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Jubilados y pensionados de excepción representan más de la mitad del gasto previsional

Rofman instó a «generar algunos acuerdos políticos y entender que hay que hacer reformas ahora, pero que tendrán impacto en 10 o 20 años», debido a que los beneficios no se pueden modificar con retroactividad.

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Por Marcelo Bátiz.

Los regímenes previsionales de excepción representaron en 2021 un gasto adicional equivalente al 4% del Producto Bruto Interno (PBI) respecto del nivel promedio de las jubilaciones del régimen general, superior a todo el déficit primario y a lo que el Estado destinó para el subsidio de tarifas de electricidad, gas y transporte.

Así lo señaló el director de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), Rafael Rofman, luego de que el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, declararan el propósito de revisar los regímenes jubilatorios del Poder Judicial y del servicio exterior.

Al referirse a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Fernández había señalado que «de lo que se habla es de los regímenes especiales de privilegio, donde básicamente están los embajadores y jueces», aunque aclaró que no se incluía a los docentes.

«Me parece bien revisarlos, porque son injustos», sostuvo Rofman, uno de los principales especialistas en cuestiones previsionales, que se desempeñó a lo largo de dos décadas en el Banco Mundial.

De todas maneras, puntualizó que el problema del financiamiento previsional no se resuelve solamente con la revisión de esos dos regímenes, ya que si bien «son muy visibles porque tienen ventajas muy notorias», a su vez «son muy pequeños en función del gasto, con una incidencia que el año pasado fue de menos del 0,1% del PBI».

Los datos de la Secretaría de Seguridad Social de 2020 indican que los beneficiarios del régimen previsional del Poder Judicial eran 5.700 personas y los del servicio exterior 11.464 casos, el 6,5% de todos los regímenes especiales de la Anses y el 0,46% de todos los de excepción.

Sobre un total de 9.424.781 beneficiarios, corresponden al régimen general 5.694.440 (el 60,4% del total), en tanto la suma de regímenes de excepción se lleva el 39,6% restante, con 3.730.341 personas.

Rofman remarcó que «el año pasado se destinaron recursos por el equivalente al 10,5% del PBI para el total de jubilaciones y pensiones».

«Si se le hubiese dado a cada argentino mayor de 65 años un beneficio similar a la jubilación promedio contributiva del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el gasto hubiese sido de 6,3% al 6,4%. Es decir que el 40% de lo que se gasta en jubilaciones se destina a regímenes especiales o a dobles beneficios», explicó.

En ese sentido, indicó que «cada cual puede hacer la cuenta que quiera sobre el destino que se le podría haber dado a tantos recursos».

Por esa proporción, los jubilados y pensionados de excepción, a pesar de ser el 39,6% del total, representan el 54,7% del gasto.

La jubilación promedio del régimen general es inferior a todas las de los regímenes de excepción ,y solamente supera en un 53% al promedio de las pensiones no contributivas.

En 2020, el haber promedio del régimen general fue tres veces menor que el de las fuerzas armadas y de seguridad federales, y casi la cuarta parte de los regímenes especiales de la Anses.

Pero la diferencia es mucho mayor si se consideran a cada uno de esos regímenes específicos, al punto que las jubilaciones del servicio exterior y del Poder Judicial son en promedio entre doce y catorce veces mayores, respectivamente.

Rofman admitió que es extremadamente complicado desenredar la maraña de regímenes excepcionales: «la última vez que los conté eran 177, no sé si ahora habrá más», dijo, al tiempo que señaló que su existencia se remonta a principios del siglo XX, nacidos en simultaneidad con el régimen general.

La creación de los regímenes de excepción, así como su permanencia, «tiene que ver con la dinámica de toma de decisiones políticas en la Argentina», en la que «se van dando beneficios a sectores, sin que haya una estructura que defina a qué sector corresponde darle ese beneficio, sino que se le da a cada uno que lo demande».

Rofman reconoció que a lo largo del tiempo «hubo varios intentos por desactivar a los regímenes de excepción, pero no pudieron prosperar».

A juicio del especialista, el fracaso en los intentos por terminar con esos regímenes, además de las presiones de los sectores beneficiados, es por la falta de acuerdos políticos amplios para tomar una decisión cuyos frutos no se verán de manera inmediata.

«Cualquier reforma al sistema previsional muestra los beneficios al mediano y largo plazo, pero en el corto se sufren los costos políticos», admitió.

Al respecto, señaló que «para muchos, meterse con la Seguridad Social es como tocar el tercer riel del ferrocarril, porque al que lo hace, lo electrocuta y lo mata».

«Pero si no se hacen la situación se agrava a lo largo del tiempo», alertó, por lo que instó a «generar algunos acuerdos políticos y entender que hay que hacer reformas ahora, pero que tendrán impacto en 10 o 20 años», debido a que los beneficios no se pueden modificar con retroactividad.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Xi Jinping.

La trampa de Tucídides: el peso de la historia en la cumbre Beijing 2026

★ Beijing, 15 de mayo de 2026. Antes de que comenzaran las conversaciones formales en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing, el presidente chino Xi Jinping planteó una pregunta que resonó como advertencia en la agenda de la cumbre bilateral con Donald Trump: «¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides y establecer un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?». Esa frase, pronunciada ante la prensa en los comentarios previos a la reunión en privado de ambas delegaciones, funcionó como marco político e histórico de todo el encuentro.

Una reunión marcada por la tensión estructural

La visita de Estado de Trump a China, concretada el 14 de mayo de 2026, estuvo atravesada por una agenda de alto voltaje: disputas comerciales, competencia tecnológica, la situación en Medio Oriente, la guerra en Ucrania, la península coreana y, sobre todo, la cuestión de Taiwán. Según el comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Xi subrayó que la cuestión de Taiwán es «lo más importante en la relación China-Estados Unidos» y advirtió que un mal manejo de ese asunto podría llevar a «choques o incluso conflictos».

Frente a ese escenario, la mención a la trampa de Tucídides no fue una referencia académica aislada. Fue una forma de ordenar toda la conversación bajo la pregunta más incómoda del orden internacional contemporáneo.

Qué es la trampa de Tucídides

El concepto fue desarrollado por Graham T. Allison, politólogo de la Universidad de Harvard y exasesor de Defensa en gobiernos republicanos y demócratas desde Ronald Reagan hasta Barack Obama. Allison tomó como base el análisis del historiador ateniense Tucídides, autor de «La Guerra del Peloponeso», una de las obras clásicas más influyentes sobre los conflictos entre potencias.

En ese texto, Tucídides analizó el enfrentamiento entre Atenas y Esparta en el siglo V antes de Cristo y concluyó que el conflicto se volvió prácticamente inevitable como consecuencia del crecimiento del poder ateniense y del miedo que ese ascenso provocó en Esparta, entonces potencia dominante del mundo griego.

Allison retomó esa lógica y la proyectó sobre las relaciones internacionales contemporáneas. Su planteo sostiene que cuando una potencia emergente se acerca al nivel de la dominante, el sistema global entra en una fase de creciente fragilidad, donde la combinación de temor, desconfianza y tensión estratégica puede abrir la puerta a conflictos de gran escala. En el mapa actual, China ocupa el rol de potencia en ascenso y Estados Unidos el de potencia que busca conservar su posición hegemónica.

El giro: ¿quién activa la trampa?

Lo que hace singular la cumbre de Beijing es el tenor del análisis que circula entre especialistas internacionales. Tal como consignó El Espectador, analistas citados por la cadena CNBC señalaron que el segundo gobierno de Trump «ha emprendido una destrucción radical del orden global que Estados Unidos forjó», con amenazas de invasión, aranceles punitivos indiscriminados y retiro de compromisos multilaterales. «En un giro sorprendente, es Estados Unidos, y no China, el que parece decidido a activar la trampa de Tucídides», consignaron las mismas fuentes.

China, en cambio, según ese análisis, respondió con «una férrea insistencia en el statu quo», buscando presentar la relación bilateral bajo la fórmula de una «estabilidad estratégica constructiva»: cooperación, competencia controlada y administración de desacuerdos.

La señal de conciliación y la advertencia sobre Taiwán

El tono de Xi fue interpretado por la mayoría de los analistas como eminentemente conciliador. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, el mandatario convocó a responder «juntos a los desafíos globales» y a construir «un futuro brillante para la relación bilateral en interés del bienestar de los dos pueblos y el futuro de la humanidad».

Trump, por su parte, calificó el encuentro como «la cumbre más importante que el mundo está mirando», describió a Xi como «un gran líder» y aseguró haber alcanzado «acuerdos comerciales fantásticos». Sin embargo, la advertencia sobre Taiwán, calificada por Xi como asunto que podría generar una «situación sumamente peligrosa», marcó el límite de esa cordialidad diplomática.

Para Beijing, Taiwán es parte de su territorio. Para Washington, la isla es un espacio de vínculos políticos y militares protegidos. El equilibrio de esa tensión, no resuelta, sigue siendo el nodo más explosivo de la relación bilateral.

La trampa como espejo del siglo

Que Xi Jinping haya recuperado el concepto de Tucídides frente a Trump no es casual. El término condensa en pocas palabras lo que los especialistas debaten hace décadas: si la arquitectura del poder global puede acomodar un reequilibrio sin conflagración, o si la historia tiende, una y otra vez, a repetirse. La pregunta, planteada en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing, está abierta. Y la respuesta la irá escribiendo, con decisiones concretas, la política de las dos mayores potencias del planeta.

Puntos clave:

  • El 14 de mayo de 2026, Xi Jinping y Donald Trump se reunieron en Beijing en una visita de Estado con agenda de alto voltaje.
  • Xi interpeló a Trump con el concepto de «trampa de Tucídides» como marco político e histórico del encuentro.
  • La teoría fue desarrollada por el politólogo de Harvard Graham Allison a partir del historiador griego Tucídides.
  • Xi calificó a Taiwán como el asunto «más importante» en la relación bilateral y advirtió sobre el riesgo de conflicto.
  • Analistas internacionales señalan que es el gobierno de Trump, y no China, el que estaría acelerando las condiciones estructurales de la trampa.
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