Opinión
El curioso caso de «Benjamin Macri»
Crónica de una «muerte política» anunciada
Por Daniel Olivera
Hace ya poco más de un siglo, un joven y genial Francis Scott Fitzgerald escribió «El curioso caso de Benjamin Button». La fábula describe el asombroso derrotero de un hombre que nace con setenta años y a partir de ahí va retrocediendo en el tiempo. La vejez, la adultez, la madurez, la juventud, la adolescencia, y la niñez en reverso hasta llegar a la «nada» anterior al embrión.
Una de las dudas que plantea el relato de Fitzgerald es si la vida vivida al revés es mucho peor que la vivida al derecho. Si la pérdida de «todo lo que fue nuestro algún día», es más lacerante cuando se vive en reversa.
Benjamin Button nace, en la imaginación de Fitzgerald, en 1860 en el seno de una familia con una posición envidiable -tanto social como económicamente- en el sureño estado de Baltimore pre guerra de Secesión. Nació aristócrata. Y su vida fue del cenit a la nada misma.
Si se aplica la paradoja a la «vida» política de Mauricio Macri (él también nació en cuna de oro) y se compara con la de Benjamín, encontraríamos demasiados puntos de contacto.
Su papá Franco fue el autor intelectual de su carrera política. El ideólogo de utilizar -en 1995- a Boca Junior como plataforma de lanzamiento, y por sobre todo de humanizar y hacer popular a un joven empresario con escasas ideas propias y con dos pasiones en las que sobresalía: jugar al bridge y hablar de fútbol.
El experimento del «padre de la criatura» cuajó. Los resabios del modelo Berlusconi y la mano prodigiosa de Carlos Bianchi elevaron las acciones de Mauricio Macri en la política. Heredero de una fortuna y exitoso en Boca, lo convirtieron en un potencial presidenciable. Después de Carlos Menem todo parecía posible.
No me lo contó nadie. Me lo dijo Franco Macri en enero de 2000 en su casa de Manantiales, en Punta del Este. «Mauricio será Presidente en 2011», sentenció. A mí me pareció un pronóstico optimista, pero no me animé a contradecirlo.
Y en 2011 Mauricio no fue presidente (Durán Barba lo convenció de que enfrentar a «una viuda» era un suicidio político), pero cuatro años después su billetera mata galán aglutinó a todo el antiperonismo y a muchos peronistas como Hugo Moyano o José Luis Barrionuevo.
Y el «extraño caso de Benjamin Macri» alcanzó la cúspide política de la Argentina. Pero así como Button tuvo su momento de gloria cuando cumplió 40 años y a partir de ese punto en la historia comenzó un retroceso imparable hacia la nada, Macri comenzó a retroceder. Por impericia, incapacidad o soberbia (en estas líneas no estamos para analizar su des gobierno), Macri Presidente fue retrocediendo posiciones. Hasta terminar en un default catastrófico que sólo pudo disimular la gestión de Dolnald Trump ante el FMI para que le concedieran el mayor crédito de la historia y que él utilizó para armar la mayor fuga de la historia.
Semejante desastre social y económico (el PBI cayó en sus dos últimos años de gobierno 4.7% y la desocupación pasó los 2 dígitos) lo dejaron nocaut en términos de imagen política. Macri-Button siempre fue un lastre para JxC (su criatura política). Sólo que nadie se animó nunca a decírselo en la cara. Si a los periodistas en off, como acostumbran Bullrich, Larreta, López Murphy, Milei, y ni que hablar radicales como Lousteau, Morales, Manes o Cornejo. Todos coucheados para decir «en cadena» que era un estadista.
El sincericidio de ayer a través de un video es la admisión de una muerte (política) anunciada. Y el que mejor lo resumió fue Horacio Rodríguez Larreta que, sin que se le mueva un pelo dijo que el renunciamiento de Mauricio es un «gran acto de amor hacia los argentinos».
Y tiene razón. Que Macri haya decidido no competir en 2023 es un gran acto de «amor» hacia el pueblo argentino. Lo/nos libera de tener que optar en el cuarto oscuro por semejante lastre.
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Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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