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Análisis

Matemos a los pobres

Por Eduardo Silveyra.

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Por Eduardo Silveyra

Un descabellado plan de exterminio parece expandirse ante nuestra mirada. Alimentos almacenados y escondidos en galpones y que no se distribuyen. Manifestaciones reprimidas y manifestantes encarcelados. Jóvenes libertarios que se divierten baleando pobres. Postales siniestras de la era Milei. Escribe: Eduardo Silveyra

Origen

Podemos decir sin dudar, que el gobierno de Milei tiene un plan de exterminio poblacional que abarca todo el territorio del país. Sus medidas económicas y de gobierno van en esa dirección. 

El ocultamiento en galpones,durante meses, de comida que debía ser repartida en los comedores y merenderos de barrios populares de todo el territorio es una muestra clara de esa política destructiva que se expande ante la vista de todos.

Y rubricada por las declaraciones del mismo presidente al decir: “Algo harán antes de morirse de hambre”. Como si a ese acorralamiento inhumano, llevado adelante por la ministra Sandra Petovello, le llegara a suceder un acontecer luminoso, producido por las“fuerzas del cielo”, cuando en realidad es una tácita condena a muerte, que solo conduce a la violencia del sálvese quien pueda o una rebelión que aún, no tiene visos de tornarse real.

La ola de despidos tanto en la administración pública, como en el ámbito privado, van también en la misma dirección. 

Con el amparo del protocolo anti-piquetes dispuesto por Patricia Bullrich, que a pesar del mismo, muchas veces no pudo ponerlo en práctica, desbordada por la masividad de las convocatorias, otras protestas fueron reprimidas de modo salvaje, tal como ocurrió en la última movilización contra la Ley de Bases del 12 de junio pasado, donde es por todos conocida, la cacería de manifestante llevada adelante por las fuerzas represivas, después que provocadores incendiaran automóviles, con el fin de acrecentar la represión.

La prisión de treinta y tres personas que participaban de manera pacífica de la marcha, acusados con fuertes cargos penales, como terrorismo y sedición, son parte de la operación de infundir miedo y desalentar las protestas, a lo cual se debe sumar el maltrato a los mismos en las dependencias carcelarias, donde fueron mantenidos desnudos durante horas y rociados con gas pimienta.

En esto también hay otras complicidades, la de los medios hegemónicos, que siempre operan con la misma recurrencia, demonizar con información sesgada, porque ya no es la propagandapartidaria o ideológica la que otorga el poder o el dominio, sino la información. 

Cuando Patricia Bullrich, le envía a las centrales de trabajadores facturas por 40 millones de pesos, para que paguen un operativo policial con represión incluida, no hace más que generar una información cargada de demagogia impracticable, que le llegara a la masa cautiva de las redes a través de los medios cómplices del exterminio. 

Ningún medio hegemónico, como tampoco los funcionarios, hablan de cuántas cosas se podría comprar para paliar la crisis con ese dinero. 

Un simple cálculo nos dice que, con 40 millones de pesos, se puede adquirir unos 40 mil kilos de fideos, 22 mil kilos de pan o 40 mil litros de leche de una segunda marca, para subsanar en parte, el hambre que originan las maldecidas protestas de aquellos que fueron vulnerados en su humanidad, por la barbarie liberal. Tampoco hacen referencia a que un tubo de gas pimienta MK-9 Magnun Stream, tiene el mismo costo de una jubilación mínima, es decir: $200 mil.

¡BANG! El exterminio tiene sus blancos elegidos, trabajadores precarizados e informales, campesinos y campesinas desalojados de sus parcelas y jóvenes de barriadas populares, para estos últimos el gatillo fácil es la metodología más antigua y más práctica, usada por las fuerzas policiales. Con la carta blanca otorgada por el Ministerio de Seguridad a los efectivos policiales. 

Sin datos aun sistematizados, las cifras muestran de qué va el asunto, María del Carmen Verdú, referente de la CORREPI nos dice: 

“A esta altura del año aún no hemos hecho una búsqueda sistemática, solo lo que nos llega por contacto directo o través de los medios, haciendo esa salvedad, tenemos 76 muertes a manos de las fuerzas policiales, desglosadas en 32 casos de gatillo fácil, 30 muertes de personas bajo custodia, 10 intra fuerza, que incluyen femicidios y 4 en otras circunstancia, como es el caso de Yonathan Domínguez.”

El caso de Domínguez es una muestra clara de los nuevos procederes policíacos. Se trata de un trabajador de una empresa tercerizada del GCBA, que había consumido cocaína y al bajar del tren en la estación Querandíes (Ciudad Evita) sufrió un ataque de pánico y sobre él se abalanzaron once policías, repartidos entre efectivos de la Federal y otros de la Bonaerense, que lo retuvieron 50 minutos ocasionándole la muerte. 

Con un accionar semejante al de las jaurías, en este gobierno los agentes de la seguridad abandonan su rol de protección ciudadana y se convierten en una gavilla de cazadores humanos, en un coto de caza expandido por todo el territorio y cuya presa es el negro, el trava, la lesbiana, los zurdos, quienes viven en la calle y todo aquel digno de ser exterminado por razones económicas, políticas y sociales. 

El extermino de pobres es la meta para que cierren los números de la economía y la orden es política. En estos días, también fue liberado, sobreseído y ascendido, un oficial de la Policía de la Ciudad, que mató a un hombre en un bodegón de Congreso, en un hecho con ribetes de ejecución.

La violencia policial, está ligada también a la situación económica, en una entrevista publicada por el medio estadounidense The Free Press, la periodista le preguntó a Milei, qué sentía ante la imposibilidad de comprar alimentos por parte de la gente, ante el descontrolado aumento de los precios, la repuesta psicopática fue: “Yo no tengo que lidiar con las emociones.

Yo hablo de números y de realidad, no de emociones”. Obrar de manera deshumanizada, es la premisa impuesta desde arriba hacia abajo y explica en parte este eje del exterminio. Rubricado esto con otra declaración cínica: «Va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir algo para no morirse. No necesito intervenir. Alguien lo va a resolver».

Salud

El recorte en salud pública trae aparejada otras consecuencias nefastas de la mano del ajuste a los salarios. En estos tiempos ha aumentado el consumo de harinas en un 54 % lo cual no es buen índice. Esto habla de dietas poco saludables y de mala alimentación sobre todo en los jóvenes de bajos recursos que suelen saltear una comida al día, algo que no solo afecta a quienes se ven obligados a hacerlo, sino a todos los argentinos. 

Los despidos a mansalva en el sector público y privado, nos muestra a personas que pierden sus trabajos y por ende la atención en los sistemas de salud de las obras sociales. En una nota publicada por La Nación, la ministra de Hábitat y Desarrollo Urbano de la provincia de Buenos Aires, Silvina Batakis, opinó que “la tasa de mortalidad de este año y del año que viene va a crecer mucho respecto de 2023 y 2022″ debido a las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. Algo no muy difícil de pronosticar, si tenemos en cuenta que con la perdida de las prestaciones médicas, mucho pacientes dejan de tomar sus medicaciones y otros, con cierta fortuna, las toman día por medio.

A lo cual hay que agregarle, la no entrega de remedios a los pacientes oncológicos, como también la quita de subsidio a las tarifas de pacientes electro dependientes. Cuántos morirán en este genocidio silencioso, es un interrogante que sobrevuela en el pensamiento, de quienes ven el modo sistemático con el cual se lleva adelante y se muestra como un triunfo recubierto de un superávit fiscal inexistente.

Habilitación

El discurso de exterminio y de odio se expande también de arriba hacia abajo, es común encontrarse con libertarios envalentonados, agredir desde las redes o en la vía pública a todo aquello que se le oponga. Allí también el enemigo es el pobre, el negro, la lesbiana, el peronista, el zurdo.

El blanco elegido se ataca desde un lugar de superioridad de clase o etnica, es un discurso supremacista que habilita a la acción violenta a quienes creen tener una supremacia sobre aquellos que quedan marginados o que deben serlo. No es casual el derivado: a fines del mes de abril –aunque la noticia se conoció pasado más de un mes— cuatro jóvenes de entre 19 y 21 años, fueron detenidos en el barrio de Belgrano, después de disparar balines a un indigente, con un fusil de asalto de aire comprimido. 

Como en un déjà vu, la patota se desplazaba en un Fiat Cronos sin patente, a la media noche. Al momento de ser detenidos, uno de ellos alegó que eran jóvenes libertarios, judíos y tener contactos en la DAIA, cosa que también era cierta. 

Qué habilita para que la xenofobia, el racismo y el odio a los pobres, sea tomado como un valor positivo, cuando es todo lo contrario. La habilitación surge en la génesis de las acciones y en el mismo discursosupremacista de Milei, que se auto percibe como un judío mesiánico, que entre otras cosas, para exhibir la idea devastadora, no asiste a una conmemoración en un centro islámico, porque en la misma está presente el embajador de Palestina, nación que hoy sufre un plan de exterminio llevado adelante por el Estado de Israel. La propuesta de Milei tiene una semejanza con el poema en prosa de Charles Baudelaire ¡Matemos a los pobres! Donde un señor burgués discurre filosóficamente acerca de la miseria y la igualdad, mientras sacia su apetito. En medio de esas cavilaciones, se levanta de la mesa bien servida y aporrea a un mendigo, hasta dejarlo casi muerto. Pero de pronto, con las pocas fuerzas que aún le quedan, el aporreado se hiergue y comienza a devolver los golpes con ferocidad, porque como expresa el burgués apaleado por el pobre: «Solo es el igual de otro quien lo demuestra, y solo es digno de la libertad el que sabe conquistarla».

 

 

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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