Opinión
La unidad y el espanto
¡Señor! Dadnos para las cosas inútiles miradas sin visión, y ojos llenos de claridad para todas tus Verdades (S. Kierkegaard)
Por Santiago González Casares @filosofopueblo (Twitter)
A veces pasa, quizás más de las que soy capaz de confesar, que tengo la sensación de que me están mintiendo, en la cara, descaradamente. Y no me refiero solo a los artilugios archiconocidos de los medios de comunicación, ni a la manipulación subrepticia de la razón cibernética. Digo alguien, que, en la espera de un semáforo, en la cola de un colectivo, o en la esquina de un bar, me miente impúdicamente, es decir, dice algo que no corresponde con la realidad, directamente me relata un invento. Un delirio, un relato que no condice con la realidad, que sorprendentemente a su narrador no parece importarle mucho, es como un repetir sin pensar, redundar sin cesar. Es alguien que repite algo sin haberlo comprendido, sin siquiera haberlo escuchado del todo. Reproduce como un disco roto algo que nunca llegará a ser canción. Que alguien nos miente casi sin darse cuenta implica que se miente antes a sí mismo, aunque quizás no, pero que lo repite, lo repite. Y en el fondo quizás ni importe si lo que dice condice o no con la realidad, lo importante es tener una opinión, un dato, o varios, tener data. Lo importante es citar una fuente fidedigna de información, o quizás ni siquiera eso, es repetir algo solo por eso, por decir algo. El problema es cuando nosotros empezamos a creerlo, y lo que es peor que lleguemos hasta repetirlo. Sin saberlo, sin siquiera sentirlo.
En la antigua Grecia, ese dominio de la información, pero a su vez, esa manera misma del lenguaje, se la llamaba opinión (doxa) y la manejaban los sofistas. Dichos mercaderes de la palabra cobraban por asesorar a los que tomaban decisiones y deliberaban sobre los designios del pueblo reunidos en el ágora. Les pagaban para ganar algún argumento y eventualmente contribuir a la elección de algún magistrado. Como habrán sabido observar, las cosas hoy en día no han cambiado demasiado. El dominio del sofista en los tiempos que corren ocupa todos los espacios (ágora digital), pero sobre el propio, el espacio íntimo de discernimiento que nos permite distinguir lo verdadero de la falsedad. Ello constituye eventualmente una disposición afectiva, y cuando se expande a toda la comunidad, genera una especie de tácito pánico, una sensación general, ya no de cansancio, sino de espanto. Ese lugar, como decíamos antes, se apodera de nosotros sin que estemos del todo conscientes de que está efectivamente ocurriendo, es decir, no sabemos lo que decimos y lo repetimos, y preferimos no saberlo, tenemos miedo de tener que enfrentarlo. Para Heidegger, el espanto es el grado superior del miedo, es susto y pavor a la vez, repentino y desconocido al mismo tiempo. Si bien él no lo piensa en términos colectivos, podemos vislumbrar que para él también el espanto es una situación definitiva, lo amenazante ya está delante nuestro, ya nos alcanzó, ya se apoderó de la realidad.
En términos del anecdotario político local, el espanto ha servido para reunir posiciones aparentemente irreconciliables por miedo a un mal mayor. Por lo general, no han tenido gran éxito, y casi exclusivamente han caído en el olvido del gran muro de la historia nacional. ¿Pero estas eventuales unificaciones han logrado alguna vez la unidad? ¿La unidad es posible a partir de la orfandad que implica el espanto? ¿Podemos estar unidos en el espanto? ¿O quizás la unidad sea de otra naturaleza, disponible solo a ciertas disposiciones afectivas específicas como el amor o la hermandad? Hay una acepción bíblica de la unidad (hénosis) que nos puede ser útil para entender esta imposibilidad. Porque el espanto parte de un desconocimiento fundamental de aquello de lo que se trata, de lo que acecha, el espanto resulta de la opinión impersonal, de la repetición en serie que nos hace tararear algo solo por su alta rotación (artilugio radial), sin entender nada de lo que se canta. La unidad espiritual que implica la definición bíblica parte, por el contrario, de un profundo reconocimiento de quienes realmente somos y de la alteridad primigenia que nos constituye. Somos lo que hacemos por los demás, es a partir de ahí desde donde puede brotar la única y verdadera Unidad.
Deja un comentario
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
-
Judiciales ⚖️6 díasAutopsia de Benjamín Scerra: revelan que recibió más de 20 puñaladas
-
Fútbol & Goles!7 díasEscándalo total: Malcorra fue a buscar a Gustavo López a la salida de la radio y casi terminan a las piñas
-
Espectáculos 🎭3 díasWanda ganó el Martín Fierro a Mejor Conductora: su discurso a favor de las mujeres y la salud pública
-
Buenos Aires5 díasAlerta en Mar del Tuyú: el mar avanza y las casas de la costa quedan al borde del colapso
-
Judiciales ⚖️5 díasNarcoaviones y política: avanza la investigación en EEUU que vincula a Machado con Espert
-
Mundo 🌐3 díasSeis vidas en las profundidades: el accidente de buceo más letal en la historia de Maldivas
-
Goles! ⚽4 díasRiver vs. Belgrano en el Kempes: la final del Apertura 2026 que el fútbol popular esperaba
-
Consumo7 díasEl sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas

Pingback: El relato y la memoria - El Argentino Diario