Consumo
Las Pascuas de Milei: la venta de pescado sería la peor de los últimos 50 años
Una lata de atún de 170 gramos de una primera marca, el año pasado costaba $907 y ahora se ubica en los $4800 (+529%). Ahora bien, en el caso de las segundas marcas, los precios bajan aproximadamente entre $1000 y $2000.
El Observatorio de Consumo de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), a pocos días de la celebración de Semana Santa, relevó que las ventas de productos acuícolas podría registrar una caída de casi el 35 %, apenas superando a la registrada durante el Rodrigazo de 1975/76.
Los datos surgen de un estudio en el que también se observan subas en los precios de más de un 300 % y en enlatados del 500% con respecto al mismo período de 2023.
El Observatorio relevó 324 comercios minoristas y mayoristas, entre los que se destacan los grandes supermercados y pescaderías, en todas las capitales del país. También se trabajó sobre los valores actuales tomados de los sitios online de las cadenas de retail”.
Como consecuencia, el trabajo arrojó una proyección que ya muestra una merma en la demanda para el stockeo de grandes superficies y comercios del rubro del 34,7 % promedio, en referencia a las listas de encargos que se reciben habitualmente para las fechas previas a la celebración de las pascuas.
Lo grave de la situación es que, este 2024 se convertiría en el año con menor caudal de venta de pescado de las últimas cinco décadas, apenas detrás de las ventas registradas en marzo/abril de 1976, en donde la caída en el consumo por Semana Santa se ubicó en un 41,2 %, en el marco de una hiperinflación en los precios al consumidor de aquellos tiempos que alcanzó el 777,62%.
Raúl Cereseto, presidente de la FULASP, se mostró muy preocupado por los números y explicó que “este año la inflación primará por sobre la tradición católica”, dado que “son los propios comerciantes los que ya muestran lo que será una segura caída en el consumo de pescado”.
Sin embargo, al mismo tiempo, el referente del sector reconoció que “esto es algo que ya se venía viendo en los últimos años y que no se le debe atribuir únicamente a la gestión actual” y agregó que “históricamente, el país le ha dado la espalda al mar y nunca se ha legislado para potenciar el consumo de los productos acuícolas”.
Cereseto señaló que “está claro que este año la gente no va a poder comer pescado ni siquiera para Semana Santa, que es el único momento en donde los argentinos valoran los frutos del mar” y agregó que “si ya de por sí, en nuestro país el consumo interno es un 30% menor al del resto de Latinoamérica, con esta proyección pasaremos a estar irremediablemente entre los más bajos del planeta”.
Inflación y demanda
El sondeo también observó una suba de más del 350% en los precios de los principales cortes de pescados y mariscos. En este punto, el observatorio de la FULASP detalló que la merluza congelada oscila a un valor promedio de $5900,mientras que en 2023 costaba unos $1600 (+368%), mientras que los valores del kilo de la misma especie rebozada varían entre los $7000 y $8500.
En tanto, el kilo de salmón rosado fresco se vende en un precio promedio de $35000, un 250% más caro que el año pasado, mientras que las rabas o tubos de calamar se comercializan en torno a los $14500 por kilogramo, contra unos $5000 (+290%) que se ofrecían en marzo de 2023.
Por otra parte, en el caso de una lata de atún de 170 gramos de una primera marca, el año pasado costaba $907 y ahora se ubica en los $4800 (+529%). Ahora bien, en el caso de las segundas marcas, los precios bajan aproximadamente entre $1000 y $2000.
Por último, el informe también señala que existe un diferencial de precios muy marcado entre los diferentes puntos de venta y según su ubicación geográfica que puede variar entre un 25 y un 30%, mostrando un alto grado de especulación, sobre todo en los pequeños comercios minoristas.
Consumo
Decadencia: el consumo de carne toca mínimos históricos por la suba de precios
El consumo de carne vacuna cayó más de 10% interanual y ronda los 44,8 kilos por habitante. Hace una década superaba los 60 kilos. La suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio en los hábitos alimentarios.
Lo que tenés que saber:
- El consumo de carne vacuna sigue en caída y se ubica en niveles históricamente bajos
- La suba sostenida de precios impacta directamente en la mesa de los hogares
- Los ingresos no acompañan y obligan a reducir o reemplazar este alimento
- Se consolida un cambio hacia otras proteínas más accesibles
- La caída del consumo afecta a toda la cadena productiva
El consumo de carne cae y marca un piso histórico
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y se ubica en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos de CICCRA, el promedio anual por habitante ronda los 44,8 kilos.
La cifra refleja una caída superior al 10% en comparación interanual y consolida una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos meses.
El impacto de los precios en la mesa
El principal factor detrás de la caída es la suba de precios. En el último año, la carne registró aumentos acumulados superiores al 70%, con incrementos aún mayores en algunos cortes populares.
Este escenario impacta de lleno en el consumo cotidiano, ya que la carne tiene un peso relevante en la canasta básica y en el gasto de los hogares.
Salarios en baja y cambio de hábitos
La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Frente a precios elevados, muchos hogares reducen la cantidad de carne vacuna o directamente la reemplazan.
En este contexto, otras opciones ganan terreno: el pollo y el cerdo se consolidan como alternativas más económicas, lo que marca un cambio estructural en la dieta.
Un indicador clave del deterioro económico
El consumo de carne es considerado uno de los indicadores más sensibles del nivel de vida en Argentina. Su caída no solo refleja la inflación, sino también el deterioro del ingreso real.
En perspectiva histórica, el nivel actual queda muy por debajo de los registros de años anteriores, cuando el consumo superaba ampliamente los 60 kilos por habitante.
Impacto en la producción y exportaciones
La caída del consumo interno también afecta a la cadena productiva. La producción mostró una baja en el primer trimestre, mientras que el mercado interno pierde volumen.
En paralelo, las exportaciones crecieron y funcionan como una alternativa para el sector, aunque no logran compensar completamente la debilidad de la demanda local.
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