Opinión
La política en los barrios (territorios de base) del Conurbano
Por Sergio Spartano
Por Sergio Spartano
Sería ociosa una cronología de la constitución del sujeto colectivo que habita los barrios en los meses finales del año 2021. Desde la recuperación del concepto PUEBLO como definición política de ese colectivo (en contraposición a definiciones tales como: “gente”, “vecinos”, etc.; a la luz de debates propiciados durante la década de procesos emancipatorios en sudamérica durante la primera década larga del SXXI) que se organiza con sus redes de contención, le permitieron ir transicionando su adaptación a otros y diferentes niveles de inequidad y exclusión de derechos, concebidos desde las usinas de las metrópolis, resistiendo a su desaparición y consolidación definitiva.
Luego del proceso eleccionario para las legislativas en las PASO 12 de Setiembre y legislativas 14 de Noviembre de este año, se han sucedido innumerables debates sobre los resultados de ambas ,sus causas y consecuencias. Por responsabilidad personal considero válidas a TODAS las razones esgrimidas desde las diferentes corrientes de opinión dentro del CAMPO NACIONAL Y POPULAR, pero también por obligación militante es menester puntualizar en una en particular, a la que hicieron referencia (nobleza obliga) Fernando Vaca Narvaja, luego del pasado 12 de septiembre, y Edgardo Mocca, el último sábado 20 de noviembre en Marca de Radio.
La enorme distancia verificable desde hace varios años entre la militancia llevada adelante por diferentes funcionarios militantes en la gestión de responsabilidades estatales (incluidas organizaciones sociales, políticas y otras) y las demandas emanadas desde las necesidades en los territorios.
La diversidad de problemáticas que el ciudadano Urbano y Suburbano debe atender en su vida cotidiana sin privación de necesidades básicas (no solo esenciales – se podrían escribir varios artículos sobre lo que pudieran ser necesidades esenciales), y que fueron acentuándose a lo largo de 40 años de democracia liberal, dificultan a los diferentes colectivos organizados (Estado, Sindicatos, Organizaciones Sociales y Políticas, Empresariales, etc.) la articulación para fijar prioridades sobre la agenda de acciones.
Tomando estas dos premisas, podemos inferir que:
1) Sin una escucha atenta (real, no discursiva) con atención a todas las diversidades sobre las problemáticas de la base de la pirámide de la ciudadanía, difícilmente las acciones realizadas desde la gestión estatal y/o promovidas desde las organizaciones populares impacten en la recepción de las mismas a las propias necesidades de los territorios.
2) Para que esa primera condición pueda efectivizarse, las acciones de intervención estatal requieren mayor cercanía con los referentes territoriales en debates que contemplen las particularidades de los diferentes colectivos. Se hace necesario revisionar las experiencias históricas acuñadas al calor de nuestro PUEBLO de “¿cogestión?”, entre la ciudadanía, las instancias estatales y las organizaciones populares: Presupuestos participativos, Unidad de Gestión Ciudadana, Asambleas de Sindicatos, Paritaria Docente Provincial, etc.
3) Desterrar definitivamente cualquier práctica “¿militante?” que remita al “clientelismo”. Esto requiere una profunda internalización en TODOS los militantes de lo que nuestro querido compañero Néstor Kirchner nos legó en más de una oportunidad: un ciudadano común con diferente responsabilidad; hacer un trabajo de autoformación basado en la lucha contra cualquier tentación de personalismo: “La Organización Vence al Tiempo”.
4) Retomar las definiciones de SOBERANÍA POLÍTICA, INDEPENDENCIA ECONÓMICA Y JUSTICIA SOCIAL extensiva a la vida cotidiana del PUEBLO. En dimensión actual, no es lícito para ningún militante hacer referencia a las mismas si no puede internalizarlas en su militancia con sus compañeros porque su propósito es hacerlo desde la “gestión” estatal, mientras “asume” la “representación” de sus “clientes” y “votantes”.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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