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Consumo

Feletti declaró que si no hay acuerdo por los alimentos se avanzará con «políticas de precios máximos no consensuadas»

El secretario de Comercio Interior sostuvo que prefiere alcanzar «acuerdos sociales» y aseguró que no le pide a los empresarios «que pierdan plata, «Yo espero cerrar este acuerdo y ponerlo operativo el lunes, si no aplicaremos las leyes», aseguró.

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El secretario de Comercio Interior sostuvo que prefiere alcanzar «acuerdos sociales» y aseguró que no le pide a los empresarios «que pierdan plata, «Yo espero cerrar este acuerdo y ponerlo operativo el lunes, si no aplicaremos las leyes», aseguró.

El secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, advirtió que de no haber acuerdo con los productores y comercializadores de alimentos para este lunes, se avanzará con «políticas de precios máximos no consensuadas», y anticipó que luego de los alimentos se buscará extender la política de precios a otros sectores.

«Yo espero cerrar este acuerdo y ponerlo operativo el lunes, si no aplicaremos las leyes. Quiero evitar eso», afirmó Feletti este viernes en declaraciones radiales. «Dicen (las empresas productoras) que hoy van a hacer una contraoferta, nosotros la vamos a evaluar y el lunes nos sentaremos a cerrar el acuerdo», agregó el funcionario.

De no mediar acuerdo, Feletti anticipó que se aplicará la ley de Abastecimiento y la Secretaría tendrá que avanzar con «políticas de precios máximos no consensuadas».

«Evidentemente si no se llega a un acuerdo vamos a tener que aplicar las leyes, que yo trataba de evitar porque creo en los acuerdos sociales», señaló el secretario, quién detalló que las mayores resistencias se perciben en los productores más que en los comercializadores.

Consultado por la reacción empresarial a la medida, Feletti manifestó que el intento de ordenar una política de precios «genera malestares», tras lo cual añadió: «si hay malestar en los empresarios, más lo hay en el pueblo».

Asimismo, el secretario de Comercio Interior anticipó la intención de avanzar con acuerdos en otros productos: «Queremos evitar frustraciones por una escalada de precios en lo inmediato en los alimentos, después vamos a avanzar en otros sectores», señaló.

Según Feletti, el desafío más inmediato es «garantizar el abastecimiento y los precios para un buen nivel de consumo en este último trimestre». «Yo he hablado con los empresarios del sector, tanto los comercializadores como los productores, y les plantee que ganen por cantidades y no por precios. No se les está pidiendo que pierdan plata, sino que baje el peso de la canasta alimentaria en los salarios», dijo el titular de la Secretaría de Comercio Interior.

Por su parte, Feletti explicó que la decisión de retrotraer los precios al 1 de octubre responde a que se ha registrado una «variación muy grande» en los precios de algunos productos entre el 1 y el 13 de octubre, y que la proyección de inflación de este mes «volvía a dar la situación de septiembre» (donde marcó un 3,5% según datos difundidos ayer por el Indec).

«Un detergente lavavajillas de $124 subió a $226 con un 82% de aumento. Unas servilletas de 140 unidades de $135 subió a $171, casi 27%, hubo otros aumentos por arriba del 10%», mencionó como ejemplo.

«Yo lo que quiero impedir es que alguien en los próximos meses, sobre todo en los periodos cercanos a las fiestas, tenga que dejar un producto en la góndola o en la caja porque no puede pagarlo, en un momento en que Argentina necesita alegría», afirmó.

Respecto de la concentración de mercados, el secretario reveló que es una cuestión que se está «revisando» y que se trata de una «política a mediano plazo». «Entre oferentes y comercializadores no hay más que una treintena de empresas que abarcan más de la mitad del mercado, cerca de los dos tercios», concluyó el funcionario.

Consumo

El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.

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El-Argentino-Precios de cortés de la carne

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.

La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.

Un récord negativo que arranca en 2006

El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.

En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.

Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola

Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.

Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.

La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.

El precio que aleja la carne de la mesa popular

El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.

El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.

El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado

El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.

La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.

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