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Análisis

“Uno vive en el país del que se entera, cada uno ve una parte”

Entrevista a Pedro Saborido, escritor y humorista.

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Por Andrea Reyes

Ayer volvió “La kermés 2037” con Pedro Saborido como anfitrión del encuentro dominguero en la sala Caras y Caretas, Sarmiento 2037. Se presenta hasta 15 de octubre y combina juegos, música en vivo y algo de comer. Cada domingo hay diferentes artistas como Bla bla y Cia, Los Sutottos, Ximena Banús, Axel Krygier, Tenaza y Tetsuo Lumiere.

En diálogo con El Argentino, el humorista dijo que la kermés “es un espacio pensado hace ya unos años junto a Marcelo Melingo, Horacio David y toda la gente de Caras y Caretas”. Además, aseguró que el espíritu del espacio es “encontrarle una vuelta al domingo”.

-¿Cómo es hacer humor hoy?

-Hoy tenemos artistas muy jóvenes y valiosos. Antes los medios masivos hacían que algunos fueran más conocidos que otros, hoy tenemos un montón que son conocidos por algún sector en especial y se consumen a través de las redes.

-¿Recurre al humor en lo cotidiano?

-El humor no es algo que uno puede crear o generar todo el tiempo, sino que depende de la circunstancia, el contexto y las ganas que se pueda tener o no de hacerlo. Sí a veces me pongo en determinada sintonía, por decirlo de alguna manera, puedo generar humor, pero no es que vivo riendo de lo que me pasa.

-¿Qué recuerda de su infancia en Gerli, Avellaneda?

-La vivencia, uno está hecho con los materiales del lugar y vive esa realidad como niño, como joven; después la cabeza de uno se globaliza un poco más, pero uno vive ahí y lo considera el centro del mundo. A partir de ahí uno descubre muchas cosas parecidas en otros lugares de la Argentina, y otras tantas que son particulares de esos espacios que uno aprendió a vivir y que ama. Por eso, siempre vuelvo, estoy todo el tiempo dando vueltas. No considero que dormir en algún lugar implique que uno es de ahí, uno va y duerme.

-Siempre está en su corazón, como así también la camiseta de Racing

-Así es, aunque soy un hincha moderado. Lo siento y quiero que a Racing le vaya bien, pero no soy un tipo muy apasionado por el fútbol.

-Entonces, ¿qué lo llevó a escribir “Una historia del fútbol”? 

-Siempre el fútbol estuvo a mí alrededor: lo respiré en amigos, en familia. Está flotando alrededor nuestro. Casi te diría que todo el tiempo está ahí para proveernos de metáforas futbolísticas que usamos para hablar de la vida, para explicar; entonces tiene una presencia muy fuerte en la vida de la gente, y yo respeto mucho eso. Me gustaría saber más de fútbol, pero me doy cuenta que está presente y tiene que ver con el poder, la pasión, el amor, la política. Es una potencia impresionante, por eso es difícil esquivar al fútbol; está todo el tiempo dando vueltas.

-Al respecto de política, usted escribió “Una historia del peronismo”…

-Es un libro de cuentos sobre mis ideas que también me parece que está dando vueltas permanentemente en la vida de chicos, mis familiares, de mis padres, de mi barrio. Entonces, en este momento tan especial de la política con la Editorial Planeta decidimos relanzarlo porque apareció una necesidad y me empezaron a preguntar más seguido sobre el libro.

-¿Cuál es la necesidad?

-Creo que es la necesidad de mucha gente que está pasando un momento con muchos temores y angustias, y precisa reafirmar y revisar sus propios ideales: esas cosas que uno mira cuando están en peligro, tienen fallas o están rotas. Cada vez que aparecen las elecciones, vuelve a aparecer la necesidad de revisar, cuestionar y polemizar el peronismo, y esta vez con más fuerza, como una necesidad de mucha gente identificada con el peronismo de ver, de revisarse y de revisarlo.

-De alguna manera es reafirmar convicciones y ver lo que no se pudo ver

-Uno vive en el país del que se entera. No se puede andar culpando mucho de lo que no se ve, cada uno ve una parte del país. Entonces, aun encuestadores, aun políticos, aun los medios de pronto se sorprenden con estas cosas que parece que no están en la vista de lo que habitualmente consumimos como medios o si están, no están en las proporciones que esperábamos.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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