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Espectáculos 🎭

Condenan a La Mona por daño moral: su hija logró un fallo histórico

El cantante de cuarteto fue responsabilizado por daños morales y patrimoniales. La joven logró la condena tras una batalla judicial que comenzó en 2015.

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La Justicia condenó al popular cantante cordobés Carlos “La Mona” Jiménez a pagar una indemnización millonaria de $92.213.040 a Natalia Jiménez Rufino, una mujer que luchó durante años por ser reconocida como su hija. El fallo, difundido por el programa A la tarde (América TV), establece que el artista deberá resarcirla por daño moral y pérdida de chance pasada.

Según se desprende de la sentencia, Jiménez “se negó sistemáticamente a conocerla”, a pesar de tener conocimiento del embarazo de su madre. Como consecuencia, la indemnización se divide en dos conceptos:

  • $40.314.000 por daño moral
  • $51.899.040 por pérdida de chance pasada

La historia detrás de la demanda

Natalia supo de su vínculo biológico con el músico por boca de su abuela. Si bien durante su niñez recibió algunas cuotas alimentarias, nunca hubo un reconocimiento legal ni afectivo de parte del artista. “Nunca me quiso conocer”, expresó la joven durante una entrevista televisiva, donde también denunció que intentaron que renunciara a sus derechos a cambio de ser reconocida:

_“Cuando pregunté cuáles eran, me dijeron ‘la plata, bol...’”.

En 2015 inició formalmente su reclamo judicial tras obtener un resultado positivo en la prueba de ADN. A partir de allí, comenzó un proceso judicial que ahora culmina con un fallo condenatorio para el artista, aunque aún puede ser apelado.

Posibles consecuencias patrimoniales

En caso de que el fallo quede firme, Natalia Jiménez Rufino podría ser incluida como heredera legal del patrimonio de La Mona Jiménez. Sus abogados consideran que es muy difícil que la sentencia sea revertida, ya que existen pruebas contundentes y una filiación biológica comprobada.

Celebridades

Tras 30 años: por qué se separaron Nicolás Repetto y Florencia Raggi

Después de tres décadas juntos, una de las parejas más queridas y discretas del espectáculo argentino decidió poner punto final a su relación. La noticia generó sorpresa, pero lo que terminó de impactar fue el tono íntimo y reflexivo con el que él eligió explicarlo.

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Soltar también es una forma de cuidar: por qué se separaron Repetto y Raggi

Lejos de conflictos mediáticos o versiones cruzadas, la separación entre Repetto y Raggi se dio en un clima de respeto. Nada de terceros en discordia ni episodios explosivos: lo que hubo fue desgaste.

“Hay momentos en que no vale la pena remar”, lanzó el conductor, con una frase que resume una decisión profunda. No fue un impulso ni algo repentino, sino el resultado de un proceso largo, silencioso y emocional.

La pandemia, un punto de quiebre

Según contó Repetto, el inicio del distanciamiento se remonta a los tiempos de pandemia. Como le pasó a muchas parejas, el cambio abrupto en las rutinas y la convivencia intensificada dejó al descubierto tensiones que antes pasaban desapercibidas.

  • Lo cotidiano empezó a pesar más
  • Las diferencias se hicieron más visibles
  • La conexión emocional comenzó a debilitarse

Lo que antes fluía, dejó de hacerlo. Y con el tiempo, esa distancia interna se volvió imposible de ignorar.

Del dolor a la creación

Fiel a su estilo introspectivo, Repetto canalizó este momento personal a través de la música. De hecho, reconoció que una de sus canciones nació directamente de esta experiencia, transformando la separación en una forma de expresión artística.

Una historia que empezó en TV y creció en silencio

La pareja se conoció en 1995, en un estudio de televisión. Desde entonces, construyeron una relación sólida, lejos del escándalo y con bajo perfil. Tuvieron dos hijos, compartieron proyectos y atravesaron distintas etapas sin perder esa imagen de estabilidad que los caracterizaba.

Por eso, la ruptura sorprendió: no había señales públicas de crisis. Pero, como suele pasar, lo importante ocurría puertas adentro.

Cuando soltar también es una forma de cuidar

Sin dramatizar, sin culpas y sin ruido, ambos eligieron cerrar una etapa. La decisión, según dejó entrever Repetto, tuvo más que ver con aceptar una realidad que con forzar algo que ya no funcionaba.

A veces, el amor no se rompe: se transforma. Y en ese cambio, también puede aparecer la necesidad de dejar ir.

Porque como él mismo resumió, hay momentos para insistir… y otros en los que simplemente no vale la pena remar.

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