Economía 💲
¿Cuáles son las diferencias entre las finanzas tradicionales y las finanzas descentralizadas?
Columna de Educación Financiera.
Por Ulises Barreiro
En muchos aspectos, no hay diferencia entre ambos sistemas financieros, por ejemplo donde 2 + 2 = 4. Esto significa que en materia de contabilidad, retorno de inversión, venta anticipada de acciones, etc. no tenemos un marco conceptual diferente. Por lo que nos queda entonces apuntar a lo que marca la diferencia. Desde un análisis de una superestructura, podemos decir entonces que la diferencia como dice Michel Foucault, radica en quien ejerce el poder, en el control y la ejecución de las normas de juego para regular el mercado. Porque como sabemos en las finanzas tradicionales los Banco Centrales de cada país (BCRA en Argentina) desde su organismo manejan, regulan, y sus directorios (son 12 miembros los encargados) deciden las normas de juego para con toda la sociedad en donde sus acciones tienen injerencia, tanto en lo social como en lo monetario. Esta sociedad que está influenciada por el BCRA es la que luego reproduce y utiliza en su día a día ese modelo financiero sea el que sea. Modelo que esté funcionando o no esté funcionando.
Mientras que por otro lado, en las finanzas descentralizadas (DEFI) ese tipo de control ya no pasa por un organismo nacional (o por 12 directores humanos) sino que es supranacional, y por lo general ya no está regulado por un organismo, sino que el mercado podría intervenir en lo que es el precio de algunos activos, en un pequeño porcentaje, pero no en su totalidad, dado que todo pasa por un sistema basado en la tecnología Blockchain, que forma su propio ecosistema financiero, sin importarle fronteras nacionales, religiosas o políticas. Lo que deja de lado intermediarios que existen en los sistemas financieros tradicionales, como las Confederaciones Rurales Argentinas, que no tendrían un representante propio en ese directorio, para hacer lobby sobre lo que a ellos les conviene que pase en determinado período de gestión de gobierno de la política cambiaria argentina. Dado que eso ya lo decide el público que elige en qué acciones digitales invertir sus ahorros o cuáles utilizar para intercambiar por bienes y servicios. Esto ya rompe las estructuras tradicionales de poder.
Otra de las diferencias más marcadas es que cada persona puede tener sus activos en su propia custodia, en cualquier dispositivo digital, dejando de lado la banca tradicional si así quisiera y pagando mínimos costos por los movimientos de los activos. Todo esto es posible gracias a la parte tecnológica de los Smart Contracts, que son programas informáticos.
La globalización, tarde o temprano, hará que este sistema financiero DEFI sea el que utilicen los Estados nacionales, por su simpleza, bajo costo y efectividad.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Consumo
Inflación: ¿qué pasó en agosto?
El relevamiento del Banco Central proyectó 1,7% para agosto, pero también registró una contracción de 0,9% en el segundo trimestre y una desocupación de 7,7%.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central estimó una inflación mensual de 1,7% para agosto, apenas 0,1 puntos porcentuales por debajo de la encuesta anterior. El número ofreció una baja leve, pero el mismo informe mostró el costo del esquema: los analistas calcularon una contracción de 0,9% del Producto Interno Bruto ajustado por estacionalidad durante el segundo trimestre de 2026.
Una desaceleración que no alcanzó para festejar
El octavo REM del año, publicado por el BCRA el 4 de septiembre, ubicó en 1,7% la proyección de inflación para agosto. El grupo de analistas que mejor acertó en relevamientos anteriores, el llamado Top 10, mantuvo la misma estimación. Para la inflación núcleo, el conjunto de participantes también calculó 1,7%, mientras que el Top 10 proyectó 1,6%.
La diferencia con el relevamiento previo resultó tan chica que venderla como una victoria contundente habría sido, cuanto menos, un exceso de entusiasmo. La inflación no desapareció: apenas bajó una décima en la expectativa del mercado. Y el dato oficial de agosto todavía no formaba parte de ese informe, que difundió proyecciones y no una medición definitiva.
El ajuste dejó la actividad en rojo
El contraste apareció en la actividad económica. Los participantes del REM estimaron que el producto se contrajo 0,9% en el segundo trimestre de 2026, una proyección que empeoró en 0,5 puntos porcentuales respecto del relevamiento anterior. Para el tercer trimestre proyectaron una mejora de 1,1% y para el cuarto, un crecimiento de 1,3%.
El promedio anual tampoco salió ileso. El mercado esperaba que el PIB real de 2026 quedara 2,1% por encima del promedio de 2025, pero recortó esa previsión en 0,6 puntos porcentuales. El Top 10 calculó una expansión de 2,2%, también menor que la estimada previamente.
La contradicción quedó expuesta: el programa podía mostrar una inflación esperada algo menor mientras la economía retrocedía y las previsiones de crecimiento se achicaban. La baja de precios, en ese cuadro, no funcionó como alivio automático para los ingresos, el empleo ni el consumo.
Más superávit, menos margen para la vida cotidiana
En materia laboral, el REM ubicó la desocupación abierta del segundo trimestre en 7,7% de la Población Económicamente Activa y proyectó 7,5% para el cuarto trimestre. El Top 10 calculó 7,6% para ambos períodos. Las cifras describieron un mercado de trabajo que siguió lejos de una mejora contundente.
El relevamiento también proyectó un superávit primario de 15,4 billones de pesos para el Sector Público Nacional no Financiero en 2026, aunque recortó esa estimación en 154.000 millones de pesos frente al informe previo. El Excel celebró el superávit, pero la calle recibió el ajuste en cuotas: menos actividad, empleo frágil y una inflación que todavía siguió corriendo.
El REM no decidió la política económica ni midió por sí mismo el IPC. Reunió las proyecciones de consultoras, entidades financieras y centros de investigación. Por eso, el dato central fue menos épico de lo que podía sugerir una lectura apurada: el mercado esperaba una desaceleración modesta, junto con una recuperación que todavía debía probarse en la economía real.
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