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Consumo

Panaderos acordaron un precio «razonable» del pan

Cámaras del sector garantizaron el kilo de pan de $320 o $340, pero hay que generar herramientas de fiscalización.

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El Gobierno nacional acordó con las cámaras del sector panadero garantizar el abastecimiento a precios razonables de pan, que en junio tuvo incrementos de hasta 3,4%, y acciones para potenciar el funcionamiento del fideicomiso del trigo con la incorporación de más molinos.

El secretario de Comercio Interior, Martín Pollera, se reunió con todos los actores de la cadena productiva, quienes se comprometieron a mantener un «precio razonable» del pan en todo el país; y también hubo avances con el sector fideero para acordar el precio de pastas secas.

El funcionario recibió esta tarde a representantes de las cámaras panaderas y cooperativas con el objetivo de abordar las problemáticas por las que atraviesa el sector.

“Fue una reunión muy productiva en la que dimos respuesta a varias preocupaciones del sector y en la que convocamos a una mesa para mejorar los mecanismos del Fondo Estabilizador del Trigo Argentino (FETA) y defender sus productos pero siempre poniendo como prioridad el precio del pan», señaló Pollera.

«La reunión fue muy fructífera, le planteamos al nuevo secretario de Comercio toda una serie de pedidos que teníamos, muchas cosas que habían quedado por resolver», coincidió el titular del Centro de Panaderos 27 de Abril de Avellaneda, Gastón Mora.

Según el dirigente, Pollera «con buena predisposición dijo que está dispuesto a avanzar porque quiere ver este cambio reflejado en el bolsillo de la gente y quiere llevar tranquilidad».

«No vamos a avalar bajo ningún punto de vista el pan a $400; nos pusimos de acuerdo en un pan de $320 o $340, pero sabemos que hay que generar herramientas de fiscalización para que en muchas panaderías que hoy están recibiendo harina subsidiada no sean pícaros y lo vendan a $400», agregó Mora.

Asimismo, reveló, «coincidimos en una próxima reunión en la cual va a participar el subsecretario de Defensa de Consumidor de la Nación y, sobre esos ejes, empezar a trabajar mucho el control en las panaderías, vamos a auditar el tema de los molinos también, que no haya sobreprecio siendo que reciben fondo del Estado».

«Empezaremos a reflejar cuáles son los molinos y cuáles las panaderías que están acompañando para que la gente sepa lo que tiene que pagar de referencia al menos en el precio del pan», completó el dirigente panadero.

En ese sentido, Pollera garantizó la continuidad del FETA y anunció la incorporación de ocho nuevos molinos; y adelantó que se están completando los trámites de inclusión de otras nueve empresas molineras con lo que ese fondo pasaría a contar con más del 50% de la molienda total de la harina de trigo.

Asimismo, anunció la conformación de una mesa con los proveedores de margarina, grasa y materia prima en general para incluir a todos los actores de la cadena de producción.

Además, el Gobierno estableció un canal para recibir denuncias sobre los molinos que, formando parte del fideicomiso, no vendan la harina a precio subsidiado y en las próximas semanas se firmará una resolución para establecer una fecha límite en agosto para la incorporación de molinos al FETA.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), se registraron aumentos de 3% en el pan de mesa y 3,4% en el pan francés tipo flauta en el Gran Buenos Aires; el precio promedio del kilo de pan francés fue el mes pasado de $311,80 y el del pan de mesa de 390 gramos de $266,79.

Entre otros, estuvieron presentes en la mesa de trabajo los titulares de la Cámara de Industriales Panaderos de la Ciudad de Buenos Aires, José Álvarez; la Federación Industrial Panaderil de la Provincia de Buenos Aires (Fippba), Raúl Santoandré; el vicepresidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (Faipa), Dante Cauvet; y los presidentes de Faipa Tucumán, Pablo Albertus; la Cámara de Panaderos de Salta, Daniel Romano; el Centro de Panaderos de Merlo, Sergio Izzo; y el Centro de Panaderos de Quilmes, Diego Salvio.

Previamente, Pollera recibió también al presidente de la Unión Industrial de Fideeros (UIFRA), Juan Manuel Airoldes; a Mariano Eguía, de Molinos Río de la Plata; y a Juan Fera, de Marolio.

Airoldes transmitió la inquietud acerca del «acople de los fideicomisos» para saber «cómo seguir operando en un marco de certidumbre y equitativo, que pueda redundar en un precio estable para el consumidor».

El dirigente se manifestó «conforme» al término del encuentro, «con la expectativa de tener grandes avances y un atisbo de solución en agosto».

Consumo

El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.

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El-Argentino-Precios de cortés de la carne

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.

La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.

Un récord negativo que arranca en 2006

El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.

En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.

Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola

Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.

Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.

La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.

El precio que aleja la carne de la mesa popular

El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.

El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.

El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado

El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.

La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.

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