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Impuestos

El negocio detrás del abandono: se recaudan $4,2 billones para obras en rutas pero ejecutan solo el 25%

El modelo libertario: no invertir en obras, que se destruyan las rutas públicas y privatizarlas a precio de regalo. Mientras el Gobierno recaudó casi USD 3.000 millones por el Impuesto a los Combustibles Líquidos en 2025, ejecutó menos de un cuarto del presupuesto vial. El destino de esos fondos y las empresas que se posicionan para las privatizaciones en marcha.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ El deterioro de las rutas argentinas tiene números precisos. Entre enero y noviembre de 2025, la recaudación del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC) alcanzó los $4.231.130 millones de pesos, aproximadamente USD 3.000 millones, según datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). La cifra representa un incremento del 104% respecto de los $2.073.816 millones de pesos obtenidos en igual período de 2024.

Sin embargo, el Gobierno ejecutó poco menos del 25% del presupuesto asignado para obras públicas según el informe número 141 que Jefatura de Gabinete presentó al Congreso, con datos hasta finales de octubre de 2024. Del crédito presupuestario vigente para obra pública de $247.464 millones, fueron devengados $59.311 millones.

La brecha entre lo que se recauda y lo que se invierte plantea una pregunta central: ¿a dónde va la plata del impuesto a los combustibles que, por ley, debería destinarse al mantenimiento de rutas?

El desvío legal: cuando los fondos viales financian el superávit

El Impuesto a los Combustibles Líquidos fue creado con un destino específico. La Ley 23.966 establece que una porción significativa de lo recaudado debe aplicarse a infraestructura vial a través de Vialidad Nacional. Pero en la práctica, el mecanismo actual permite que gran parte de esos fondos se desvíen hacia otras finalidades.

Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a datos del Ministerio de Economía, la contribución al ajuste fiscal en lo que va del gobierno de Javier Milei está explicado, en un 24,2%, en la poda presupuestaria de gasto de obra pública.

El recorte de la inversión vial no es solo un problema técnico o de gestión: es una decisión política deliberada que permite mostrar superávit fiscal primario a costa de destruir infraestructura pública. La plata que debería ir a bachear rutas termina engrosando las cuentas que aplauden los mercados y el FMI.

Como señalaron tanto el ministro de Infraestructura bonaerense Gabriel Katopodis como el presidente de FADEEAC Cristian Sanz en la entrevista publicada por este medio: el Gobierno cobra los peajes, recauda el impuesto a los combustibles, pero las rutas se siguen deteriorando.

Las empresas que ya están en la cancha: privatizaciones en marcha

El plan del gobierno libertario no es simplemente «no hacer nada». Es dejar que la infraestructura se destruya para luego privatizarla. Y ese proceso ya comenzó.

En enero de 2025, el gobierno de Javier Milei anunció que daría inicio al proceso de licitación de importantes corredores viales con el fin de privatizarlos. El plan contempla concesionar rutas estratégicas para el comercio del Mercosur, comenzando con las rutas 12 y 14, que conectan Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes.

Las empresas adjudicatarias ya tienen nombre y apellido:

ACS (Autovía Construcciones y Servicios), del grupo Cartellone, se adjudicó la concesión del Tramo Oriental con una oferta de tarifa tope de peaje para autos de $3.563 en cada una de las cuatro cabinas existentes entre Paso de los Libres y Campana. La UTE conformada por las constructoras santafesinas Obring, Rovial y Edeca y las entrerrianas Pitón y Pietroboni ganó el tramo denominado Conexión, que comprende el puente Rosario-Victoria.

Pero esto es apenas el comienzo. El plan del Gobierno no se limita a las rutas 12 y 14. También se prevé la concesión de más de 8.000 kilómetros en diversas provincias, incluyendo la Ruta Nacional 33 en Santa Fe, la 18 en Entre Ríos y la 19 en Córdoba.

Y la privatización va mucho más allá. El Gobierno, a través del Ministerio de Economía, puso en marcha en septiembre de 2025 la privatización de Corredores Viales S.A., la firma estatal que gestiona más de 6.000 km de rutas nacionales. La resolución 1284/2025, publicada en el Boletín Oficial, representa un avance en la política oficial de reducción de la presencia del Estado en empresas públicas.

La normativa fija un plazo máximo de doce meses para concretar la adjudicación de los nuevos tramos viales y proceder a la liquidación de la sociedad estatal.

El modelo: destruir primero, privatizar después

El esquema es similar al aplicado en los años ’90, con algunas actualizaciones. Las concesionarias podrán ceder en garantía hasta el 70% de los ingresos que obtengan por peajes para financiar las obras. Durante el primer año, además, deberán instalar un sistema de cobro automático free flow y un dispositivo de identificación de patentes en todas las estaciones.

Pero hay cláusulas que revelan el verdadero carácter del negocio: En caso de que los contratos se vean alterados por una ruptura de la ecuación económico-financiera, el Gobierno podrá renegociarlos introduciendo nuevos ajustes tarifarios, reducciones en las exigencias de inversión y eventuales compensaciones económicas a cargo del Tesoro.

Es decir: el riesgo no es exclusivamente privado, como sostiene el relato oficial. Si a las empresas no les cierra el negocio, el Estado, léase, todos los contribuyentes, saldrá al rescate con más aumentos de peaje o con compensaciones directas.

Además, estarán habilitadas a desarrollar negocios complementarios vinculados a la infraestructura vial, como paradores, estaciones de servicio, centros comerciales, confiterías, hoteles, lavaderos, farmacias, cajeros automáticos, depósitos fiscales y servicios de telecomunicaciones. Las rutas se convierten así en un negocio integral donde el peaje es solo la punta del iceberg.

Los números que no cierran: deuda, recorte y colapso

El impacto del abandono vial es medible. El Gobierno reconoció en el informe de Francos al Congreso que por Vialidad Nacional existe una deuda por certificación de obras por $134.248 millones. Las empresas constructoras, agrupadas en la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), estiman que la deuda total es mucho mayor.

Mientras tanto, Según las estimaciones del propio oficialismo, se podrían ahorrar más de USD 5.000 millones en un plazo de 20 años gracias a estas concesiones. Un «ahorro» proyectado a dos décadas mientras las rutas se destruyen hoy.

El ministro Katopodis advirtió en la entrevista publicada por este medio que «cuando no se mantiene una ruta, en un año se deteriora todo lo que se cuidó en cuatro años» y que «a todos los argentinos y argentinas les va a salir más cara la reconstrucción».

Cristian Sanz, presidente de FADEEAC, fue contundente al declarar la emergencia nacional en materia vial el 2 de julio de 2024: «Un tremendo bache queda meses y después se convierte en un terrible pozo en el que entra un camión. Y por ahí pasan vidas todo el tiempo. Esto ya pasa al terreno de la desidia».

El verdadero negocio: de quién es la infraestructura que pagamos todos

El modelo en marcha implica que los argentinos paguen tres veces por las mismas rutas:

  1. Primero, a través del Impuesto a los Combustibles Líquidos (casi USD 3.000 millones anuales).
  2. Segundo, cuando esas rutas deterioradas generen sobrecostos en transporte (que según FADEEAC van del 5% al 45% según el estado de la ruta) que se trasladan a los precios de todos los productos.
  3. Tercero, cuando las rutas se privaticen y haya que pagar peaje por circular en infraestructura que los impuestos ya financiaron.

De los 40.000 kilómetros de rutas nacionales, las constructoras estiman que solo unos 1.000 kilómetros pueden generar ingresos sostenibles a través de peajes. Estos tramos incluyen los accesos a la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y la Ruta 3. El resto, las rutas del interior profundo, las que conectan economías regionales, quedarán libradas a su suerte o a la capacidad de las provincias para mantenerlas.

Como señaló Katopodis: «Un país extenso sin rutas en condiciones queda en el abandono y a merced de la dinámica del mercado y de lo que los grandes grupos económicos quieren hacer de este país».

Las consecuencias ya se pagan en vidas

Según la Dirección Nacional de Observatorio Vial, durante 2024 murieron en promedio diez personas por día a causa de la inseguridad vial. Más del 50% de los siniestros fatales ocurrió en rutas: el 29% en rutas nacionales y el 25% en provinciales.

Sanz advirtió que «este daño es mucho más grande que las 5.000 muertes que se contabilizan, porque no se cuentan las vidas que se pierden al día siguiente o a la semana del accidente, ni las consecuencias psíquicas, ni las secuelas irreversibles».

La bomba perfecta, como la definió el presidente de FADEEAC, está armada: falta de mantenimiento, falta de control, menos capacitación. Y ahora, privatizaciones aceleradas de corredores estratégicos mientras el resto de la red vial se abandona.

Puntos clave:

• El Gobierno recaudó $4,2 billones (USD 3.000 millones) por impuestos a los combustibles entre enero y noviembre de 2025, un 104% más que en 2024

• Ejecutó solo el 25% del presupuesto asignado para obra pública, según el informe de Jefatura de Gabinete al Congreso

• Ya se adjudicaron las primeras concesiones viales a empresas como ACS (grupo Cartellone) y la UTE Obring-Rovial-Edeca-Pitón-Pietroboni

• El plan oficial prevé privatizar más de 8.000 kilómetros de rutas y liquidar Corredores Viales S.A. en un plazo de 12 meses

• Las concesionarias tendrán garantías estatales: podrán renegociar contratos y recibir compensaciones del Tesoro si no les cierra la ecuación económica

N de R: Todos los datos de recaudación provienen de ARCA (ex AFIP) y del Ministerio de Economía. Los datos de ejecución presupuestaria surgen del informe 141 de Jefatura de Gabinete al Congreso. La información sobre empresas adjudicatarias y montos de licitación proviene de fuentes oficiales, del Boletín Oficial y declaraciones del vocero presidencial Manuel Adorni.

Combustibles ⛽

Milei congela el impuesto a los combustibles para maquillar la inflación

El gobierno volvió a diferir la actualización del Impuesto a los Combustibles Líquidos mediante el decreto 217/2026, publicado en el Boletín Oficial. La medida, que ya tiene antecedentes desde mediados de 2024, apunta a evitar que el ajuste impositivo se traslade a los surtidores y presione sobre el Índice de Precios al Consumidor.

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★ El gobierno de Javier Milei recurrió una vez más a una de sus herramientas predilectas para amortiguar el dato de inflación: postergar la actualización del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL). La medida, formalizada a través del decreto 217/2026 publicado en el Boletín Oficial, desplazó hasta mayo el incremento que estaba previsto para el corriente mes de abril.

La decisión no es nueva ni aislada. La administración libertaria recurre a esta maniobra de manera sistemática desde mediados de 2024, cuando comenzó a desdoblar y diferir los ajustes sobre los impuestos fijados a los combustibles para evitar que se trasladen a los precios finales al consumidor. Lo que cambia esta vez es el escenario internacional: la guerra que protagonizan Estados Unidos e Israel contra Irán mantiene bajo presión al precio del petróleo y agrega incertidumbre sobre la evolución futura de los valores en los surtidores.

El decreto y sus fundamentos oficiales

El texto del decreto 217/2026 establece que el Ejecutivo definió «volver a diferir los incrementos remanentes en los montos de los Impuestos sobre los Combustibles y al Dióxido de Carbono», derivados de las actualizaciones correspondientes a los años calendario 2024 y 2025. Los productos alcanzados por la postergación son la nafta sin plomo, la nafta virgen y el gasoil.

El documento oficial justifica la medida con el argumento de que fue tomada «con el propósito de continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible» y agrega que consideró «necesario, para los productos en cuestión, volver a diferir los incrementos remanentes originados en las referidas actualizaciones».

La retórica oficial choca con la realidad fiscal: según la estimación de la consultora Economía y Energía, las postergaciones de los aumentos impositivos a los combustibles dispuestas a lo largo de 2025 implicaron una resignación de ingresos fiscales por un total de 2.326 millones de dólares. Una cifra que desmiente la narrativa del «sendero fiscal sostenible» y revela el costo concreto de sostener artificialmente el índice de precios.

Combustibles e inflación: una relación estructural

El precio de los combustibles no es un dato menor dentro del esquema de medición de precios del INDEC. Su impacto se extiende a lo largo de toda la cadena productiva a través del transporte, lo que lo convierte en un factor con capacidad de arrastre sobre prácticamente todos los sectores de la economía. No actualizar el impuesto es, en los hechos, una forma de atenuar artificialmente la medición de inflación sin atacar sus causas estructurales.

Desde septiembre del año pasado, el gobierno estableció que las actualizaciones del ICL se calculen en base a la variación de la inflación y se apliquen de forma trimestral. Al mismo tiempo, fijó un monto diferencial para el gasoil destinado a las provincias patagónicas, el Partido de Patagones en la provincia de Buenos Aires y el Departamento de Malargüe en Mendoza.

Una estrategia de cosmética fiscal

La postergación del impuesto a los combustibles se inscribe en un patrón más amplio del gobierno de Milei: la administración del dato de inflación como objetivo político antes que como resultado de una política económica consistente. La aceleración inflacionaria registrada en los últimos meses hace más urgente la necesidad oficial de evitar cualquier componente adicional que presione los precios, aunque eso implique resignar ingresos fiscales por miles de millones de dólares.

La situación en Oriente Medio suma una variable de incertidumbre que el gobierno no puede controlar desde Buenos Aires. El conflicto bélico que involucra a potencias con peso determinante en el mercado energético global mantiene los precios del crudo en un estado de volatilidad que el Ejecutivo prefiere esperar que se estabilice antes de aplicar los incrementos pendientes.

Lo que queda claro, sin embargo, es que cada postergación profundiza el rezago acumulado del impuesto; un rezago que más temprano que tarde deberá actualizarse, con el consiguiente impacto sobre los precios que el gobierno intenta hoy evitar a cualquier costo.

Puntos clave:

  • El gobierno oficializó la postergación del aumento del ICL mediante el decreto 217/2026, publicado en el Boletín Oficial.
  • Los productos alcanzados son nafta sin plomo, nafta virgen y gasoil.
  • La medida se aplaza para mayo; el ajuste corresponde a actualizaciones pendientes de 2024 y 2025.
  • Las postergaciones de 2025 implicaron una resignación de ingresos fiscales por 2.326 millones de dólares, según la consultora Economía y Energía.
  • El conflicto bélico en Oriente Medio y su efecto sobre el precio del petróleo opera como factor adicional en la decisión oficial.
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