Consumo
El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.
La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.
Un récord negativo que arranca en 2006
El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.
En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.
Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola
Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.
Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.
La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.
El precio que aleja la carne de la mesa popular
El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.
El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.
El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado
El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.
La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.
CABA
Cómo sacar créditos en la Ciudad: últimos días para salir de la mora con tasa del 35%
El trámite se hace en diez bancos adheridos, entre ellos Ciudad, Galicia, Santander, BBVA y Macro; no incluye deudas con billeteras virtuales. ¿Hasta cuándo hay tiempo?
A los porteños que deben cuotas de tarjeta o préstamos bancarios les quedan pocos días para cambiar una deuda impagable por un crédito a tasa fija de hasta el 35% anual y a no menos de 24 meses.
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad advirtió que el trámite está habilitado solo hasta el 17 de octubre, y salió a ofrecer acompañamiento gratuito a quienes no saben cómo gestionarlo o tienen dudas sobre su situación en el Banco Central.
Se trata del Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal, creado por la Ley 6.959 que sancionó la Legislatura porteña en junio con 42 votos afirmativos y 8 abstenciones, a partir de un proyecto del legislador Leandro Santoro (Fuerza por Buenos Aires).
El Gobierno de Jorge Macri lo reglamentó mediante el Decreto 248/2026 y la Administración Gubernamental de Ingresos Públicos (AGIP) había fijado originalmente el 13 de octubre como fecha límite para presentar las solicitudes; la Defensoría informó ahora que la ventana sigue abierta hasta el viernes 17.
Qué ofrece y quiénes pueden pedirlo
No es una condonación ni una quita: es un crédito nuevo con un único destino, cancelar o refinanciar saldos impagos de tarjetas de crédito y préstamos personales otorgados por entidades financieras. La ley fija condiciones mínimas (tasa nominal anual fija con techo del 35% y plazo mínimo de devolución de 24 meses) y habilita a cada banco a mejorarlas. Además, el nuevo préstamo puede usarse para saldar deudas con la misma entidad o con otros bancos regulados por el BCRA.
Para acceder hay que estar calificado en situación 2 o 3 en la Central de Deudores del Banco Central (atrasos de entre 60 y 180 días) con fecha de corte al 1° de junio de 2026, tener ingresos familiares inferiores a diez salarios mínimos, demostrar que las cuotas de deuda se llevan más del 30% de los ingresos del hogar y acreditar domicilio en la Ciudad con al menos dos años de antigüedad.
Las exclusiones apuntan a recortar el beneficio a quienes atraviesan una vulnerabilidad financiera real: quedan afuera los propietarios de más de un inmueble, los titulares de autos con menos de cinco años de antigüedad (salvo uso laboral acreditado), de embarcaciones, aeronaves u otros bienes suntuarios, quienes tengan activos financieros que superen la deuda reclamada y quienes hayan comprado dólares durante el período en que se generó la deuda.
Diez bancos, ninguna billetera
El trámite no se hace en la AGIP sino directamente en las entidades adheridas, que son las que verifican los requisitos y piden la documentación: Banco Ciudad, Galicia, Santander, BBVA, Macro, ICBC, Supervielle, Credicoop, Comafi y Piano. La adhesión no fue espontánea. Al vencer el primer plazo, a mediados de agosto, solo cuatro bancos se habían sumado, y la lista recién creció después; la Ciudad había ofrecido como incentivo una rebaja del 50% en Ingresos Brutos sobre los intereses que cobren los bancos por estas refinanciaciones.
El punto más débil del programa está en lo que deja afuera. La Defensoría lo remarcó en su comunicación: no aplica a deudas con billeteras virtuales. Tampoco cubre a las financieras no bancarias, que son precisamente los segmentos donde la morosidad crece con mayor intensidad. Es decir, el alivio llega a quienes todavía tenían acceso al crédito bancario y no alcanza a quienes fueron empujados a las fintech para pagar el supermercado o los servicios.
Para quienes no tienen cuenta en un banco adherido, la Defensoría aclaró que se puede abrir una cuenta gratuita en el Banco Ciudad para gestionar el crédito.
Un parche local para una crisis nacional
La ley porteña nació como respuesta al creciente endeudamiento de los hogares en un contexto de caída del poder adquisitivo, con familias que recurren a la tarjeta y a los préstamos para cubrir alimentos, transporte y servicios. Es la consecuencia directa de un modelo económico que licuó salarios mientras disparaba tarifas, y que convirtió el crédito al consumo en la última herramienta de supervivencia de la clase media.
Mientras tanto, en la Cámara de Diputados el debate sobre la crisis de los morosos expone dos miradas opuestas. El dictamen que impulsan La Libertad Avanza, el PRO y la UCR, articulado por la diputada libertaria Silvana Giudici y el titular de la comisión de Finanzas, Santiago Pauli, pone el foco en la «prevención del sobreendeudamiento» y la educación financiera. Los bloques opositores, en cambio, reclaman declarar la emergencia, poner topes a las tasas, comisiones y gastos de tarjetas y plataformas financieras, y abrir los algoritmos con los que las billeteras asignan tasas según el scoring de cada cliente.
La paradoja es evidente: una ley de autoría peronista, ejecutada por un gobierno macrista, termina ofreciendo a los porteños una salida que el Gobierno nacional se niega a discutir para el resto del país. Y aun así, con una ventana de apenas dos meses y medio, requisitos estrictos y la exclusión de las billeteras, su alcance real queda limitado frente a la magnitud del problema.
Dónde pedir ayuda
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad ofrece asesoramiento libre y gratuito para quienes tengan dudas o problemas con el trámite: por WhatsApp al 11-7128-8301, por el teléfono gratuito 0-800-999-3722 o de manera presencial en Avenida Belgrano 673.
Lo que tenés que saber:
- El Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal (Ley 6.959) recibe solicitudes hasta el 17 de octubre, según informó la Defensoría del Pueblo porteña.
- Ofrece créditos a tasa fija de hasta el 35% anual y con un plazo mínimo de 24 meses para cancelar deudas de tarjetas y préstamos bancarios.
- Pueden acceder porteños con atrasos de entre 60 y 180 días al 1° de junio, ingresos menores a diez salarios mínimos y cuotas que superen el 30% del ingreso del hogar.
- El trámite se hace en diez bancos adheridos, entre ellos Ciudad, Galicia, Santander, BBVA y Macro; no incluye deudas con billeteras virtuales.
- La Defensoría asesora gratis por WhatsApp (11-7128-8301), al 0-800-999-3722 y en Av. Belgrano 673.
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