Ciencia 🧬
Pollitos en huevos impresos en 3D: la apuesta biotecnológica que divide a la ciencia
La empresa estadounidense Colossal Biosciences anunció el nacimiento de 26 pollitos incubados en cáscaras artificiales fabricadas con titanio y silicona. El avance reavivó el debate sobre los límites éticos y científicos de la llamada «desextinción» de especies.
Anuncio espectacular: qué hay detrás del “huevo artificial” que promete revivir especies extintas
★ La empresa de biotecnología Colossal Biosciences, con sede en Dallas, Texas, presentó el 19 de mayo de 2026 lo que describió como una «plataforma de incubación sin precedentes»: una estructura reticular impresa en 3D que reemplaza la cáscara natural de un huevo y permitió, según el comunicado de la compañía, el nacimiento de 26 pollitos sanos. El anuncio se difundió a través de redes sociales y un video promocional, pero sin publicación científica revisada por pares.
El dispositivo: qué es y qué no es
El sistema desarrollado por Colossal consta de dos componentes principales. Por un lado, una membrana semipermeable de silicona capaz de replicar la transferencia de oxígeno de un cascarón natural, permitiendo el paso del gas a niveles atmosféricos sin necesidad de oxígeno suplementario, a diferencia de métodos anteriores de incubación ex ovo que requerían ese recurso. Por otro, una estructura de celosía impresa en 3D que protege esa membrana y, según la empresa, fue diseñada para ser «completamente escalable y biológicamente precisa». El sistema incluye además una ventana transparente que permite monitorear el desarrollo embrionario en tiempo real.
Sin embargo, el procedimiento no fue el que sugirió la comunicación inicial de la empresa en sus redes. Los científicos de Colossal extrajeron los embriones de huevos fertilizados puestos por gallinas reales en las primeras 24 a 48 horas tras la postura, los transfirieron al sistema artificial y los colocaron en una incubadora convencional. También añadieron calcio de forma externa, elemento que en la gestación natural se absorbe de la propia cáscara.
La bióloga reproductiva Nicola Hemmings, de la Universidad de Sheffield, quien no forma parte del equipo de Colossal, fue directa: «Producir un pollito a partir de un recipiente artificial no es necesariamente algo nuevo», declaró. La experta y otros investigadores independientes señalaron además que el dispositivo no replica otros componentes del huevo, como los órganos temporales que se forman para nutrir y estabilizar al embrión en crecimiento y eliminar los desechos.
La promesa: revivir al moa gigante
El director ejecutivo de Colossal, Ben Lamm, presentó el avance como un paso hacia uno de los objetivos más ambiciosos de la empresa: recrear al moa gigante de la Isla Sur (Dinornis robustus), un ave extinta hace aproximadamente 600 años, cuya extinción fue provocada por la caza indiscriminada de los colonos maoríes en el siglo XV. El moa, que podía alcanzar los tres metros de altura y alimentarse de hojas a 3,6 metros del suelo, ponía huevos hasta 80 veces más grandes que los de una gallina, lo que hace inviable su incubación por cualquier ave viva moderna.
«No queríamos esperar hasta estar listos para dar a luz a un moa gigante. En realidad, queríamos empezar a trabajar ahora en los desafíos de ingeniería relacionados con la subrogación y el nacimiento», explicó Lamm. El ejecutivo también abrió la posibilidad de que la tecnología se comercialice o se ponga a disposición de zoológicos e instalaciones de cría para la conservación de especies.
Colossal no es una empresa nueva en la carrera de la «desextinción». Previamente anunció haber modificado genéticamente ratones para que desarrollaran pelaje similar al del mamut lanudo, y cachorros de lobo inspirados en el extinto lobo terrible.
Las voces críticas: escepticismo científico
El anuncio no fue recibido con unanimidad en la comunidad científica. El biólogo evolutivo Vincent Lynch, de la Universidad de Búfalo, fue contundente respecto del objetivo final de la empresa: «Puede que sean capaces de utilizar esta tecnología para crear un ave modificada genéticamente, pero eso es solo un ave modificada genéticamente. No es un moa.»
El cuestionamiento apunta a un problema de fondo: aun si el sistema de incubación funciona a escala, el proyecto requiere primero comparar el ADN antiguo extraído de huesos de moa bien conservados con los genomas de especies de aves actuales, editar genéticamente esas células y producir embriones viables. Cada uno de esos pasos representa obstáculos científicos de enorme complejidad que aún no tienen solución conocida.
A ello se suma la ausencia de una publicación científica con revisión por pares que respalde los resultados anunciados. La información fue difundida por la propia empresa a través de un comunicado de prensa y un video, lo que impide una evaluación independiente rigurosa de la metodología y los resultados. La revista científica Nature recibió explicaciones de la empresa sobre el funcionamiento del sistema, pero eso no equivale a una validación del método.
Contexto: una startup con grandes promesas y grandes financiadores
Colossal Biosciences se inscribe en una tendencia creciente de empresas privadas que avanzan sobre territorios que históricamente pertenecieron a la ciencia pública. La lógica del anuncio espectacular, el video viral y la promesa de «traer de regreso» especies extintas responde tanto a una agenda científica como a una estrategia de captación de inversores. El investigador Andrew Pask, de la Universidad de Melbourne, vinculado al proyecto, definió el objetivo con claridad: «El plano de trabajo es el genoma, pero si no tienes dónde construir, de nada servirá.»
La tecnología obtenida puede tener aplicaciones concretas en conservación de aves amenazadas o en investigación reproductiva. Lo que permanece en el terreno de la especulación, por ahora, es la posibilidad de recrear un moa gigante.
Puntos clave
- Colossal Biosciences anunció el 19 de mayo de 2026 el nacimiento de 26 pollitos en cáscaras artificiales impresas en 3D y fabricadas con titanio y silicona.
- Los embriones provienen de huevos fertilizados puestos por gallinas reales; no se trata de huevos completamente bioingenierizados.
- El anuncio no fue acompañado de una publicación científica con revisión por pares.
- Científicos independientes cuestionaron la completitud del sistema y la viabilidad de revivir al moa gigante.
- El director ejecutivo Ben Lamm reconoció que aún «queda un largo camino» antes de intentar la resurrección del moa con este sistema.
Ciencia 🧬
Fenilcetonuria: la enfermedad poco frecuente que puede prevenir daños neurológicos si se detecta a tiempo
Cada 28 de junio se conmemora el Día Mundial de la Fenilcetonuria (PKU), una enfermedad metabólica hereditaria que, sin diagnóstico y tratamiento tempranos, puede afectar gravemente el desarrollo neurológico. En Argentina se estima que unas 700 personas conviven con esta patología.
La fenilcetonuria (PKU) es una enfermedad metabólica hereditaria, poco frecuente y grave, aunque tratable si se detecta de manera precoz. La conmemoración del Día Mundial de la PKU, cada 28 de junio, también recuerda el nacimiento del programa de pesquisa neonatal, una herramienta clave para el diagnóstico temprano de esta y otras enfermedades congénitas.
Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el diagnóstico oportuno permite iniciar el tratamiento antes de que aparezcan daños neurológicos irreversibles.

El origen del Día Mundial de la PKU
La fecha fue elegida en homenaje al nacimiento, el 28 de junio de 1916, del médico y bacteriólogo estadounidense Robert Guthrie.
A mediados del siglo XX, Guthrie desarrolló un método para detectar la fenilcetonuria en recién nacidos mediante una muestra de sangre obtenida del talón del bebé sobre un papel de filtro. El procedimiento, conocido como «Test de Guthrie», dio origen a los programas de pesquisa neonatal que luego fueron incorporando otras enfermedades.

Una enfermedad hereditaria
La PKU es un trastorno de herencia autosómica recesiva. Para que un niño nazca con la enfermedad, ambos padres deben ser portadores del gen alterado.
En Argentina se estima que alrededor de 700 personas viven con esta enfermedad. Si no se trata a tiempo, puede provocar retraso mental, déficit cognitivo, trastornos conductuales, convulsiones y movimientos anormales, entre otras complicaciones.
Desde 1990, la Ley 23.413 establece la realización obligatoria de la pesquisa neonatal en el país, que además permite detectar otras enfermedades como hipotiroidismo congénito primario, fibrosis quística, hiperplasia suprarrenal congénita, galactosemia y déficit de biotinidasa.

La importancia del diagnóstico precoz
La pesquisa neonatal debe realizarse entre las 36 y las 72 horas de vida del recién nacido. Según el informe, realizar el estudio antes de ese período o tomar una muestra inadecuada puede generar falsos negativos.
Ante un resultado positivo, se realiza una segunda muestra para confirmar el diagnóstico mediante el dosaje de fenilalanina.
Un estudio citado en el informe señala que por cada semana de demora en el inicio del tratamiento pueden perderse hasta cuatro puntos de coeficiente intelectual, por lo que iniciar la terapia de forma temprana resulta determinante.
Cómo es el tratamiento
La fenilcetonuria no tiene cura, pero puede controlarse con un tratamiento adecuado iniciado desde los primeros días de vida.
El abordaje se basa en tres pilares:
- Una dieta estricta con restricción de fenilalanina y control individualizado de la ingesta de proteínas naturales.
- Fórmulas especiales que aportan aminoácidos esenciales sin fenilalanina.
- Alimentos especialmente elaborados con bajo contenido de fenilalanina.
El informe también indica que, debido a la dificultad de sostener la dieta a largo plazo y al acceso limitado a algunos alimentos específicos, en determinados pacientes puede ser necesario incorporar tratamiento farmacológico.
Puntos clave
- La fenilcetonuria es una enfermedad metabólica hereditaria y poco frecuente.
- En Argentina se estima que unas 700 personas conviven con la enfermedad.
- La pesquisa neonatal permite detectarla antes de que produzca daños neurológicos.
- El tratamiento temprano evita complicaciones irreversibles y mejora la calidad de vida.
- La enfermedad no tiene cura, pero puede controlarse con dieta, fórmulas especiales y, en algunos casos, medicación.
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