Ciencia 🧬
Identifican moléculas capaces de predecir efectos de un tratamiento en perros con tumores
El trabajo realizado por profesionales del Conicet en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, presenta dos nuevos marcadores sustitutos, es decir biomarcadores que sirven como medida para evaluar y predecir el efecto que puede tener un tratamiento concreto, aplicables al caso de papilomas cutáneos en pacientes caninos.
Un equipo de profesionales del Conicet con lugar de trabajo en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) descubrió dos biomarcadores que pueden predecir el efecto de un tratamiento farmacológico en perros con tumores cutáneos de origen viral.
Según se informó, se trata del resultado del trabajo de un equipo del Conicet La Plata que será presentado en el próximo Congreso Mundial de Dermatología Veterinaria en Estados Unidos (WCVD10), cuyo comité organizador lo consideró “de alto impacto”.
Los avances del estudio serán expuestos en el 10º Congreso organizado cada cuatro años por la Asociación Mundial para la Dermatología Veterinaria (WAVD, por sus siglas en inglés), a realizarse en julio de 2024 en la ciudad de Boston, Estados Unidos.
El trabajo presenta dos nuevos marcadores sustitutos, es decir biomarcadores que sirven como medida para evaluar y predecir el efecto que puede tener un tratamiento concreto, aplicables al caso de papilomas cutáneos en pacientes caninos que, por sus implicancias, fue considerado por el Comité Organizador del evento como una investigación de alto impacto.
El equipo es liderado por la investigadora del Conicet Liyare Sanz Ressel y se enmarca en su línea de investigación denominada «Señalización celular en dermatología en pequeños animales».

Está integrado, además, por Claudio Barbeito y Gimena Gomez Castro, investigador y becaria del Conicet, y la investigadora de la UNLP, Adriana Massone.
“El papiloma cutáneo o verruga es un tumor benigno, común en la piel de los perros, cuyo origen suele estar asociado a la infección con el virus del papiloma canino», explicó Sanz Ressel en un comunicado difundido.
Agregó que, aunque la mayoría de los papilomas virales «regresan espontáneamente en un período de semanas a meses debido a una respuesta inmune específica, en algunos pacientes la falta de regresión espontánea o la presencia de múltiples lesiones papilomatosas pueden causar complicaciones graves”.
En esa línea, aseguró que lo que se identificó en este trabajo «son dos moléculas como marcadores sustitutos, o surrogate markers, que predicen una respuesta favorable a un determinado tratamiento farmacológico en pacientes caninos con papilomas cutáneos persistentes o múltiples”.
Presentación en Estados Unidos
El trabajo será presentado de manera oral mediante una conferencia en el congreso y, además, en formato manuscrito para su publicación en el décimo volumen del libro Advances in Veterinary Dermatology que recopila los principales resultados a nivel global de la especialidad, lo que Sanz Ressel catalogó como “un nuevo hito para la dermatología veterinaria argentina”.
En 2020, en el marco de la novena edición del congreso realizada de manera virtual por la pandemia por COVID-19, el mismo equipo de profesionales expuso los resultados de un estudio que permitió identificar una vía de señalización celular capaz de constituirse como un potencial objetivo terapéutico para el tratamiento de carcinomas de células escamosas cutáneos en felinos, el tipo de tumor maligno más frecuente en la piel de los gatos.
Ese trabajo fue presentado en el congreso y publicado en la revista Veterinary Dermatology.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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