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Vecinos de Chacarita buscan frenar la ola de edificios

Un relevamiento mostró que hasta marzo unas 143 parcelas estaban afectadas por proceso de obra, en venta o demolición.

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Vecinos y vecinas del barrio porteño de Chacarita presentaron un proyecto de ley en la Legislatura local que busca frenar la construcción de nuevas edificaciones en altura tras detectar cerca de 150 terrenos en obra en la zona, lo cual «arrasa con las características identitarias y la calidad de vida», según la iniciativa.

El proyecto fue elaborado por el colectivo barrial «Amparo ambiental Chacarita» para que sea tratado por la Comisión de Planeamiento Urbano y se sumó a los presentados con el mismo objetivo por residentes de Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Santa Rita, Villa Ortúzar, Bajo Belgrano y Núñez; mientras que anunciaron el envío de proyectos desde Palermo y Almagro.

En el caso de Chacarita -un barrio situado en el oeste de la Ciudad en una superficie de 3,1 kilómetros cuadrados- el pedido vecinal apunta a que sean readecuados «diversos aspectos de la normativa urbanística vigente en sectores representativos de nuestros barrios».

La reglamentación actual se rige por el Código Urbanístico sancionado en 2018 por la Legislatura -que reemplazó al Código de Planeamiento Urbano- que amplió las alturas permitidas para los nuevos edificios y habilitó construcciones de más pisos en zonas de casas bajas.

Este fenómeno urbano preocupó a vecinos y vecinas de distintos barrios porteños que comenzaron a agruparse para analizar la normativa vigente y avanzar en la demanda al Gobierno porteño y a la Legislatura de un freno a los permisos de obra.

En Chacarita, un relevamiento mostró que hasta marzo unas 143 parcelas estaban afectadas por proceso de obra, en venta o demolición, por lo cual elaboraron una propuesta de ley que «pretende calibrar o reformular la normativa urbana actual a la estructura física identitaria de nuestro barrio», según explicaron.

Indicaron también como factores de preocupación «el incremento exponencial y arbitrario de la capacidad constructiva de las parcelas, que distorsiona los valores del suelo e incentiva la renovación urbana con sustitución de tejido patrimonial o histórico».

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Agregaron también «el aumento arbitrario de las alturas de la edificación, que alteran la escala urbana y las condiciones de habitabilidad, así como la intensiva ocupación del suelo permitida, que incentiva la disminución de la superficie absorbente y la pérdida de los pulmones de manzana».

«Anhelamos poner freno a este proceso de transformación con impactos negativos en nuestros barrios, proteger el patrimonio aún vigente y recuperar la calidad de vida», concluyeron en el proyecto que contó con la colaboración de la diputada del Frente de Todos Claudia Neira, el Observatorio del Derecho a la Ciudad y de docentes y profesionales de la arquitectura y el urbanismo.

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Macri criminalizó las amenazas escolares mientras el país busca solución a una crisis sin precedentes

El jefe de Gobierno porteño calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad. El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.

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El Argentino Diario-Jorge Macri.

Macri calificó las amenazas en escuelas como delito en medio de una crisis de violencia sin precedentes

★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, convocó este martes a una conferencia de prensa en la sede del Ejecutivo porteño, en la calle Uspallata 3160, para trazar un diagnóstico oficial sobre la ola de amenazas de tiroteos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

Flanqueado por sus ministros y el fiscal general porteño, Macri fue categórico: «No es una broma pesada, es un delito». La declaración llegó en medio de una crisis de violencia escolar que sacude a todo el país desde el trágico tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe, ocurrido el 30 de marzo pasado.

El punto de partida: San Cristóbal y el efecto dominó

La crisis tiene un origen concreto y devastador. Ese 30 de marzo un adolescente de 15 años, identificado por la justicia santafesina con las siglas G.C., ingresó a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal con una escopeta calibre 12/70 oculta en su mochila y abrió fuego. Ian Cabrera, de 13 años, murió. Otros ocho estudiantes resultaron heridos. Un portero del establecimiento evitó una masacre aún mayor al desarmar al agresor.

Lo que siguió no fue una crisis aislada sino una ola. En días posteriores, cientos de escuelas en al menos doce provincias, que incluyen la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Entre Ríos, La Pampa y Tierra del Fuego, recibieron mensajes intimidatorios con una frase que se repetía casi con calcomanía: «Mañana tiroteo. No vengan». El Departamento Judicial de San Isidro llegó a recibir entre 500 y 600 denuncias en apenas 72 horas.

La subcultura detrás de las amenazas

La investigación judicial en San Cristóbal reveló una dimensión que excede el fenómeno viral. La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) detectó a abril de 2026 la existencia de al menos 7 expedientes judiciales en Argentina vinculados a episodios con características similares, todos relacionados con la llamada True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que idealiza y promueve masacres escolares. En los dispositivos confiscados a adolescentes detenidos por las amenazas se encontraron grupos de mensajería en los que se compartían imágenes y conversaciones de extrema violencia.

El propio jefe de Gobierno porteño reconoció que «muchas de estas situaciones nacen de tendencias en redes sociales» y convocó al diálogo familiar como primera línea de respuesta. La frase, aunque correcta en su diagnóstico, expuso la fragilidad institucional frente a un fenómeno que desborda los marcos tradicionales de intervención escolar y policial.

Operativos en todo el país: mochilas, allanamientos y conferencias

La respuesta de las distintas jurisdicciones fue heterogénea. En Puerto Madryn se realizaron allanamientos contra dos menores de 16 años imputados por intimidaciones; en Salta se revisaron más de 400 mochilas en un solo colegio; en Tucumán se intensificó la presencia policial en las puertas de los establecimientos; en Corrientes, varios colegios recibieron a sus alumnos sin mochila para agilizar los ingresos; y en Misiones, el Ministerio de Educación provincial lanzó materiales específicos dirigidos a familias y equipos directivos para fortalecer la detección temprana de situaciones de riesgo.

En la Ciudad de Buenos Aires, la central docente UTE emitió un comunicado en el que advirtió que las amenazas «constituyen una señal de alarma que debe interpelarnos como sociedad» y subrayó que «la escuela sola no puede» hacer frente a esta problemática. El texto reclamó al Estado una intervención urgente y estructural.

La paradoja de la respuesta institucional

La paradoja de fondo es que las instituciones no pueden ignorar las amenazas, pero cada reacción visible le confirma al imitador que su acción tuvo efecto. Alcanza con que sea creíble para activar las alarmas. Un mensaje de WhatsApp puede suspender clases, movilizar a las fuerzas de Seguridad y alterar la vida de cientos de estudiantes y escuelas.

En ese sentido, la conferencia de Jorge Macri, aunque pertinente en su encuadre jurídico, fue también parte de ese mecanismo de amplificación. La declaración de que se trata de un delito, respaldada por la presencia del fiscal general porteño, señaló una orientación punitiva que no responde por sí sola a las causas estructurales: la crisis de contención en las aulas, la fragmentación del tejido social en un contexto de ajuste brutal sobre el sistema educativo público y la expansión sin control de comunidades digitales radicalizadas entre adolescentes vulnerables.

Puntos clave:

  • El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad.
  • El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
  • Las amenazas se extendieron a cientos de establecimientos en al menos 12 provincias argentinas, con una frase casi idéntica: «Mañana tiroteo. No vengan».
  • La justicia santafesina y la SAIT vincularon el fenómeno con la True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que exalta las masacres escolares.
  • Los operativos incluyeron allanamientos, revisión de mochilas y refuerzo policial en múltiples jurisdicciones, con al menos una decena de adolescentes imputados a nivel nacional.

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