca Malvinas.
  • El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal de la ANPyN desde principios de 2026, en disputa abierta con el gobernador Gustavo Melella.
  • Melella había calificado públicamente la presencia del buque británico como un acto «inadmisible» que vulnera los reclamos históricos sobre las Malvinas.
  • La postura oficial pone en evidencia una tensión entre el discurso soberanista del gobierno de Milei y sus decisiones operativas concretas en el Atlántico Sur.
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