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Opinión

Una tercera vuelta

Espacio Arte Trans.

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Por Emma Serna

El pasado domingo, un casi un 100 por ciento de lxs argentinxs recibimos una shock brutal. Eso incluye al 44% que voto a Sergio Massa y a quienes votaron a Javier Milei, que no esperaban ganar por tanto. ¿Qué nos queda? Yo creo humildemente que esperar. Es que no hay otra opción. Salir como locxs a la calle sin organizarnos no tiene sentido. Es sabido que lo que Milei propuso en campaña buscará llevarlo a la realidad, también que el estado tiene muchos amparos legales. Vender un canal de televisión estatal o una empresa de petróleo y energía como YPF no es algo que se pueda hacer solo por decreto. Hay muchas cosas en las que, igual que en el ajedrez, debemos esperar la jugada del contrincante.

Ahora bien, honestamente creo que seguimos estando frente a una gran oportunidad. Tal vez sea el tiempo de que esa generación post 2000 pueda saber la importancia de lo que tenemos. Y no es desearles que sufran para que aprendan a valorar. En absoluto. Sino que van a comprender que no todo en la vida es un show, que no se puede decir cualquier cosa, y si le tocan un derecho aprenderán en tiempo presente lo que es defenderlo.

Siento que la decepción será enorme, porque las nuevas generaciones están muy acostumbradas a poner mucha expectativa en el otro y no crear su propio ecosistema. De todo la culpa la tiene el presidente, el gobierno, el jefe, los padres, mi mamá, mi familia.

Esta es una segunda vuelta para quizás aprender a ser unx el artífice de su propio destino sin esperar tanto del afuera y más del adentro. También sé que es una época para pensar, dejar actuar para saber reaccionar, organizarnos mejor, sostener un referente opositor al oficialismo que se viene que tenga algo nuevo, distinto. En fin, es tiempo de esperar, de escuchar también porque mucha gente vota lo que vota y sobre todo (si es que podemos) hacerle entender el valor de los derechos con los que nacieron. Y desde luego, a nosotrxs, el 44% que no eligió esta barbarie que presenciaremos inevitablemente, que hay que pensar en volver, pero esta vez sí, mejores… No como slogan sino como una realidad.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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