Consumo
Las ventas minoristas cayeron 4,1% interanual en agosto
Respecto a julio pasado, agosto reflejó una merma en las ventas minoristas de 2,6%, mientras que el acumulado de los ocho primeros meses de 2023 registra una caída de 2,6% frente a igual periodo de 2022.
Las ventas en los comercios minoristas pymes registraron en agosto un descenso de 4,1% en términos interanuales, según un relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Respecto a julio pasado, agosto reflejó una merma en las ventas minoristas de 2,6%, mientras que el acumulado de los ocho primeros meses del corriente año registra una caída de 2,6% frente a igual periodo de 2022.
“El mes de agosto presentó desafíos significativos para el sector comercial, que tuvo que adaptarse a una dinámica de precios afectada por impactos generados inicialmente en el mercado paralelo del dólar y posteriormente con la devaluación de la moneda oficial a mediados de mes», señaló CAME.
Los resultados forman parte del Índice de Ventas Minoristas Pymes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), un informe elaborado por la entidad pyme en base a información aportada por 1.252 comercios de todo el país.
El sector más afectado en agosto fue el de Alimentos y Bebidas, que registró una contracción de 6,6% en las ventas en comparación con el año anterior, caída que se produjo como resultado de la generalizada suba de precios que impactó en este rubro.
Durante el octavo mes del corriente año, seis de los siete rubros relevados por CAME registraron bajas interanuales en sus ventas.
La mayor retracción ocurrió en Alimentos y Bebidas (-6,6%), seguido de Ferretería, materiales eléctricos y materiales de la construcción (-5%), Bazar, decoración, textiles (-3,5%), Farmacia (-2,6%) y Perfumería (-2,1%).
En tanto, el único rubro con alza fue Calzado y Marroquinería (+0,8%) interanual.
Consumo
Decadencia: el consumo de carne toca mínimos históricos por la suba de precios
El consumo de carne vacuna cayó más de 10% interanual y ronda los 44,8 kilos por habitante. Hace una década superaba los 60 kilos. La suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio en los hábitos alimentarios.
Lo que tenés que saber:
- El consumo de carne vacuna sigue en caída y se ubica en niveles históricamente bajos
- La suba sostenida de precios impacta directamente en la mesa de los hogares
- Los ingresos no acompañan y obligan a reducir o reemplazar este alimento
- Se consolida un cambio hacia otras proteínas más accesibles
- La caída del consumo afecta a toda la cadena productiva
El consumo de carne cae y marca un piso histórico
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y se ubica en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos de CICCRA, el promedio anual por habitante ronda los 44,8 kilos.
La cifra refleja una caída superior al 10% en comparación interanual y consolida una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos meses.
El impacto de los precios en la mesa
El principal factor detrás de la caída es la suba de precios. En el último año, la carne registró aumentos acumulados superiores al 70%, con incrementos aún mayores en algunos cortes populares.
Este escenario impacta de lleno en el consumo cotidiano, ya que la carne tiene un peso relevante en la canasta básica y en el gasto de los hogares.
Salarios en baja y cambio de hábitos
La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Frente a precios elevados, muchos hogares reducen la cantidad de carne vacuna o directamente la reemplazan.
En este contexto, otras opciones ganan terreno: el pollo y el cerdo se consolidan como alternativas más económicas, lo que marca un cambio estructural en la dieta.
Un indicador clave del deterioro económico
El consumo de carne es considerado uno de los indicadores más sensibles del nivel de vida en Argentina. Su caída no solo refleja la inflación, sino también el deterioro del ingreso real.
En perspectiva histórica, el nivel actual queda muy por debajo de los registros de años anteriores, cuando el consumo superaba ampliamente los 60 kilos por habitante.
Impacto en la producción y exportaciones
La caída del consumo interno también afecta a la cadena productiva. La producción mostró una baja en el primer trimestre, mientras que el mercado interno pierde volumen.
En paralelo, las exportaciones crecieron y funcionan como una alternativa para el sector, aunque no logran compensar completamente la debilidad de la demanda local.
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