Conectate con El Argentino

Opinión

El relato y la memoria

En este artículo, el autor reflexiona sobre la pérdida de sentido en la era virtual y la falta de fundamentos en el discurso abúlico que circula en los medios. También destaca la importancia de la memoria como un acto de recuperación de la esencia de las cosas y como una promesa viva para el futuro de una comunidad.

Publicado hace

#

Por Santiago González Casares

TW: @filosofopueblo

A mi generación y a los que nos hicieron

Hoy no tengo ganas de escribir, en lo más mínimo, ¿Cuál es el propósito? ¿Para qué? Si todo queda en el olvido, nada de lo que pueda decir tiene sentido. He caído sin duda en la letanía abúlica de la norma, ya lo habían anticipado mis amigos, me lo sentenciaron las musas y las astrologas. He finalmente aceptado la caída en el anonimato, en el refugio impersonal que impone esta existencia virtual, binaria. Ya nada tiene sentido, dios ha muerto, deus ex machina. Como en el teatro de Eurípides, la máquina nos trae a los dioses, los dispone para su adoración. Olvido quien soy realmente, de donde vengo, quienes son los míos. Nada importa, ni mi propio destino ni el colectivo. De allí viene la escueta afluencia a los comicios, y el descreimiento de la política. Ya no me creo capaz de influir, de dejar en el mundo mi huella, de apropiarme del mundo y por ende termino perdiendo a mí mismo.

Me he convertido en lo que los filósofos llamamos tiramerdis, los que no tienen nada bueno para decir de todo lo que los rodea, del país, del movimiento, de los compañeros, de su familia, de las compañeras, mujeres, amigas, hijas, madres. Los tiramerdis son capaces de encontrar el error en absolutamente todo lo que se les ofrece en la vida de todos los días, un restaurante, sus trabajos, sus colegas, todos y todas están equivocados, y sin duda, en cualquier otro lado, cualquier otro pueblo, lo hace mejor. Y todo esto ¿en nombre de que, de quien, desde donde? La crítica viene de ningún lado, de nadie, de nada. Es la nada misma.

Como decíamos la semana pasada, si encima esta crítica está en alta rotación, y todo el dispositivo virtual lo repite sin fronteras, es difícil no tararear la canción. Y los estribillos dicen siempre lo mismo, descreimiento, desánimo, aburrimiento (claro está, luego nos venden el antídoto). Este cruel desenlace, no es casual, se debe justamente a la falta de fundamento, el discurso abúlico que generan los medios no tiene cimientos, no vienen de ningún lado, es una palabra sin suelo.

La memoria es la capacidad que tenemos de recuperar el suelo de las cosas, darles cuerpo, no solo a la historia sino también al pensamiento en cuanto tal. Sino las cosas, de lo que realmente se trata, caen en el olvido, sobre todo el ser de las cosas, su esencia. El discurso abúlico, desencantado, carece de suelo en tanto se dice sin tener que corresponder con ningún nivel de realidad de las cosas, llegando hasta crear una realidad alternativa, autoverificando su probabilidad estadísticamente irrefutable.

Al contrario, la operación de la memoria es otra por completo, es decir, la memoria construye un relato a partir de la posibilidad de continuar narrando dicho relato y para eso, la palabra debe encarnar, tomar suelo. Mientras contemos la historia de las cosas, que seamos nosotros los que la narremos, más posibilidades tendremos de encontrarnos y buscar colectivamente la verdad. Y quizás esto que aquí hacemos, este fortuito diálogo que establecemos cada vez que aquí nos vemos, ustedes y yo, nosotros, también establecemos una comunicación que construye un lugar para la memoria.

Es evidente que la reciente bienvenida al nieto #133 es la manifestación encarnada del acontecimiento común de un pueblo, y al mismo tiempo es algo más, manifiesta algo profundo que habla directamente de la esencia de la memoria, al punto tal, que llega quizás a ser más que eso.

Pues la posibilidad viva de la memoria cuando se hace presente en carne y hueso, es más que memoria, es una promesa. Según Ricoeur, la memoria es rememoración y constitución de un relato, y continuación del mismo, pero no logra pensar el acontecimiento de una aparición, o menos aún, la resurrección de la memoria. Un ser vivo es más que una narración, es más que la continuación de un relato, es el acontecimiento mismo de un pueblo y la promesa viva del porvenir de una comunidad. Es la realización milagrosa y la apropiación de un pueblo en el mutuo reconocimiento.

Análisis

El Che escribió como Rubén Darío: Marcha Triunfal

Los cuadernos escritos a mano del Che.

Publicado hace

#

Por Jesús Rivero

Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal. 

Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.

En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.

Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma,  en su cuaderno  en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.

* escritor y activista político

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo