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Análisis

A 14 años de la partida de Néstor: recuperar las banderas de liberación nacional y popular

Cooke advertía que la falta de renovación política y el sectarismo aislaban a los movimientos.

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Por Emilia Trabucco*

Un nuevo aniversario de la partida física de Néstor Kirchner invita a dar algunos debates urgentes.

La situación política actual en Argentina, marcada por la emergencia de Javier Milei y las consecuencias de 10 meses de su gobierno, plantea preguntas cruciales para el peronismo: ¿qué proyecto puede disputarle a una ultraderecha que logró capitalizar el descontento social? ¿Cómo lograr una síntesis política que no quede atrapada solo en el debate electoral?

En este escenario, resulta necesario repensar los errores y los desafíos de cara a la construcción de un proyecto que vuelva a interpelar a las mayorías populares.

El peronismo no solo enfrenta una crisis interna sino que también parece encontrarse atrapado entre la crisis profunda de representación, la dispersión, el acuerdismo y el infantilismo de ciertos análisis, por un lado, y el puro electoralismo, por el otro.

Como dijo John William Cooke en su crítica al radicalismo de su época, el riesgo es que el peronismo «se encierre en cuevas ideológicas«, quedando ciego ante la realidad cambiante y sin capacidad de ofrecer una respuesta política efectiva.

Cooke advertía que la falta de renovación política y el sectarismo aislaban a los movimientos, dejando espacio a otras fuerzas para avanzar.

Hoy, las reflexiones de Cooke adquieren vigencia, pero esta vez, también para repensar el peronismo.

Cristina Fernández de Kirchner, que sintetiza indudablemente el acumulado político de 12 años de gobierno popular, ha planteado la necesidad de “ordenar” al movimiento, pero su aproximación a figuras como Aníbal Fernández y la tensión con dirigentes como Axel Kicillof en el medio de la interna del Partido Justicialista demuestran que el ordenamiento del peronismo enfrenta obstáculos.

¿Cómo se puede reorganizar el peronismo para evitar el colapso ante la avanzada de Milei? ¿Qué haría Néstor Kirchner en este contexto?

Es imposible evitar la pregunta: ¿cómo actuaría Néstor Kirchner ante esta situación? En 2003, cuando asumió la presidencia, Néstor enfrentó una Argentina sumida en la desintegración política, con un radicalismo colapsado y un peronismo fragmentado.

Su estrategia no fue buscar atajos electorales, sino plantear una política de reconstrucción del Estado, del tejido social y, sobre todo, de un proyecto nacional basado en la soberanía y los intereses populares.

Su postura firme ante la deuda externa y su capacidad para sintetizar las demandas sociales fueron claves para ordenar el caos. 

Hoy, esa capacidad de síntesis parece estar ausente en un peronismo fragmentado, donde las internas no solo no se resuelven, sino que se agudizan. La pregunta que surge es: ¿puede el peronismo retomar ese camino y estructurar un proyecto que no dependa solo de fórmulas electorales, sino de la construcción de la unidad en base a un programa? Aquí radica uno de los mayores desafíos.

Sin esa síntesis, las mayorías populares quedan desamparadas ante las propuestas de Milei, que prometen «desordenar la política» al estilo del Néstor de 2003, pero desde las antípodas, llevando adelante un plan de gobierno que profundiza las desigualdades sociales y se ha propuesto destruir los derechos conquistados de las mayorías trabajadoras, mientras los grupos concentrados se enriquecen exponencialmente. 

La transversalidad como desafío y oportunidad

En este sentido, la transversalidad que Néstor Kirchner promovió en su momento debe ser reconsiderada.

No se trata de volver a fórmulas ya probadas, sino de preguntarnos: ¿qué tipo de transversalidad puede reconstituir hoy el campo nacional y popular? La clave parece residir en salir del encierro y comprender las nuevas configuraciones del campo de la política, que vuelven urgente la tarea de reconfigurar las lógicas de construcción de poder y ampliar el campo de alianzas, siempre con la mirada puesta en las necesidades del pueblo argentino.

¿Qué conflictos estructuran la totalidad caótica actual? ¿Cómo articular una propuesta que no sea meramente electoral?.

Esta necesidad de alianzas pragmáticas plantea una tensión: ¿hasta dónde puede llegar el kirchnerismo en su intento por mantener el poder sin diluir su contenido político? El riesgo es que, al centrarse solo en ganar elecciones, se pierda la capacidad de reordenar políticamente al peronismo y de representar verdaderamente los intereses de las mayorías.

¿Qué conflicto ordena la política hoy?

Una pregunta clave para abordar esta discusión es: ¿qué conflicto ordena la totalidad caótica que vive hoy la política argentina? En tiempos de Néstor Kirchner, el conflicto principal era la soberanía económica frente al neoliberalismo de los ’90 y la deuda externa.

Hoy, la claridad ante el conflicto parece diluirse, en medio de una política que se juega en las redes y plataformas digitales, en una batalla de construcción de relatos que abona al alineamiento de las bases en torno a antinomias, en el marco de una guerra de desinformación que la ultraderecha fascista instrumenta a su favor, bajo el objetivo de acaudillar distintos sectores sociales y conducirlos a pesar de representar intereses totalmente opuestos.

La crisis actual exige que el peronismo retome el legado transformador de Néstor Kirchner, quien, en un momento de profunda descomposición política, no recurrió a pactos coyunturales, sino que reconstruyó el movimiento y el Estado en función de los intereses populares.

Hoy, ante la ofensiva reaccionaria que representa Milei, es imperativo articular un proyecto político basado en la unidad de las clases trabajadoras, que sea capaz de canalizar el descontento y retomar la senda de soberanía y justicia social que marcaron las presidencias de Néstor y Cristina en los inicios del siglo XXI.

Recuperar a Néstor frente a los desafíos de la época

Recuperar esta orientación implica, a su vez, una democratización de la participación política y la apertura de espacios donde nuevos liderazgos populares puedan surgir y fortalecerse.

Los espacios de lucha –desde las universidades, los sindicatos y las calles hasta las redes sociales– deben convertirse en herramientas de construcción de poder real, un poder capaz de disputar y construir sentido popular frente al avance de un proyecto de ultraderecha fascista que busca reconfigurar la subjetividad de las mayorías en favor del capital.

Para enfrentar la avanzada de este programa -que en Argentina conducen los grupos económicos en complicidad con Milei, Macri y varias figuras del “peronismo”, el movimiento nacional y popular debe reconstituirse como un frente que aglutine las diversas fuerzas de las mayorías populares, unificadas en torno a un programa que retome las banderas de liberación nacional y popular.

Sin este camino, las clases trabajadoras quedarán a merced de los discursos de odio y la desigualdad que profundiza la derecha, anulando el legado de conquistas y derechos que el peronismo del siglo XXI, el kirchnerismo, supo forjar en las últimas décadas.

 

*Psicóloga, Magíster en Seguridad. Analista de la Agencia NODAL y de CLAE Argentina. Directora del Área de Universidad, Género y Trabajo del IEC-CONADU

Análisis

La Mano de D10S

Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe. 

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Por Jesús Rivero*

Transmisión etimológicamente significa: acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe. 

No es solo fútbol. Pulula desde las periferias, desde los barrios, un nacionalismo, sin centro. Es la juventud, su brazo, su mano, la mano de Diego.

No es romantizar el fútbol, menos la vulneración de un pueblo que pide a gritos una sonrisa, una felicidad. Es decir, poder leer en términos del psicoanálisis lacaniano el orden de lo real, y tocarlo por medio del orden simbólico. Hoy, el objeto de representación imaginaria es un objeto redondo, esférico, llamado pelota, pero que remite estrictamente al orden de lo real, al inconsciente político. 

 

Es obvio e histórico que el fútbol y los mundiales son un velo que no manifiesta la realidad explícita. En nuestro imaginario con solo tocar por medio del orden simbólico (la palabra) lo real, nos remite a la realidad atroz que veló el mundial de 1978.

Hoy, la realidad no es diferente. Que el Gobierno representado por Javier Milei, pero sostenido por el círculo rojo internacional que en teoría llegó al Ejecutivo por las vías democráticas, en la práctica es un gobierno de facto, por fuera del marco jurídico, violando la reforma Constitucional de 1994 y los tratados internacionales que se introdujeron en la misma con jerarquía constitucional. 

Bajo el señuelo del mundial de fútbol, en Ejecutivo lanzó una agenda económica-política en tiempo récord, estableciendo convenios estratégicos de alto impacto y que mantiene bajo estricto hermetismo el avance hacia la privatización de sectores clave como el agua, minerales críticos y energía nuclear.

Hoy, tenemos instalado en Argentina al magnate Peter Thiel con su proyecto de la Inteligencia Artificial y que necesita de la Patagonia para materializarlo y sobre todo de la continuidad del gobierno representado por Javier Milei, con un establishment (equipo) que no es nuevo. Sus apellidos son conocidos: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich y Diego Santilli, es decir, Mauricio Macri. 

 

Hoy, como ayer mientras los goles (la fiebre del mundial) copaban las pantallas, se ejecutaban políticas que favorecen al mismo sector de siempre, a los poseedores del gran capital. En este modelo de socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias, por ejemplo Capital Humano activó una de las medidas más drásticas del año con la caída de la prórroga automática de 446 convenios colectivos de trabajo, en el mismo momento que dejaba sin percibir el Salario Social y Complementario a mas de 1.000.000 de trabajadores de la Economía Popular.

 

En simultáneo el Ministerio de Defensa selló un negocio con Estados Unidos para el acceso a combustible militar y tecnología digital (drones), profundizando el alineamiento geopolítico de Argentina, pasando por alto la asamblea legislativa, es decir, la democracia. 

Desde que el velo del mundial como cortina tapa el grifo que cerró las transferencias, las licitaciones y auditorias avanzan a paso firme en las oficinas de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, apuntando a tres ejes fundamentales:

●AySA (Agua y Saneamientos Argentinos): el servicio de agua potable y cloacas de Buenos Aires se encuentra en la fase técnica final para su concesión al sector privado. El proceso se maneja con un perfil inusualmente bajo para evitar la resistencia social que históricamente generan las privatizaciones de servicios públicos esenciales.

 

●Intercargo (aerocargo): la empresa estatal que monopoliza el servicio de rampa y logística de cargas aéreas en los aeropuertos del país avanza en su pliego de privatización. El conflicto latente con los gremios aeronáuticos se ha mantenido congelado mediáticamente durante un mes.

 

●Centrales Nucleares: el paquete de medidas más sensible involucra a Nucleoeléctrica Argentina (operadora de Atucha l, Atucha ll y Embalse). Cómo efecto del velo del mundial como distracción se aceleró la privatización parcial y contratos operación internacional. 

 

En lo que respecta al poder legislativo hubo un tratamiento de urgencia para el pago de 104 millones de dólares a los últimos fondos buitres (Bainbridge y Attester Value) que se aprobó a espalda de la ciudadanía.

 

No hay duda que “la libertad avanza» para unos pocos, los mismos de siempre. Es imperante para el Ejecutivo la reforma estructural para materializar su proyecto, mientras las pantallas suben la fiebre mundialista. Cuándo la misma baje será responsabilidad nuestra trabajar sobre este nacionalismo que polulo desde las periferias, que se mezcló entre el fútbol como caballo de Troya. Una latencia que se multiplicó por un instante en alegría, como el recordado 17 de octubre, donde las fuentes se llenaron de cabecitas negras, de obreros. Las hazañas siempre fueron peronistas, como los días más felices también fueron y serán peronistas, porque el peronismo es un movimiento que está constituido por sectores de centro-izquierda, centro y conservadores. Un significante vacío que busca su punto de capitón, su significación (negociación). Solo el que no sea peronista puede creer que el peronismo se está destruyendo. Es todo lo contrario, cuando nos peleamos, nos estamos reproduciendo, es la lucha de clases dentro del movimiento, son las características de la democracia.

En este sentido y como decía Diego: fuy, soy y seré peronista. Porque los días más felices fueron, son y serán en un porvenir peronista. Porque como lo ilustra la imagen, hay una juventud que pulula desde las periferias con una sonrisa, con un brazo, con una mano, que sostiene la bandera, la mano de D10S.

*escritor y activista político.

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